Elecciones legilastivas Estados Unidos
Republicanos y demócratas dicen no tener memoria de una campaña tan negativa en unas elecciones legislativas parciales como la que se libra para los comicios del 7 de noviembre. Ésta es la conclusión a la que ha llegado The New York Times ( "Theme of campaign ads: don´t be nice", 27/ IX/ 2006), a pesar de que los estadounidenses, que denominan campaña negativa a lo que nosotros llamamos campaña sucia, ya deberían estar curados de espanto.
La campaña negativa o sucia tiene sus clásicos en Estados Unidos. Uno de los pioneros fue Lee Atwater, asesor de Reagan y Bush padre. Pero Karl Rove, artífice de las campañas triunfales de George W. Bush, lo ha dejado pequeño. Especialista en tácticas agresivas, Rove es un filón para la prensa. En las elecciones presidenciales del 2004, por ejemplo, su primera decisión fue etiquetar a John Kerry como "un liberal de Massachusetts", lo que para los conservadores debe de ser lo mismo que el diablo. Y la táctica funcionó.
Neal Gabler, periodista de Los Angeles Times,escribió hace dos años que los métodos de Rove chocan con la esencia del sistema político estadounidense, basado en el compromiso y la flexibilidad. Pero a menudo dan resultado. Éste fue el caso de la campaña para desacreditar al senador republicano John McCain, rival de Bush en las elecciones primarias del 2004.
Las técnicas utilizadas en las campañas negativas son de lo más variado. Unas veces se utilizan los anuncios televisivos, o sus derivados más modernos, que los especialistas dicen que son los más efectivos. Otro método es recurrir a organizaciones o individuos que se dicen neutrales, como se hizo hace dos años para atacar a Kerry sobre su servicio militar en Vietnam a través de una peña de veteranos que demostraron saber más por diablos que por viejos. Y por último, aunque no por eso menos llamativos, tampoco hay que confiar en los intermediarios, sean telepredicadores o vendedores de un milagroso crecepelo, que se ofrecen al mejor postor.
La campaña negativa se caracteriza, por lo general, por no centrarse en los temas sustantivos, sino en aspectos personales. La ofensiva contra McCain, por ejemplo, se basó en la falsa historia de que el senador tenía una hija negra ilegítima. La prueba aparente fue una foto de McCain con una niña negra que resultó ser su hija adoptiva.
En las elecciones legislativas del 7 de noviembre, los grandes partidos debaten sobre dos temas cruciales, la seguridad nacional y la guerra de Iraq, ahora en un momento crítico para Bush. Pero las campañas negativas apuntan mucho más abajo. Un ejemplo: Steve Kagan, un médico candidato a la Cámara de Representantes por Wisconsin, ha sido protagonista de un anuncio en el que se le ataca por haber reclamado legalmente lo que le debían unos pacientes. "¿Por qué no cuentas la verdad, doctor Millonario?", dice la voz en off.
Lo malo de las campañas negativas es que den resultados positivos. Dicen los especialistas que las campañas negativas son a veces contraproducentes. Vamos, que se vuelven contra quienes las inspiran. Puede ser que sea así. La consecuencia de los anuncios negativos, dicen los especialistas, es que reducen la credibilidad de quien ataca, que se gana la ojeriza del indeciso y radicaliza el debate. Pero lo negativo parece dar tantos dividendos que a menudo no es mala táctica atacar al rival acusándolo de estar haciendo una campaña negativa.

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