ZONA PEATONAL

El arquitecto Cristian Cirici tenía 27 años cuando con otros compañeros de promoción - Óscar Tusquets, Pep Bonet, Lluís Clotet y Mireia Riera- decidió crear un equipo al que bautizaron como Studio Per. ¿Que por qué ese nombre? Studio porque respondía a la vocación internacional del grupo, y Per porque así es como le dijo su padre, Alexandre Cirici, que se pronunciaba casa en el antiguo Egipto.

- El primer encargo nos lo hizo Oriol Regàs: quería que le hiciéramos una casa en Llofriu.

La hicieron, y a la hora de amueblarla descubrieron que en España no se fabricaban muebles adecuados para la gente sofisticada.

- Sólo podías importarlos de Italia, y entonces valían el doble por las tasas de la aduana. O comprarlos de serie en Muebles la Fábrica.

Así que los de Regàs los diseñaron y construyeron ellos mismos. Con tan buen resultado que en seguida recibieron más encargos.

- En los setenta aquí había poco trabajo. Las obras importantes las adjudicaban en Madrid. En el despacho nos pasábamos media mañana tirando dardos a una diana. Y por las noches nos íbamos al Bocaccio de Regàs para tomar copas, ligar y de paso buscar algún cliente.

Fue Regàs de nuevo quien les animó a convertirse en empresarios. Él pondría el dinero, y ellos diseñarían muebles y otros objetos. Surgió así BD Edicions de Disseny - que no quiere decir, como se ha repetido erróneamente, Barcelona Diseño, sino Bocaccio Design-, la firma que muy pronto se convirtió en referencia de la cultura barcelonesa del diseño, y su tienda exposición de la calle Mallorca, en catedral de la modernidad de los nuevos estilos.

Además de los fundadores, que crearon objetos que pasarán a la historia - como el banco Catalano, la campana Bd, la silla Sevilla y la estantería Hypóstila- otros arquitectos y diseñadores participaron en la aventura, como los pioneros del diseño español Miguel Milà o André Ricard - inolvidable su antorcha olímpica- o el polifacético Javier Mariscal.

- Crecimos tanto y teníamos tantas cosas propias y ajenas que enseñar, que nos planteamos montar una tienda exposición permanente.

En 1979 Cirici halló el lugar idóneo en los bajos de la casa Thomas (Mallorca, 291), un precioso edificio modernista de Domènech i Montaner que compraron a un precio que hoy, casi 30 años después, resulta irrisorio: 25 millones de pesetas. La restauración la hizo el propio Cirici, y quedó tan bien que mereció el premio Nacional de ese año. También la inauguración, con el alcalde Narcís Serra, fue un hecho social relevante. El espectacular marco arquitectónico y la calidad de las piezas en exhibición convertían el lugar en un pequeño museo que superaba - leo en la prensa de la época- "en calidad y cantidad a la tan celebrada sección de diseño del MoMA de Nueva York". Luego vinieron las Olimpiadas, de las que ahora celebramos el 20. º aniversario; la euforia de los JJ. OO., y la destructiva autocomplacencia de la que en su día alertó Josep Miquel Abad.

Hasta hoy, en que un realista Cristian Cirici confiesa ir habitualmente a comprar muebles a Ikea, porque diseño y acabados son, en relación con los precios, insuperables.

- ¿Cómo vamos a seguir diseñando muebles de autor si los jóvenes de hoy no tienen ni para comprarse el piso? La gente para la que nosotros trabajábamos ha desaparecido, y si aún existe alguno, prefiere gastarse el dinero en ordenadores y telefonía antes que en muebles.

Así que RIP para la tienda catedral del diseño exclusivo en el Quadrat d´Or del Eixample. Y viva para los contenedores opacos llegados desde Suecia para alegrar el diseño de masas de la metrópoli. Adiós a uno de los iconos del éxito de la burguesía, que brilló a la par que los Juegos Olímpicos, la gamba de Mariscal, Pasqual Maragall dando saltos al lado de Samaranch, los gatos de hojalata en la plaza de los Països Catalans y las Torres de Ávila reconvertidas en bar de diseño. En ese lugar que el museo BD deja vacío - ¡oh, traidor péndulo de la historia!- se instalará otra tienda de muebles en serie, La Favorita, que abandona su sede en Urgell-Sepúlveda - en uno de los edificios más feos de Barcelona, según Lluís Permanyer y cualquier persona con un mínimo de sensibilidad- para instalarse en los bajos de una Casa Thomas cuyo valor patrimonial se ha multiplicado por cien en los últimos años.

- Nunca tuvimos vocación de tenderos - dice Cirici para justificar la venta y el cierre de la tienda-, sino de diseñadores y editores.

Quiere decir que la empresa Bocaccio Design continúa viva como editora de objetos, en sus oficinas de Poblenou y en los almacenes de Sant Esteve Sesrovires, pero ahora centrada en atender sólo grandes pedidos de instituciones - mobiliario urbano- o empresas - desde patios de butacas hasta muebles para oficina-.

Lo que no es lo mismo.