Caín y Abel, el bien y el mal, el ying y el yang, la eterna dualidad que anida en los humanos and so on, se ha puesto estos días en evidencia a cuenta de la concesión del Premio Nobel de la Paz, por un lado, y de la furia del pelotazo que se ha apoderado de la Bolsa española, por otro. Mientras en Estocolmo Mohamed Yunus, el banquero de los pobres, el inventor de los microcréditos para parias o del alquiler popular de teléfonos móviles, recibía el preciado galardón, en Madrid Emilio Botín, el banquero de los millonarios, ponía en práctica con enorme éxito su producto financiero más reciente, el macrocrédito para ricos, ganando sólo dinero. Mucho dinero.

¿Es posible acabar con la pobreza? Así titula Yunus su más reciente libro (Editorial Complutense; precio: 3 euros, como corresponde al personaje) traducido al español. Botín no ha escrito ningún libro ni falta que le hace, pero acaba de hacer demostración de su sabiduría bancaria para, con sus macrocréditos, hacer más ricos a los ricos. “Si alguien dijera que los pobres no son solventes, yo podría decir bien alto que eso es mentira”, asegura Yunus. “En Bangladesh, los ricos piden préstamos por grandes cantidades a los grandes bancos, pero casi nunca los devuelven, a pesar de lo cual los bancos van detrás de ellos dispuestos a prestarles más; mientras los pobres, que piden cantidades diminutas de dinero y devuelven religiosamente cada penique sin fallar, son declarados insolventes”.

El párrafo podría valer como anillo al dedo para España y alrededores. El macrocrédito de Botín lo ha puesto en gloriosa evidencia. De modo que, ahora que la Bolsa está tan animada, ¿por qué no se decide usted a dar un buen pelotazo? En vez de comprar eléctricas, que están muy vistas, cómprese, por ejemplo, Telefónica. Pero la Telefónica entera, que está barata, nada de miserias del 10% y similares. ¿Que no tiene ni para pagar la superhipoteca del apretrujillo? Eso ha dejado de ser un problema. El nuevo estilo del Santander de don Emilio, un Botín y muchos botones, lo tiene todo previsto: pídase usted un megapréstamo sin recurso, como hacen estos días nuestros galácticos para invertir en el proceloso mundo de la Bolsa sin arriesgar un duro.

El modus operandi es sencillo: constituya una sociedad instrumental (si va apurado de parné, el Santander también puede financiar su constitución, faltaría más). La instrumental de marras -llamémosla Finanzas 2006 SA- compra las acciones de Telefónica. ¿Cuántas quiere? Recuerde que el novísimo producto de Botín exige que la inversión mínima supere los 4.000 millones de euros (unos 675.000 millones de pesetas de nada). Los Entrecanales, que el pasado 25 de septiembre estrenaron el nuevo producto estrella de can Botín, ya se han comprado así el 20% de Endesa y hay quien dice que hasta el 24,9%.

El Santander, a través de la instrumental, le presta a usted el dinero necesario para pagar su 25% en Telefónica (si quiere más acciones, no hay problema, el banco le concede la pasta necesaria) en la modalidad sin recurso, es decir, sin que usted tenga que garantizar nada. Tal práctica manda a freír puñetas el incómodo principio de responsabilidad patrimonial universal, pero usted no corre riesgo alguno. Es como si las acciones las comprara el Santander, pero sin los inconvenientes de reconocerse titular: si las cosas van bien, usted se forra; si van mal, el Santander se queda con las acciones. Y aquí paz.

Pero, se preguntará usted con sana cautela, el interés anual será muy alto, ¿no? Pues no. Está usted muy confundido: el interés del producto estrella es el Euribor más 25 puntos básicos. Es decir, un spread de un miserable cuartillo, algo que no mejora ni ING Direct, que ya se sabe que don Emilio les tenía muchas ganas a esos holandeses desvergonzados. ¿Plazo de devolución? Hasta el 28 de febrero de 2007, inicialmente. Pero el Santander se compromete a asegurarle financiación a largo plazo (seis años) por el 80% sin recurso. ¿Interés anual? Euribor más un spread de entre 60 y 90 puntos básicos. Menos que la superhipoteca del apretrujillo.

¿Que no se ha firmado aún la financiación a largo plazo? No importa, el Santander corre con los riesgos. ¿Que no se firma nunca? Tampoco importa, sigue corriendo con ellos. ¿Que cómo va a devolver usted el principal de esos macrocréditos? Eso mismo se pregunta medio Madrid y, naturalmente, los propios prestatarios. La respuesta es sencilla: nunca. Por eso llaman al invento deuda perpetua. Usted preocúpese de pagar los intereses con los dividendos de Telefónica, más menos, y del principal Dios proveerá.

El nuevo producto es invención exclusiva de don Emilio que, ante los acontecimientos que se le avecinan, se ha dado cuenta de la contingencia y relatividad de la vida, y quiere dormir tranquilo. En vez de imitar al ganador del Nobel de la Paz por sus microcréditos para pobres, don Emilio ha optado por los megacréditos para ricos. La filosofía es la misma: ausencia de garantías y bajo interés. Si Yunus ha tenido éxito con los parias de Bangladesh, ¿por qué Botín no va a tenerlo con gente tan principal como los Entrecanales? Conviene recordar que el Santander es mundialmente conocido por su aversión a las garantías y su política de bajos intereses a toda costa.

De modo que, ¡ea!, no sea usted desconfiado, hombre. Haga uso del nuevo producto estrella del Santander sin coste alguno. Toda la operativa ha sido minuciosamente analizada por los servicios de Inspección del Banco de España, que no ha dicho esta boca es mía. Los depositantes del Santander pueden dormir tan tranquilos como los de Afinsa o Forrum Filatélico. Las autoridades de supervisión velan día y noche por su dinero.