De cómo Él concede gran importancia a lo simbólico y Ella no puede escapar de lo racional en sus reflexiones, de Luis María Anson y Cayetana Álvarez de Toledo en El Mundo
DOS EN LA CARRETERA
Las elecciones catalanas del 1 de noviembre encabezan el intercambio epistolar de esta semana. Hay coincidencia en que la hipótesis más probable para formar Gobierno en Cataluña será una alianza entre Artur Mas y Carod-Rovira, si los resultados se ajustan a los pronósticos de las encuestas de campaña. El vodevil de la candidatura del PSOE a la Alcaldía de Madrid y las reformas vanguardistas y peligrosas puestas en marcha por Zapatero son glosadas con ironía y sarcasmo por los dos interlocutores. Incluso con propuestas sorprendentes...
SUDOKUS, NOTARIOS Y TRIPARTITOS
Querida Cayetana...
Arturo Mas se ha ido al notario para dejar constancia del horror que le produce aliarse con un partido democrático que pertenece a la misma internacional en la que milita una parte de Convergencia y Unión. Eso quiere decir que rechaza a Piqué y que está dispuesto a formar gobierno, si la urgencia coital así lo aconseja, con un partido de carácter totalitario y aliento marxista como el que encabeza Carod-Rovira, el político que se entrevistó secretamente en Perpiñán con Josu Ternera, ese hombre, para poner en marcha la rendición del Estado español que ahora consuma el presidente Zapatero.
Esa alianza de Convergencia y Esquerra debería airearla el PP de forma que la conocieran en Cataluña hasta las ranas del jardín de José Manuel Lara. En esta sección anticipamos la posibilidad de un Gobierno Mas-Carod cuando descubrimos alguna de sus reuniones secretas. Fue un buen scoop, Cayetana. ¿Cuánto tiempo tardará ese eventual frente nacionalista en exigir a Zapatero una nueva reforma del Estatuto de manera que la «nación», graciosamente concedida por el presidente por accidente, se articule en Estado, último peldaño ya de la escalera independentista?
Querido Luis María...
¿Por qué Arturo? Dejemos a cada cual escoger su nombre y remitámonos a los hechos. Si «la firma ante notario va a misa» (la búsqueda de credibilidad exige la invocación de dos instituciones sobre las que todavía no tiene competencia la Generalitat), habría que darle a Mas dos consejos: primero, que en lugar de adquirir con los ciudadanos 20 deudas discutibles y una obligación antidemocrática, haría mejor en comprometerse a erradicar aquel viejo vicio y ahora también símbolo de la sociovergencia que es el 3%. Segundo, que el numerito del notario lo reserve para sus encuentros con Zapatero. Se lo dijo Rajoy a un siempre reluciente Duran i Lleida aprovechando el soporífero debate sobre los Presupuestos Sudoku, y la Cámara estalló en carcajadas y aplausos: ya nadie se fía de la palabra del presidente. Si fue capaz de romper los compromisos suscritos bajo la cúpula acristalada de la sede de la soberanía nacional que afectan al futuro del País Vasco, de Navarra y de España, ¿por qué no va a pisotear los acuerdos alcanzados en la clandestinidad de un despacho monclovita, entre pitillos ilegales y tazas de café?
Pero volvamos al análisis: José o Josep Montilla sólo puede gobernar si se reedita el Tripartito. Mas, en cambio, tiene tres opciones: gobierno en solitario con apoyos puntuales, pacto estable con ERC o pacto con el PSC. Desde la pirueta presupuestaria, se han disparado las apuestas a favor del convergencialismo, en cuyo caso el apuñalado por la espalda sería el PSC y la perjudicada, Cataluña. Aun así, mi impresión es que, si aritméticamente es posible, Montilla tendrá la ocasión de aprender la primera estrofa del Virolai en la penumbra medieval del Palau Sant Jordi. Mala noticia para Cataluña y, por lo tanto, mala para España. Y, también, mala para el PP. Si el Tripartito no alcanza la mayoría absoluta, la preferencia de Mas será un pacto de legislatura con el bufón de la corona de espinas y felón de Perpiñán. Ojalá se tratase de una urgencia coital; es una estrategia premeditada, un noviazgo frío e interesado, que desembocaría, como pronosticas, en el asalto final al Estado residual.
La tercera opción de Mas, sin duda la más razonable, es la que consiste en gobernar con apoyos puntuales de otros grupos, incluido el de Piqué. El PP sigue teniendo, pues, la oportunidad de convertirse en árbitro de muchas decisiones fundamentales en los próximos cuatro años. Y aunque no la tuviese, daría lo mismo. Frente a los cálculos teóricos sobre la utilidad del voto, se erige la obligación de defender el derecho de los catalanes a no pasar por el aro nacionalista. Es un aro muy estrecho, Luis María, y al otro lado no hay libertad.
ESTATUA DE ZEROLO Y ELECCIONES AL FONDO
Querida Cayetana...
Recordarás que la estatua ecuestre de Franco fue retirada de la Plaza de San Juan de la Cruz, lo que agradó a muchos, disgustó a algunos y dejó indiferente a la inmensa mayoría, porque para las nuevas generaciones aquel régimen atroz es página pasada. Delia Piccirilli ha encargado un monumento que sustituya a la estatua caída del caudillo, quien, por cierto, me envió al exilio durante un año por el terrible delito de haber escrito un artículo titulado «La Monarquía de todos» y publicado en el ABC verdadero el 21 de julio de 1966. No sé por qué Pedro J. no lo reproduce. El proyecto de Delia consiste en una estatua de Pedro Zerolo, esbelto sobre espléndida carroza y rematada la frente por airosa corona de laurel.
Pienso yo, Cayetana, que Gallardón, que es aficionado a la poesía y recita el Cui Ping Sing, podría adelantarse a la Piccirilli y encargar una estatua de San Juan de la Cruz. El autor de Oscura herida del alma cometió la felonía de ser santo pero es el mejor poeta de la historia de la literatura en lengua española. Así lo reconocieron Neruda y Alberti, Rubén Darío y Antonio Machado. ¿No parece lo lógico que la estatua que presida la plaza de San Juan de la Cruz sea la de éste? Para la estatua de Zerolo hay, incluso, mejores emplazamientos. Se podría derribar, por ejemplo, el monumento ecuestre del Rey ése que está en la plaza de Oriente y sustituirlo por la carroza de bronce y mármol transportando la gloria de Zerolo, para satisfacción de la Piccirilli.
Querido Luis María...
Harías bien en sugerirle a tu amiga Delia Piccirilli -nombre que sólo puede ser artístico o argentino- que no malgaste su barroco talento en vano: Pedro Zerolo no va a ser candidato a la alcaldía de Madrid. Me dirás que el secretario de Movimientos Sociales del PSOE es voluntarioso y peleón, y que ha acumulado méritos de sobra ante el partido para competir con Gallardón, y es verdad. En plena crisis de los cayucos, Zerolo proclamó que la política de Papeles para Todos de Zapatero se ha convertido en un «referente» en Europa. Ni Caldera se hubiera atrevido.
Pero la vida es injusta y el presidente, también. Zapatero ha guardado la bandera de la democracia interna en un armario de su despacho zen y espera que las musas de los sondeos le iluminen para posar su presidencial dedo sobre la cabeza gacha del agraciado/a. O debería decir del desgraciado/a. Porque, ¿qué ministro del Gobierno o socialista de primera fila querrá irse a Madrid para perder?
Así están las cosas tras el segundo caso Bono, que el diario El País, plagiando a Astarloa, calificó en un editorial de grueso calibre como el «vodevil socialista». Me cuentan que otro de sus protagonistas, José Blanco, tiene el ánimo al mismo nivel que el prestigio. Ya lo empecé a notar yo aquel lunes en que acusó a mi jefe de ser responsable de los asesinatos cometidos por ETA durante su etapa al frente de Interior. Hasta Iñaki Gabilondo, con gesto granítico y tono mortuorio, reconoció ante los estupefactos espectadores de Cuatro: «Acebes tiene razón: lo que ha dicho Blanco es una indecencia».
Para que veas, Luis María, hasta qué punto los socialistas están desarbolados: su líder supremo se está planteando sacrificar a la vicepresidenta del Gobierno con una derrota en la alcaldía o incluso en la Comunidad de Madrid, mientras en las bases crece la indignación por sus negociaciones secretas y políticas con ETA. Esta semana, en dos sesiones parlamentarias de alto voltaje que han demostrado la potencia y razón de la Oposición, el PP lo ha dejado muy claro: no cederemos a ETA-Batasuna nuestro derecho a decidir en qué modelo de Estado vamos a vivir. Y, llegado el momento, revocaremos uno a uno todos los acuerdos alcanzados en la mesa de partidos. A ver si para entonces Gallardón ha colocado ya la estatua de San Juan de la Cruz en el pedestal ocupado hasta hace poco por varios pájaros y un infame dictador.
'OTROS' MATRIMONIOS Y EL PP EN SU SITIO
Querida Cayetana...
Me aseguran que Zapatero I el de las mercedes está enfrascado en el proyecto de legalizar el matrimonio de los tríos. El presidente por accidente se muestra especialmente satisfecho del gran logro de su legislatura, timbre de gloria que le otorgará un puesto de honor en la Historia, lección magistral a todas las vanguardias del mundo: la legalización de los matrimonios entre homosexuales. Zapatero se pasó por el arco triunfal a católicos, protestantes, ortodoxos y judíos, que se manifestaron pública y conjuntamente a favor de que se regularan legalmente a las parejas de gays y lesbianas pero que a esa unión conyugal no se le llamara matrimonio, con el fin de no fragilizar la etimología y la ciencia del lenguaje. Por el mismo delicado lugar se pasó el presidente del Gobierno a la Real Academia Española, al Consejo de Estado, al Consejo General del Poder Judicial y al Foro de la Familia y su medio millón de firmas. Frente a todos ellos, Zerolo impuso su criterio y demostró que no es un zerolo a la izquierda.
Pero si se acepta la tesis zapateresca de que cada uno organiza su sexualidad como quiere, habrá que legalizar también las uniones conyugales, los matrimonios de los tríos, es decir, del hombre que vive con dos mujeres, la mujer que lo hace con dos hombres, el hombre que cohabita con dos hombres o la mujer con dos mujeres. La legalización matrimonial de los tríos resolverá los problemas fiscales, de herencia, de pensiones, de la misma manera que se ha hecho con las parejas homosexuales. Expertos norteamericanos que trabajaron con Kinsey han llegado a la conclusión de que el número de mujeres bisexuales supera ya al de lesbianas. Es una realidad social que no se puede desconocer. Y Zapatero está dispuesto a encabezar la defensa de los tríos dando una nueva lección de vanguardia y modernidad a todos.
Querido Luis María...
Comprendo que a un caballero español, que recita de memoria odas en latín para deleitar a las damas, esto de los matrimonios homosexuales le pueda inquietar. Pero no te preocupes. Primero, porque todos deberíamos felicitarnos del enorme avance que en este terreno ha hecho la España de Lorca. Y, segundo, porque no creo que Zapatero vaya a promover las bodas a tres bandas. La legalización de los matrimonios gays formó parte de una estrategia más amplia dirigida a presentar al PP como un partido homófobo, carpetovetónico y carca. Si el objetivo hubiese sido dar satisfacción al colectivo homosexual, que con toda razón reclamaba exactamente los mismos derechos que las parejas heterosexuales, bastaba con promover la Ley de Uniones Civiles que el PP cometió el error de no aprobar en su día. Un error estratégico, pero sobre todo de fondo, de falta de sensibilidad o respuesta ante un caso evidente de discriminación legal. Esa Ley es la que acaba de sacar adelante Tony Blair, para enorme felicidad de, entre otros, mi mejor amigo de la Universidad, que hace un par de semanas me anunció que en diciembre se casa con un guionista de ojos verdes, pelo negro, madre española y padre holandés. Lo festejaremos en la discoteca de Notting Hill en la que se conocieron hace tres años. Fíjate qué curioso: por defender exactamente lo mismo que la izquierda británica, el PP tiene que cargar con la cruz antigay.
La jugada es la misma de siempre: el PSOE radicaliza su postura; aprovecha la iniciativa que le otorga ser Gobierno para trasladar el centro de gravedad político hacia la izquierda; y deja al PP descolocado en lo que, según los nuevos parámetros, es la extrema derecha, perdón, la derecha extrema. Ante esto, ¿qué deberíamos hacer? ¿Desplazarnos a la desesperada en la misma dirección que Zapatero, no vaya a ser que la nueva situación nos perjudique, o defender nuestras ideas y convicciones que, además, coinciden con el sentir mayoritario? Me puedo equivocar, Luis María, pero creo que lo segundo es lo adecuado. Claro que para ello hay que estar dispuesto a combatir la demagogia y la manipulación. Pregúntaselo si no a Enrique Múgica: uno de los socialistas que más activa y valientemente ha luchado por las libertades en España se ha convertido, por obra y gracia de la radicalización del PSOE y los nacionalistas, en «hooligan anticatalán», «enemigo de la convivencia», «títere de la derecha radical», «contaminador de la vida política» y «aprendiz de Milosevic».
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