Morala y Carnero no tienen miedo ni a la derecha ni a la izquierda, de Eratóstenes de Hispania en El Comentario
Tal como era de esperar, los ideólogos expertos en las tradiciones estalinistas de agitación y propaganda han comenzado a establecer los criterios por los cuales ha de interpretarse la trascendencia política de la represión sindical, en particular, y de la libertades, en general, a que asistimos en estos tiempos de corrupción partitocrática: todo es culpa de la derecha, del PP, pero no sólo referido a las consecuencias judiciales-carcelarias que atañen al caso Morala-Carnero, sino –y esto es lo importante- incluso de las contradicciones internas y externas en las que se ven sumidas las fuerzas de izquierdas, sociatas y comunistas, en este proceso.
El formato político-exculpatorio es tan antiguo como efectivo, para quien guste tener amplias tragaderas y total ausencia de análisis crítico. Todo se basa en el sacrosanto principio estalinista de que no hay responsabilidades exigibles a las fuerzas de izquierda en su lucha contra la derecha, puesto que las contradicciones que puedan surgir en su seno (tal como pretender llevar a la cárcel a dos líderes obreros sindicales), son el fruto de una lucha desigual, en un contexto donde las reglas del juego (todo el aparato super-estructural del Estado, con sus leyes y órganos represivos) están marcadas de antemano por las fuerzas oponentes de derecha.
En este escenario y con estas premisas, como bien se puede suponer, la problemática conducta del equipo de gobierno municipal que dirige Mapi Felgueroso, con la ayuda del "bueno de Churruca” y otros miembros de IU, es un mero corolario sin importancia. Todo lo más, es un error que el propio decurso histórico integrará, a beneficio de inventario, en la causa señera de la izquierda plural y progresista por un mundo más justo, pues, no en balde, servirá para que el conjunto de las izquierdas reflexionen, a modo de "aggiornamiento", sobre quién es, en última instancia, el enemigo a batir.
Los últimos artículos que leemos al respecto no dejan lugar a dudas sobre esta conclusión sorprendente: no es que tengamos dos victimas, como decimos, en las figuras de los líderes sindicales de Morala y Carnero (victimas directas de la aplicación de las leyes elaboradas por el PP en su día contra los desórdenes públicos), sino algunas más, al sumárseles la propia Mapi Felgueroso y el "bueno de Churruca” (victimas indirectas, en su caso, del respeto que deben a unas leyes y a un aparato del Estado conformado históricamente por las fuerzas demiúrgicas de la derecha).
Es por ello por lo que nos insisten tanto en que Mapi Felgueroso y “el bueno de Churruca” lo único que han hecho es cumplir con sus deberes consistoriales. Si se percibe contradicción entre su actuación de denuncia a dos líderes sindicales y su militancia de izquierda, eso es debido a uno de estos dos factores: o bien que no se ha sabido percibir adecuadamente los distintos planos políticos en los que se mueven “los vitales intereses” que caracterizan la sagrada lucha de esa izquierda en la que militan, o bien que, sencillamente, se es un facha, un fascista. La cosa es así de clara, tal como rezan los benditos cánones del estalinismo plural de izquierdas.
Es por ello, asimismo, por lo que un Francisco Santianes puede presentarse, tranquilamente, sin sentir ningún reparo, en la reunión que tuvo lugar en la Casa Sindical de Gijón para organizar una plataforma de apoyo a Morala y Carnero. Él mismo lo ha dicho: estaba allí a título de representante de IU y no como miembro de un Consistorio que denuncia a líderes sindicales. Es decir, estaba allí a título de representante de la sagrada causa final de la izquierda y no a título de representante de las contradicciones en la que se ve inmerso, contra su parecer y por culpa de la derecha, un esforzado militante de izquierdas con cargo de concejal.
Si a pesar de los pesares, si a pesar de apoyar una denuncia que no se quería, si a pesar de las plataformas de apoyo en la que quieren estar todos, denunciantes y denunciados, los que ofenden y los ofendidos, los que humillan y los humillados, si a pesar de no poder hacerse compatibles esa sagrada causa final de la izquierda, junto con sus inexcusables políticas urbanísticas o industriales -oscuras e inconfesas, y de las que tanto dependen para alcanzar sus propias recurrencias políticas y personales-, Morala y Carnero terminan con sus huesos en las mazmorras de Villabona, se nos repetirá hasta el hastío que deberemos considerarlos, en primer lugar, unas victimas más de la oprobiosa derecha, y, en segundo lugar, unos “mártires necesarios” del buen fin de los intereses generales de la izquierda.
En el límite, se nos dirá que eran unos buenos chicos, sí; de izquierdas, también; pero que su praxis sindical exacerbada, a pesar de sus buenas intenciones, era errónea, anacrónica y residual. Sus perspectivas, aun cuando estuviesen jalonadas con un perfil de defensa de la clase trabajadora, conspiraban, en realidad, contra ella misma y contra los intereses de las organizaciones de izquierda en general, que no son otros que precisamente los de esa clase trabajadora. Su triste final en las mazmorras de Villabona es el resultado ineludible de su soberbia sindical y política, al poner en cuestión los intereses comunes urbanísticos e industriales que dialéctica y necesariamente, pese a quien pese, se establecen entre la derecha y la izquierda por la propia lógica de las cosas.
Desde luego, a muchos podrá parecer paradójico o absurdo todo este montaje ideológico-político justificativo que nos brindan de modo explícito o solapado, pero, qué duda cabe, saben de sobra que los recursos estalinistas de propaganda todavía pueden alcanzar (a pesar de lo llovido) un alto rendimiento (al menos de profunda confusión) con aquellos que tienen fe de carbonero en los peligros sempiternos con que les acechan siempre desde la derecha.
Dicho de otro modo más resumido y castizo: no hay más que decir, ¡ojo, peligro a la derecha!, para que te metan la mano en el bolso. El que se deje es su problema.
Morala y Carnero es obvio que no tienen miedo ni a la derecha ni a la izquierda.
