ELECCIONES EN EEUU / LAS CLAVES
COMICIOS EN OHIO. Los demócratas esperan ganar en este estado de 11 millones de habitantes seis de los 18 escaños que necesitan para controlar la Cámara de Representantes en Washington. El frente decisivo es la zona que atraviesa la Autopista 75, donde los conservadores hacen oír su voz en las 'megaiglesias', enormes templos que se han multiplicado como hongos en los suburbios de las grandes ciudades de EEUU.
Ohio va a ser el ensayo general de las elecciones de 2008». Así ha definido The New York Times la importancia de ese estado del Medio Oeste estadounidense. En 2004, Ohio -tan grande como Castilla y León y Galicia juntas y con 11 millones de habitantes- le dio la reelección a George W. Bush. Y en los últimos 110 años, sólo ha habido dos ocasiones -en 1944 y en 1960- en que este estado votó por el candidato perdedor en unas elecciones presidenciales.
Ahora, el Estado de los Castaños -en referencia al árbol más representativo de los interminables bosques de hoja caduca que cubren su inmensa llanura- parece que va a ser de nuevo el termómetro político de EEUU. El giro del país hacia los demócratas, que todas las encuestas vaticinan que tendrá lugar en las elecciones de 7 de noviembre, puede ser mucho más marcado aquí. Por de pronto, el partido de la oposición ya tiene virtualmente ganado el cargo de gobernador. Además, espera ganar aquí seis escaños de los 18 que necesita para recuperar el control de la Cámara de Representantes. También cuenta con obtener uno de los seis senadores necesarios para retomar el Senado, una posibilidad que ha cobrado fuerza inesperadamente en los últimos días. La victoria demócrata parece segura. La única duda es el margen.
El frente de batalla decisivo es el sur del estado, en la zona que rodea a la ciudad de Cincinnati. La atraviesa la Autopista 75, la carretera con más tráfico de todo Estados Unidos, una interminable línea de asfalto de 3.000 kilómetros que va desde Florida hasta la frontera de Canadá. Aquí, entre los bosques de castaños y las fábricas en proceso de reconversión permanente, se decide el futuro político de EEUU. A fin de cuentas, nada más americano que Cincinnati, el centro demográfico del país: en un radio de cinco horas en coche vive el 60% de la población de EEUU, incluyendo las ciudades de Atlanta, Chicago, Boston, Nueva York y Washington.
Pero, ¿por qué van a ganar los demócratas? Desde luego, no por el déficit por cuenta corriente, ni por Irak a pesar de que a día de ayer iban 125 soldados de Ohio muertos en la guerra y que el único militar estadounidense oficialmente calificado como desaparecido en combate, Keith M. Maupin, es de Cincinnati. Porque la guerra es algo terrenal. En Ohio, lo que importa es Dios. No en balde, el lema del Estado es «Con Dios, todo es posible». Y en las últimas semanas todos los candidatos han pugnado para demostrar al electorado que ellos son los que están más cerca del Altísimo. Hay que tener en cuenta que en esta región, junto a la Autopista 75, la organización Respuestas en el Génesis está terminando de construir el Museo de la Creación, un enorme centro con un presupuesto de 22 millones de euros destinado a demostrar que la Historia del Universo es literalmente como dice la Biblia. En otras palabras: la Creación duró seis días, hubo un Diluvio Universal del que sólo escapó Noé y la Tierra tiene 6.010 años de antigüedad.
«Hacer justicia, amar a todos y caminar humildemente bajo la mirada de Nuestro Señor». Ese lema, extraído del Libro de Miqueas, del Antiguo Testamento, no está en el Museo de la Creación, sino en las oficinas de su campaña el demócrata Ted Strickland, que está a punto de convertirse en gobernador del estado decisivo el 7 de noviembre. Strickland, que es pastor protestante, lleva 20 puntos de ventaja sobre su rival, el ex secretario de Estado de Ohio Ken Blackwell, un afroamericano que va a sus mítines con la Biblia, propone la prohibición del aborto y fue decisivo en 2004 para que el estado aprobara una enmienda constitucional prohibiendo el matrimonio homosexual.
En estas elecciones, Blackwell cuenta con el respaldo de otras organizaciones próximas al Partido Republicano, como el grupo Propietarios de Armas por América, una organización de 300.000 miembros que considera a la Asociación Nacional del Rifle como «demasiado blanda».
Larry Pratt, director ejecutivo de ese grupo, acaba de hacer campaña con Blackwell por el Sur del estado. En una entrevista telefónica con EL MUNDO, su opinión sobre el candidato queda resumida en una frase: «Ese hombre sí que sabe disparar».
Pero su principal soporte son los pastores protestantes ultraconservadores de Ohio. Así, el domingo 15, a un par de kilómetros de la Autopista 75, Blackwell se dirigía a unos 2.000 feligreses en uno de sus foros electorales favoritos: la Iglesia de la Roca Sólida, una megaiglesia situada a medio camino entre las ciudades de Cincinnati y Dayton.
Las megaiglesias son templos con capacidad para varios miles de personas en los suburbios de las ciudades estadounidenses. Oficialmente, no están adscritas a ninguna ideología. Pero su mensaje es claramente conservador. En la de la Roca Sólida, Blackwell habló de religión. Nada de política. Igual que Darlene Bishop, la mujer que dirigió la ceremonia, que parecía más un calco de Joan Collins -es decir, Alexis Carrington, la mala de la teleserie de los 80 Dinastía- que una sacerdotisa. Pero el mensaje de Bishop, aunque discreto, fue claro: «Tenéis la oportunidad de votar. Id a esas cabinas. Este condado puede marcar la diferencia».
Efectivamente, cualquier condado de Ohio puede marcar la diferencia. En las elecciones de 2004, el diario británico The Guardian propuso a sus lectores que enviaran cartas al condado de Clark, a 20 kilómetros al noreste de la Iglesia de la Roca Sólida, pidiéndoles que votaran por el demócrata John Kerry. El resultado fue espectacular. El condado de Clark fue el único de Ohio que cambió de orientación política en aquellos comicios. En 2004, había votado por Gore; en 2004, lo hizo por Bush.
Las cartas y los correos electrónicos procedentes de Clark que recibió The Guardian dejan pocas dudas acerca de lo que pensaron los ciudadanos de Ohio respecto a la iniciativa. Como escribió un enfurecido estadounidense tras recibir la misiva de un amable inglés pidiéndole el voto por Kerry: «No os mezcléis en la política americana. Salvo que queráis que una compañía de Navy Seals [una unidad de élite de la Marina] se abalance sobre las oficinas de The Guardian, os meta en sacos y os lleve a Guantánamo para que compartáis el cuarto con algún pastorcillo talibán».
Así que Bush y sus políticas puede que no sean populares en Londres. Pero lo son en la Autopista 75, que es lo que importa. Y, si en estas elecciones los republicanos están a la baja en gran parte de esa ruta, es más por el desgaste del poder que por un cambio político en sentido estricto. Por un lado, está la crisis económica que afecta a Ohio y Michigan, dos estados industriales en los que las fábricas se están trasladando a China e India. El otro, la corrupción.
Esto está claro en el sur de Ohio, donde los demócratas «esperamos sacar cuatro escaños para la Cámara de Representantes», según Tim Burke, presidente del Comité del Partido Demócrata del condado de Hamilton. Más que a una estrategia concertada, el éxito -si se produce- se deberá a los escándalos, que explican que el actual gobernador, Bob Taft haya llegado a tener una alucinante popularidad del 6,5%.
Así que, a fin de cuentas, es el cansancio tras 15 años de dominio republicano del Estado y 12 de la Cámara de Representantes, y no un cambio cataclísmico en la política de EEUU, lo que puede dar a los demócratas el triunfo en la Autopista 75.
© Mundinteractivos, S.A.

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