TECNOLOGIA
Hay dos propuestas tecnológicas que pretenden dominar la sucesión del DVD convencional
Lo que hiperbólicamente se ha denominado guerra de los formatos,no es otra cosa que la confrontación entre dos propuestas tecnológicas que pretenden dominar la sucesión del DVD convencional, que el mes próximo cumplirá diez años. La aparición en el mercado de los primeros aparatos reproductores y de unas decenas de películas en los nuevos formatos, parece marcar un punto de no retorno, ya que los intentos de llegar a un acuerdo para unificarlos han fracasado. Tal vez haga falta, para volver a negociar, que el mercado dicte sus primeras lecciones.
Suele presentarse este episodio como una reminiscencia de la batalla que durante los años 70 libraron los formatos de vídeo VHS y Betamax, que se cerró con la derrota del segundo. Pese a su eficacia descriptiva, la comparación es equívoca, porque hay múltiples diferencias entre ambas historias.
En primer lugar, Sony, escarmentada por haber defendido en solitario a Betamax, ha sabido formar una alianza amplia, con Philips, Panasonic, Pionner y Samsung, Apple, Dell yHP (esta desertaría luego), como respaldo del formato Blu-ray. El otro consorcio, con la sigla HD-DVD, lo encabeza Toshiba y, sobre el papel, parece más débil en la electrónica de consumo (lo apoyan NEC, Sanyo y LG) aunque cuenta con el apoyo de Microsoft e Intel.
Frentes de batalla
Segunda diferencia: en los años 70 no existían los ordenadores personales ni las consolas de videojuegos, que hoy representan más de la mitad del mercado para los dispositivos de reproducción de DVD. Tampoco existía internet, determinante para la difusión de los contenidos que, hasta ahora, sólo se distribuían en DVD. Lo que conduce a otra decisiva circunstancia: la industria cinematográfica -que hace 20 años asistió pasivamente a una disputa ajena -ahora tiene la última palabra. Con la excepción de Sony Pictures y Disney, Hollywood ha eludido decantarse definitivamente por uno u otro formato.
Hay tres frentes de batalla en esta presunta guerra: los reproductores de salón, los de PC, y las consolas. Toshiba, impulsor del formato HD-DVD, ha presentado en Japón y Estados Unidos -el próximo mes lo hará en Europa -su primer reproductor de salón HD-E1, cuyo precio será de unos 600 euros. Ha sido criticado por la prensa especializada de Estados Unidos -donde la alta definición está más desarrollada que en Europa -porque, en aras de llegar antes al mercado, sacrifica la calidad de imagen: se vende como HD ready, noción que equivale a una resolución 720p (1280 x 720 pixels) pero no satisface a quienes esperan la full HD, 1080p (1920 x 1080 pixels).
Samsung ha sido el primer miembro del consorcio Blu-ray en saltar al ruedo, con su modelo BD-P1000 (sin fecha de lanzamiento en Europa). Es posible que en noviembre aparezca un reproductor de Panasonic, pero Philips esperará hasta el 2007. Sony no ha querido entrar aún al mercado de reproductores de salón -aunque sí al de dispositivos para PC -porque apuesta a privilegiar Blu-ray como soporte de almacenamiento de su PlayStation 3.
La coalición liderada por Toshiba supone que el HD-DVD se impondrá gracias a que su tecnología es una evolución del DVD actual, lo que reduce el coste de fabricar y grabar los discos, y permitirá venderlos a precios más bajos (en ningún caso inferiores a 20 euros). Sony y sus aliados confían en que la PS3 servirá como reclamo masivo para que los consumidores reconozcan que Blu-ray es un salto cualitativo en el entretenimiento digital. Esto fue lo que ocurrió, recuerdan, con la PS2, que contribuyó a popularizar el DVD. En este plano, Microsoft ha decidido contraatacar con un periférico HD-DVD para su consola Xbox360, por unos 200 euros.
Para los usuarios, la principal diferencia entre los discos de ambos formatos es el almacenamiento: 15 ó 30 gigabytes en una cara, 25 ó 50 gigabytes si el disco es de doble cara, respectivamente. En otras palabras, triplican o quintuplican la capacidad máxima de un DVD actual. Los partidarios de HD-DVD argumentan que multiplicar la capacidad actual por tres será más que suficiente para los consumidores durante los próximos diez años; sus adversarios replican que el crecimiento de la demanda de interactividad jugará a favor de Blu-ray.
La principal limitación que sufren ambos campos es que la industria habla mucho de alta definición, pero todavía es escasa la base de televisores que responden a ese criterio, y es casi nula la oferta de televisión y cine con esa calidad. La industria de los contenidos no tiene prisa: cree que los adversarios se pondrán finalmente de acuerdo o, si no fuera así, a que aparezca una tecnología dual que aclare el entredicho.

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