Fina ironía, con mar de fondo, de Silvia Hinojosa en La Vanguardia
AQUELLAS PEQUEÑAS COSAS
El candidato de ERC es un gran conversador, lector infatigable en cinco idiomas y político precoz
Josep Lluís Carod-Rovira busca un libro desesperadamente. Y para encontrarlo ha movilizado a sus amigos, conocidos y habituales proveedores de rarezas. Porque el candidato deERC es un coleccionista infatigable y, junto a las plumas estilográficas, de las que tiene unas 300, los pins, unos 6.000, y las placas de cava, unas 1.900, recopila objetos singulares como cuadernos en blanco o los carteles de Please, do not disturb que se cuelgan en la puerta de los hoteles para que nadie moleste. El 17 de mayo, viajó a París para ver ganar al Barça la Champions y se trajo un ejemplar en francés de L´étranger,de Albert Camus. Fascinado por su lectura, se dijo: "Empezaré una colección de tantas ediciones y en tantas lenguas extranjeras como encuentre de este novela", explica. En cinco meses, ya tiene 73 ejemplares en 25 lenguas diferentes, entre ellos la primera edición en francés, de 1942. "Estoy atento, y cuando unos viajan a Israel les pido que me lo busquen en hebreo y ahora mismo estoy pendiente de unos que iban a Hong Kong a ver si me lo traen en chino", añade. En catalán hay cinco ediciones, y él tiene cuatro, ésa es su espina: "Busco desesperadamente la primera, que es de 1967, editada por Proa y traducida por Joan Fuster", detalla, para que alguien le eche una mano.
Le gusta hablar, en todos los formatos, y se desenvuelve con soltura. "Me gusta la conversación íntima, próxima y cálida, me gusta dar una conferencia, el tono de un discurso en el Parlament y me encanta dar un mitin", explica. Carod conoce bien el idioma, como buen licenciado en filología catalana, y domina los resortes del orador experimentado. De manera que suele ganarse al auditorio en cuestión de minutos. Dos, para ser exactos: "Si en un mitin no te han aplaudido en el primer o segundo minuto, ya no te los meterás en el bolsillo. Hay que establecer complicidades de entrada, para hacer piña", asegura. Para lograrlo, suele introducir una fecha histórica, alguna cita de un escritor y, siempre, algún factor de distensión: "Un toque irónico, que me permita mantener la complicidad de los que me escuchan". Aunque él piensa que el éxito de un discurso no está en la calidad literaria, sino en la comprensión del discurso, porque "tú hablas bien si la gente te entiende, y te explicas con claridad cuando tienes las ideas claras; cuando alguien ha de dar demasiadas vueltas para explicar algo es que no lo tiene claro", explica. Por eso, su "centro de investigaciones sociológicas" son su madre y sus amigas: "Cuando mi madre me dice ´dijiste esto y a todo el mundo le gustó´ o ´haz esto de no gritar, no insultar´, para mí es básico".
El sentido del humor, en forma de ironía, está muy presente en su vida. "Soy muy irónico - dice de sí mismo-, aunque la ironía sólo tiene un problema, como dice Joan Fuster, que necesita cómplices, y a veces no se encuentran". Él procura buscarle a todo el lado positivo y encarar las cosas con ánimo constructivo, sobre todo en esta etapa de su vida, que aborda con distancia: "Yo he sido objeto de un linchamiento con una intensidad que no se ha hecho con nadie en el Estado español en democracia, desde el año 77 hasta ahora", destaca, para referirse a la ofensiva desatada en su contra desde que trascendió que se había entrevistado en Perpiñán con dos dirigentes de ETA, en enero del 2004, siendo presidente de la Generalitat en funciones, y que le costó el cargo de conseller en cap. Desde entonces, limita su radio de movimientos: "Por España voy poco, sinceramente", señala, y "lo que puedan pensar fuera de aquí, no digo que no me afecte, me sabe mal la mentira, el insulto y la grosería para atacar al adversario, pero en el fondo me produce una cierta compasión", asegura. "Soy básicamente una persona tranquila. Me cuesta mucho enfadarme y siempre guardo las formas, pero sobre todo procuro comprender las servidumbres y las miserias de la especie humana", añade.
Hijo de padre aragonés y madre catalana, nació en Cambrils, en 1952, en una casa situada frente al mar. "Mis recuerdos de infancia son los ruidos de las barcas de arrastre cuando salían de madrugada, y ver a los pescadores descalzos, o los niños que nos subíamos a los botes y remábamos por el interior del puerto, o nadábamos hasta la punta del muelle", explica. "Yo soy un hombre de mar, mis mejores recuerdos tienen el mar como paisaje de fondo - explica-, y me gusta estar en sitios que lo tengo cerca aunque no lo vea". Su lugar de desconexión es el Delta de l´Ebre, pero tiene cierta predilección por las islas para hacer escapadas o pasar unas vacaciones, aunque no suele revelar su destino. "En mi caso hay una cuestión elemental de seguridad, pero además tengo derecho a pasar unos días de tranquilidad y desconexión", dice.
Se inició joven en política, siempre cuenta que con 12 años ya fundó un partido, Catalunya Unida Lliure, y que a los 18 empezó a militar en el PSAN. Luchó contra el franquismo y tres años después fue a la cárcel junto a los otros 112 miembros de la Assemblea de Catalunya. Con la democracia fue uno de los fundadores de Nacionalistes d´Esquerres, vivero de la actual cúpula de ERC, partido en el que Carod ingresó en 1987 y que lidera desde 1996. Es diputado en el Parlament desde 1998 y fue conseller en cap de la Generalitat de diciembre del 2003 a enero del 2004.
Habla y lee de forma regular en francés, italiano y portugués, además de gallego. Yde los demás valora la honestidad, el sentido del humor, la bondad y la inteligencia, y detesta la injusticia, la arrogancia, la suciedad y los gritos. Le gusta escribir, y se considera "un periodista en la reserva". Ha escrito cientos de artículos, que empieza siempre por el título, y toma sus notas en blocs alargados o en pequeñas libretas que lleva en el bolsillo. Metódico como es, escribe con estilográfica o rotulador de punta fina, salvo cuando hace anotaciones en un libro, siempre en lápiz: "Si veo una idea que me interesa la subrayo, y luego marco la página con una cruz en la parte de arriba, y así están todos mis libros". Son más de 15.000, calcula, repartidos por las tres plantas de su casa. La planta superior es su sanctasanctórum, donde tiene el ordenador y los libros de historia política y cultura. La música de fondo es Vivaldi, Mozart, o fados, y de vez en cuando cuelga en la puerta uno de sus carteles con un símbolo de silencio. "A veces he sentido la necesidad en mi vida de colgar un please, do not disturb para que me dejen tranquilo", bromea.
