Hoy en día se nos llena la boca a todos –gurús, consultores, directivos, periodistas, empresarios, etcétera– al hablar de las distintas técnicas y habilidades que deben aplicarse en el mundo empresarial.

Podría enumerar cientos de ellas, algunas hasta han creado modas y, bastantes, generado ingentes cantidades de negocio por parte de empresas de consultoría que han desarrollando métodos y procesos para implementarlas y consolidarlas en distintas empresas e instituciones para mejorar sus actividades.

Estrategia, liderazgo, reingeniería, trabajo en equipo, benchmarking, etcétera. Todas ellas, qué duda cabe, son importantes y necesarias; forman parte del complejo rompecabezas que es una empresa, pero siempre he echado de menos un aspecto que casi nadie menciona, que es mucho más que obvio, pero que ni los expertos en recursos humanos, al menos los que yo he leído, escuchado y atendido a lo largo de mi vida profesional, han tratado en profundidad. Se trata de algo tan esencial en el ser humano como es el afecto.

Comunicación y trabajo en equipo

Todo lo que hagas en tu vida, si va acompañado de afecto va mucho mejor. Por supuesto, si, en tus relaciones personales, el afecto es pilar fundamental, lo mismo sucede a nivel empresarial. Hablamos de la importancia de la comunicación interna, del trabajo en equipo, de fidelizar a nuestra gente, pero, ¿cómo hacerlo sin afecto? ¿Alguien cree posible crear un buen equipo sin que haya afecto entre ellos? ¿Es posible establecer una buena comunicación sin afecto? ¿Es posible que un equipo actúe de forma coordinada, en la misma dirección, con los mismos objetivos, sin afecto? ¿Es posible que una empresa avance si no hay afecto entre sus profesionales?

¿Qué entiendo por afecto? Pues algo tan sencillo y a la vez complicado como estar atento a lo que les sucede a los demás, a sus necesidades, inquietudes y deseos, preocupándote por ellos con respecto a su intimidad, pero demostrando interés por ayudar y escuchar.

Demostrar afecto mediante gestos, caricias, miradas y palabras es, por desgracia, todo lo contrario a lo que sucede en muchas organizaciones, donde prima la bronca, la riña, el desprecio, el abuso y hasta el acoso.

No obstante, como todo en las empresas, el afecto tiene que ser multidireccional, es decir, que hay que darlo, pero también es básico recibirlo. Crear la cultura del afecto en toda organización debe proporcionar a la empresa un carácter positivo y optimista que, sin lugar a dudas, beneficiará a quienes trabajan en ella y a buen seguro, por ende, a la propia institución. ¡Ofrezcamos afecto y a buen seguro lo recibiremos también!