EL APUNTE

Primer fin de semana de campaña completo. En estas elecciones, los tiempos andan equivocados. Viviremos un martes de reflexión, dentro de ocho días, con la castanyada a cuestas y las urnas, las tendremos entre muertos. La muerte y la vida, pareja inseparable.Los días festivos de los humanos normales dan para la charla, la tertulia, la conversación diáfana. Puede que la gente esté desmotivada pero tiene una curiosidad morbosa por saber qué pasará el 1-N. Es posible que ese mismo morbo conduzca a la gente a las urnas. ¿Por qué no? La última maragallada fue brillante.Decidir celebrar las elecciones en un día festivo, aislado de otras festividades, puede resultar muy provechoso para el juego democrático. No está claro a quién perjudicará una participación más elevada que las últimas autonómicas. Los castigados siempre son las fuerzas políticas pequeñas, pero hasta eso es relativo si al final el partido en cuestión logra movilizar a los movilizables.Podemos tener sorpresas. Una reflexión. En las siete elecciones catalanas, las de mayor y de menor participación, siempre tuvieron una mayoría absoluta: la de CiU.

alex.salmon@elmundo.es

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