NUEVA ECONOMIA
Si la Bolsa sube, y alcanza niveles históricos, todos, y sobre todo quienes hayan invertido con acierto, aumentan su patrimonio, al menos en papel. Y yo me pregunto, ¿y qué? Esto es absolutamente normal. Los mismos que ganan, insisto sobre el papel, podrán perder. Me imagino que muchos de ustedes habrán estado alguna vez en tormo a una ruleta y, con suerte, haber ganado algo, y que se habrán quedado asombrados con lo que se llevaron a casa los que apostaron con fuerza. Y alucinados también por lo que entregaban al croupier de turno quienes también jugaban con buen ánimo. En España, país del Gordo de la Lotería y de la avidez por el pelotazo, se suele ver la Bolsa como un casino. Craso error. El parqué es para entendidos que le dedican tiempo al tema y que cuentan con el mejor asesoramiento que tengan a su alcance y que estén dispuestos a pagar.
El minorista se empapa bien el tema con la prensa especializada, lo contrasta con los análisis que pueda reunir navegando por la Red y se fía, con el paso de los años, de su instinto. Todos conocemos a gente que ha hecho su pequeño colchón porque ha sabido invertir con sensatez en el mercado de capitales. Y es obvio que las grandes fortunas cuentan con equipos de especialistas para gestionar sus impresionantes patrimonios y que éstos diversificarán, como es su deber, las inversiones que administran. No es cuestión de información privilegiada. Basta con disponer de muchos datos y con estar muy bien informado sobre los sectores y los valores en cuestión. ¿Que se forran? Pues yo diría que estupendo. ¡Qué más quisiera uno! Me encanta que unos y otros suban sus «sueldos» particulares. Pero lo que me importa es que empresas clave y bien dirigidas se capitalicen gracias a la confianza que en ellas se deposita.
© Mundinteractivos, S.A.

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