LA TRASTIENDA
El año 1999 el alcalde Joan Clos logró la mejor victoria socialista de la historia democrática de Barcelona. Un total de 20 concejales con un volumen de votos bajo mínimos. Clos se sintió grande ese día. Pero era un trono falso. Su fracaso de movilización se vio contrarrestado por el descalabro elevado al cubo de CiU. El votante nacionalista se quedó en casa en aquellas elecciones ofreciendo en bandeja la victoria a Clos.
Lo ocurrido hace siete años en Barcelona es un ejemplo de lo que puede volver a pasar en las elecciones del 1 de noviembre.¿Quería el votante de CiU, que decidió mirar hacía otro lado en aquella ocasión, que Clos fuera el alcalde? Probablemente no. Entonces ¿porque no votó al menos en blanco?
Los que escribimos cada día de política tenemos que hacer un arduo esfuerzo para quitarnos de encima el tufillo político que llevamos encima y convertirnos en ciudadanos de la calle para poder entender y explicar (primero entender, sino no hay explicación que valga) qué es lo que está pasando en esta campaña.
El ciudadano que se abstiene también vota. De rebote y sin papeleta, pero lo hace. Y ahí está la bolsa del «no voto», parafraseando a Lewis Caroll, que puede convertir a un perdedor en un ganador.Visto lo visto durante estos tres últimos años, todos los partidos, todos, han actuado para que los ciudadanos les den una buena tunda en el pompis, por partidistas y amigos de la torpeza a la hora de gobernar. Esa es la pregunta durante estos días: ¿a qué partido castigará con mayor decisión su electorado?
Esta es la cuestión clave de los próximos diez días. Pregunta sin respuesta. Todas las formaciones saben que tienen un índice de penalización. CiU porque, tras sacar adelante un Estatut ambicioso, pactó con Zapatero un texto que no alcanzaba ciertas ambiciones, a entender de los más soberanistas. El PSC porque se ha convertido en un partido nacionalista más, castigando temas que los viejos socialistas tenían muy asumidos. Como las sanciones a la utilización del castellano en el comercio, éste sólo a modo de ejemplo, para resumir el síndrome nacional en el que sigue sumido el PSC, que no han superado, aunque tenga un candidato nacido en Iznájar.ERC porque firmó un Estatut que después no defendió como sus votantes esperaban y acabó reclamando el mismo «no» por el que apostaba el Partido Popular. IC-EUiA ha recibido menos, puede porque sean los parias de la película. Unos parias inteligentes que han sabido actuar con la carta del pragmatismo y la suavidad del gobierno. Es excesivo decir que en el país de los ciegos el tuerto es el rey, pero sí es cierto que Joan Saura ha sabido utilizar el honor del mediador para llegar a las elecciones con una buena intención de voto.
El PP también puede ser castigado. Algunas encuestas les vaticinan un debacle electoral y otras todo lo contrario. A pesar de ello, han sido de los pocos que han mantenido un planteamiento impecable en su sentido y razonamiento, coherente con los ideales del partido de Josep Piqué. A pesar de ello, el votante catalanista de derechas, que siempre se ha mantenido cercano al partido de Fraga, estaba hace unos meses más cercano a la abstención o al voto de CiU, que a una apuesta popular.
La abstención siempre tiene un color. No es integral. Daña a los que se quedan sin ese voto en beneficio del contrario y los directores de campaña dedican muchos recursos para movilizarlos.¿Quién moviliza a quien conscientemente ha decidido no movilizarse? Difícil cuestión.
Las campañas de los dos partidos estatales se organizaron en principio para buscar ese voto que se mueve en las Generales, pero que huye despavorido en las Autonómicas. Pero esa metodología se ha visto resentida después del DVD de Convergència o la visita al notario de Mas para no pactar con el PP. Sobre todo para los socialistas, que no han podido marcar su propio ritmo. Siempre han estado tras el líder. El mismo que pactó de improviso el Estatut una agradable tarde de sábado en La Moncloa.
¿Puede movilizarse la abstención? A través de los diarios poco, porque el lector de periódicos ya vota. Puede, eso sí, cambiar el color de la papeleta. La televisión moviliza algo más, pero también se corre el peligro de sumirse en una depresión pos política.Después de ver el debate del viernes, la reflexión no puede ser positiva. Artur Mas, que en recorrido corto llega a ser entrañable, se portó como un personaje prepotente. José Montilla, que en la pequeña distancia es educado, mostró un estilo penoso, lleno de complejos. Le salvan las siglas de su partido. Carod-Rovira tenía tantas familias, de tan diferentes pelajes observando su mensaje, que al final no afinó con el discurso. Sólo Piqué y Saura se salvaron de la quema. Podríamos decir que son los polos opuestos, pero no tanto. Les unía la honestidad. Mensajes honestos.
El votante está harto de tanto artificio. El ciudadano quiere oír verdades. Las de cada uno, pero al fin y al cabo verdades.Y en eso tanto Piqué como Saura estuvieron sobrados. Faltó la participación de Albert Rivera de Ciutadans. Pocos mediáticos apuestan por ellos. Pero es que hace tiempo perdieron el rumbo de la calle.
alex.salmon@elmundo.es
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