AZUL&ROSA

A Luis María Anson

Querido Luis María: lo de querido no es un eufemismo sino un sentimiento, posiblemente, no correspondido. Nunca olvidaré que viajaste hasta Miami para ser testigo de mi boda en una época en la que no abandonabas el ABC ni para dormir. Por todo esto y porque la ofensa ha sido tan pública como para que en España no se hablara de otra cosa (que dirías tú), deseo puntualizar, si lo permites, algunos extremos del violento ataque a mi persona en tu sorprendente comparecencia telefónica en el programa D.V. de Tele 5, la semana pasada, cuando se debatía sobre la exclusiva del Príncipe a El País Semanal. Nunca esperé tal cosa. Preferí no contestar.

Hoy me alegro y se alegra el personal cuyo afecto y solidaridad no me ha compensado del disgusto. Me dolió, sobre todo, el ataque profesional, sin consideración al ejercicio de mi libertad de expresión que hasta la Casa Real ha respetado siempre. Porque lo hago sin la insidia que me atribuiste y sí con el respeto debido a la Institución y a las personas que a ella pertenecen. Posiblemente tenemos dos conceptos, dos baremos diferentes sobre el particular. Va a resultar que, no siendo en absoluto monárquico como tú eres, parece que defiendo, sin pretenderlo, la monarquía de Don Juan, la tuya en un tiempo, aunque hoy lo seas más de la del Príncipe que la de Don Juan Carlos. Nada que ver con la de su abuelo quien, de haber vivido, sabes muy bien, no hubiera autorizado la boda. A Don Felipe, ni se le hubiese ocurrido. Tampoco al malogrado Alfonso de Borbón Dampierre casarse, en vida de su abuela la reina Victoria, con la nietísima del General, María del Carmen Martínez Bordiú.

Pero, los tiempos cambian. También las monarquías, tan necesarias de cierta modernidad, que una serie de jóvenes (Letizia, Máxima, Mary, Matilde y Mette Marit...) están aportando. En algunos casos, vulgaridad.

Me pregunto qué te sorprende. ¿Que sea leal - entendiendo como tal escribir y decir lo que creo que el Rey, la Reina, el Príncipe y Letizia deben conocer- y no cortesano, que sólo lo hacen sobre aquello que gustan de oír y leer? Ni el uno ni el otro pueden considerarse insidiosos. Al menos por mi parte. Simple y sencillamente, dos formas de ejercer el constitucional derecho de la libertad de expresión

Las «letizias», de nuevo embarazadas

Se casaron el mismo mes y año: mayo de 2004. Mary Donaldson, la consorte de Dinamarca, el 15; Letizia, la consorte española, el 22. Ambas se quedaron embarazadas, del primer hijo, en la misma época y dieron a luz, la primera, el 15 de octubre; la segunda, el 31 del mismo mes. Con una pequeña diferencia: la dulce Mary, un niño, un varón, Christian; la temperamental Letizia, una niña, Leonor. Se da la circunstancia que en Dinamarca, donde no existe prohibición ni salvedad alguna para que la mujer pueda reinar, daba igual. En España, por culpa de ese machista Art. 57.1 de la Constitución, no. El 25 de septiembre pasado, la Casa Real española anunciaba, contra toda norma y costumbre en las monarquías, el segundo embarazo de Letizia, cuando la consorte de Felipe se encontraba de un mes y poco más de gestación; esta mi semana, posiblemente, se anuncie el segundo embarazo de Mary Donaldson que, estos días, se sintió indispuesta y con náuseas, durante una ceremonia oficial, de la que tuvo que ausentarse, durante diez minutos, para vomitar. Otra tercera letizia, la bella, simpática y rotunda Máxima de Holanda también está embarazada, de su tercer hijo. El anuncio se produjo el pasado 25 de septiembre. Si todo marcha, como es de desear, y no se produce contratiempo alguno, entre los meses de abril y mayo del año próximo habrá inundación en tres casas reales europeas, con el rompimiento de aguas de Letizia, Mary y Máxima. Que así sea.

Protocolariamente... no es lo mismo

La pasada semana, tanto en ABC como en EL MUNDO en su suplemento CRONICA, mis compañeras Pilar Ortega y Consuelo Font utilizaban, con profusión (los periódicos, hasta en los titulares) el calificativo de «la Princesa» al referirse a la esposa de Don Felipe. Si vamos a ser respetuosos y correctos con el protocolo (¿existe?) debemos tener presente, incluso la Casa, que la consorte del Heredero, no habiendo nacido en el seno de familia real, no debe ser llamada, nunca, «la Princesa», puesto que sólo los hijos e hijas de rey o reina tienen derecho a llevar el artículo determinado (en España son infantas). Lo correcto es «Letizia, Princesa de Asturias». Este sistema se aplicó a Diana Spencer que siempre fue llamada «Diana, la Princesa de Gales» o, simplemente, «la Princesa de Gales». Letizia será, por matrimonio, Princesa de Asturias pero nunca la Princesa ni Princesa Real. Lo recuerda quien sólo le llama, con todo respeto, Letizia. Muy pocas son las personas que alcanzan el privilegio de ser conocidas, en el mundo entero, por el patronímico: Juan Carlos, Sofía, Fabiola, Farah, Isabel, Grace, Julio, Raphael... De todas formas que los compañeros la llamen como gusten, que yo, con permiso de Anson, la seguiré llamando Letizia.

CHSSSSS... Quién es ese conocidísimo empresario que, por un día, quiso emular a Robert Redford con una proposición indecente, no a Demi Moore, sino a una famosa y popular presentadora de televisión ofreciéndole, no un millón de dólares, sino 20.000 euros (tres millones y medio de antiguas pesetas) por una hora en la cama, que se convirtieron en hora y media. Posiblemente, porque ni él ni la cantidad daban para más. ... A ella, como a su ex, la policía también le interrumpió un paseo por la calle para llevársela a la comisaria. El continúa en la cárcel; ella, hoy por hoy, todavía está en libertad. ... Quién es ese matador de toros, en activo, que gusta de regalar a sus amantes, incluso ocasionales, teléfonos móviles que han creado más de un problema a mujeres casadas. ... El sofá rojo sobre el que se realizó el posado de la exclusiva de Felipe y Letizia es el mismo que se utilizó para el torpe foto-montaje del último Christma navideño de los Reyes con sus nietos, como ha descubierto mi compañera Paloma Barrientos.

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