La revista Business Week preguntaba en portada algo así como "adivine quién está creando el empleo". Se refería a Estados Unidos y se contestaba que el sector sanitario. La sanidad es uno de los sectores que más empleos sostienen en los países desarrollados. Puede que una de cada diez personas que vemos por ahí trabaje en la sanidad. Como nos mejora la calidad de vida, queremos más y mejor sanidad, hemos conseguido una sanidad que no está mal (todos tenemos quejas pero es una de las mejores del mundo), seguiremos queriendo más y el sector tiene una vitalidad tremenda en cuanto a generar equipos, medicamentos y tratamientos nuevos. Sólo una cosa puede cargarse este futuro brillante de nuestra sanidad: los políticos. Y algunos están aplicándose en ello con gran entusiasmo. El 11 de septiembre, The Wall Street Journal publicó los resultados de su competición de innovación tecnológica de este año. Como tengo el privilegio de estar en el jurado, recibo cada año un impacto difícil de olvidar de la cantidad de innovaciones que están entrando en el mercado. Desde la insulina aplicable con inhalador (los diabéticos ya no tendrán que pincharse), hasta aparatos de diálisis pequeños y compactos para hacerse la diálisis en casa, pasando por cubrecamas con sensores que monitorizarán todas las variables del paciente sin necesidad de conectarle a nada, simplemente con que esté tendido en la cama sabremos su temperatura, tensión, pulso y lo que nos interese.
Los políticos van diciendo por ahí que necesitamos empresas con innovación, con tecnología, en sectores en los que la deslocalización no sea una amenaza, empresas que creen puestos de trabajo de calidad, pero luego hacen todo lo posible por machacar a las empresas sanitarias, que son las que mejor responden a esas características. Algún alto funcionario del Ministerio de Sanidad decía hace unos días que mantendrán las reducciones arbitrarias de precios aplicadas unilateralmente a los productos farmacéuticos. Esto limitará el desarrollo del sector. Pero seguiremos consumiendo sanidad y si machacamos a las empresas de aquí, mañana traeremos los productos de sitios lejanos. La sanidad sigue siendo un blanco de la crítica en América. El número de libros que se publican criticando al sector, a los médicos, a las compañías farmacéuticas, es impresionante. Yo lo encuentro vergonzoso. Pregunté el otro día en el IESE a un grupo de empresarios del sector: "¿Hay en España médicos sobrescogedores?"Y añadí: "Sólo podría haber médicos sobres-cogedores si hubiese empresas sobres-salientes".Pero todos estaban de acuerdo en que este problema está erradicado en España. Aquí reina la ética. Hace tres semanas, planteando la misma pregunta en Shanghai a empresarios chinos del sector la respuesta era muy distinta. Allí todo el mundo hablaba públicamente del alto nivel de corrupción en la sanidad y de la necesidad de actuar sobre ello. Claro que allí podrían acabar detectando a uno en el momento de sobre-coger y ejecutándolo unos días más tarde para enviar un mensaje nítido sobre lo que no se debe hacer. En la era de la información todo se acaba sabiendo finalmente.
La relación calidad precio de nuestra sanidad es alta. De las mejores de Europa. Tenemos unos profesionales (médicos, enfermeras, investigadores) excelentes y no siempre bien cuidados. Tenemos buenas empresas (farmacéuticas, de productos y servicios médicos, de gestión hospitalaria, aseguradoras) fantásticas. La consellera Geli afirmaba el miércoles pasado que el sector público no necesita la propiedad para asegurar una buena sanidad. El sector privado debería ser incentivado para hacer más aún en sanidad. Está dispuesto. No haría falta ni que el sector público entrase en proyectos concretos de tecnología. Que incentive desgravando y deje hacer.

Escribe un comentario