ENERGÍA
No sabemos durante cuánto tiempo habrá suficiente producción para cubrir la demanda
Las grandes petroleras internacionales no ocultan que encaran un futuro incierto por lo que se refiere a la disponibilidad de su recurso básico. Chevron, en particular, ha iniciado una llamativa campaña publicitaria, con anuncios en revistas y diarios que pueden descargarse de su página web, donde también se ha abierto un interesante foro de discusión (www. willyoujoinus. com). Dado que el petróleo constituye cerca del 35% de la energía primaria que consume el mundo, resulta razonable preguntarse durante cuánto tiempo la producción será suficiente para cubrir una demanda creciente, tratando así de prevenir interrupciones traumáticas del suministro.
Responder a la pregunta planteada no es fácil, porque existen factores clave, de índole política y económica, que resultan impredecibles. En el futuro, a medida que el agotamiento de los recursos se haga más evidente, es muy posible que dichos factores ganen protagonismo. En cualquier caso, no pueden ser considerados en las previsiones, centradas exclusivamente en el análisis de la disponibilidad de recursos. Partiendo de esta premisa, las proyecciones pueden seguir dos aproximaciones distintas.
Una consiste en analizar los proyectos que tanto las compañías privadas como las estatales tienen en marcha y en evaluar el potencial de producción de los campos conocidos y con posibilidades de ser desarrollados. Ello permite calcular la nueva producción con la que el mundo podrá contar en los próximos cinco a diez años. Obviamente, a la cifra total así obtenida debe sustraérsele las perdidas en la extracción experimentadas por aquellos campos maduros que han superado ya su cenit productivo y se encuentran en declive. Esta aproximación requiere un conocimiento detallado de las operaciones de las compañías, lo que, por regla general, excluye su utilización por personal ajeno a ellas.
La segunda utiliza estimaciones de los recursos del subsuelo en distintas provincias petroleras, modelando las tendencias de la extracción. Entre otros, el más conocido de estos métodos es el de M. K. Hubbert, quien predijo con notable precisión que el cenit de la producción en los EE. UU. tendría lugar en 1970. El problema de esta aproximación es que requiere como punto de partida una estimación de los recursos recuperables finales, lo que a su vez conlleva la distinción de dos categorías: recursos de la OPEP y recursos externos a dicha organización (no-OPEP).
Con la excepción de Rusia, los últimos son razonablemente bien conocidos, en parte porque las compañías internacionales tienen que prestarles una especial atención, ya que la mayoría de los recursos de la OPEP les son inaccesibles y, por tanto, prever el momento en que se producirá el cenit de la producción fuera del cartel resulta vital para sus intereses.
Veracidad de las cifras
Estimar los recursos de la OPEP es una cuestión completamente diferente. Ya les he comentado en alguna ocasión la disputa existente sobre la veracidad de las cifras de reservas probadas declaradas por los países del Golfo Pérsico, las cuales sufrieron un brusco incremento en la década de los ochenta. Además, como no es posible proceder a auditorías independientes, existe granincertidumbre sobre la verdadera magnitud de la suma de reservas probadas y las pendientes de descubrir en los estados de la OPEP.
El examen por separado de la producción de la no-OPEP resuelve en parte esta controversia, permitiendo al mismo tiempo predecir el momento en el que los países del cartel tendrían que hacerse cargo de la mayor parte del incremento mundial de la demanda. A este respecto resultan significativos dos informes, elaborados, campo a campo y proyecto a proyecto, por ExxonMobil y la consultora PFC Energy. La petrolera afirma que la extracción de crudo en la no-OPEP alcanzará su máximo en el 2010, o poco después de esta fecha, para posteriormente mantenerse plana, antes de iniciar un lento declive. Por su parte, PFC llega a conclusiones similares, destacando en su estudio una serie de comparaciones entre la situación actual en diversas regiones y las previsiones realizadas, mediante un modelo controlado por la demanda, por la Energy Information Administration (EIA) del Departamento de Energía de Estados Unidos. El modelo de la EIA predice que la producción de crudo y gas natural licuado (GNL) del Mar del Norte alcanzará los 6,5 millones de barriles diarios (mbd) en el 2010, mientras que la actual es de unos 5 mbd, mostrando un declive anual del 9%. Para Australia, la producción prevista por la EIA es de 1 mbd, frente a los 0,6 mbd actuales y una situación de declive generalizado. Lo mismo que sucede en los países no-OPEP de Oriente Medio, donde la EIA espera 2,2 mbd y la extracción actual es de 1,6 mbd. El mensaje es claro. A menos que las tendencias extractivas en todas esas regiones se invierta de manera inmediata, las previsiones realizadas por la EIA no podrán cumplirse.
¿Qué dice la OPEP sobre el tema? Al margen de asegurar que sus reservas son suficientes y que hará lo necesario para asegurar el suministro hasta bien entrado el presente siglo, sus previsiones, basadas en estimaciones muy optimistas sobre el Mar del Norte y México, sitúan el cenit de la extracción no-OPEP para el 2015.
En cualquier caso, sea en 2010 o en 2015, las conclusiones comentadas deberían activar la alarma y estimular planes de acción inmediatos por parte de los consumidores, industria y gobiernos. La progresiva concentración de la producción mundial de líquidos en manos de la OPEP, particularmente en unos pocos países del Golfo Pérsico (Arabia Saudita, Irak e Irán), suscita graves incógnitas en materia de precios y seguridad de suministro. Por otro lado, el inminente cenit de la extracción fuera de la OPEP podría implicar un cambio radical en la estrategia de negocios de las petroleras internacionales. Quizás, estas deberían esforzarse en buscar formas de cooperación con las compañías estatales y, como se muestra en el gráfico adjunto, centrarse en la manufactura de diversos combustibles líquidos alternativos a los crudos convencionales.

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