UNO los cambios más significativos que ha operado la sociedad española en los últimos años en lo que hace referencia a la educación de nuestros hijos en edad escolar es la aparición casi súbita de las actividades extraescolares. De todo tipo y condición: deportivas, educativas y formativas. Ello sucede a todas las edades y afecta cada vez más a los más pequeños. Se calcula que entre el 40% y el 50% de los niños realizan una actividad extraescolar. Es evidente que ello es consecuencia de múltiples factores y que no cabe decir aquí que prime siempre el noble deseo de mejorar la calidad de formación de nuestros hijos. La verdad es a veces mucho menos romántica y acorde con la nueva realidad social: parejas en las que los dos cónyuges trabajan, una devaluación de la figura de los abuelos, a los que se recurre lo menos posible y, en todo caso, sólo para hacer tareas de apoyo doméstico, y una enorme tranquilidad de los padres cuando para paliar todo esto pueden decir que sus hijos aprenden una lengua o tocan un instrumento musical. Claro que siempre hay excepciones y no afecta por igual a niños de cinco años que a los de diez. Pero hay consenso entre psicólogos y especialistas en educación infantil en que no debe forzarse la máquina humana más allá de lo necesario. Dicen que lo ideal sería que los niños no pasaran fuera de casa más ocho horas - de 9 a 17, por ejemplo-. Pues que cada uno se examine.
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