La Coctelera

Caffè Reggio

Un lugar de encuentro, para leer juntos

22 Octubre 2006

300 millones: Una gran familia feliz, de Gabriel Tortella en La Vanguardia

IDEAS Y DEBATES

Los estadounidenses son muy aficionados a las estadísticas exactas: hace poco celebraron el día en que su producto nacional bruto alcanzó los 10 trillones de dólares (para nosotros, billones, porque en eso los latinos somos menos hiperbólicos), y ahora, el martes pasado, acaban de celebrar que su población ha alcanzado los 300 millones. En España en esto de las estadísticas andamos menos precisos: recientemente, nadie sabe bien cuándo ni cómo, pasamos de los 39 a los 44 millones y nos quedamos tan anchos (o, más exactamente, un poco más estrechos).

Con motivo del hito demográfico norteamericano se han escrito recientemente una serie de artículos en la prensa, en especial la anglosajona, con tono celebratorio y triunfalista, haciendo burla de los pesimistas que contemplan con alarma el inusitado crecimiento de la población en el último medio siglo. The Economist,por ejemplo, subtitulaba así su artículo: "El crecimiento de la población americana resolverá más problemas de los que plantea". El Herald Tribune,por su parte, titulaba el suyo "Los mitos de la superpoblación", y ridiculizaba a los pesimistas que en 1967 (cuando Estados Unidos alcanzó los 200 millones, hace menos de 40 años) auguraban hambres y otras calamidades si la población seguía creciendo de aquella manera.

Quiero dejar claro que yo soy pesimista, de los ridiculizados por ese excelente periódico que es el Herald Tribune.Estoy en buena compañía, sin embargo: Aristóteles, Malthus, Keynes, son conocidos alarmistas ante el crecimiento de la población. Ahora bien, diría el periodista del Herald,la enorme separación cronológica entre estos autores indica que el pesimismo es endémico entre los intelectuales, un ejemplo de arrogancia intelectual:si Aristóteles se alarmaba en el siglo IV a. C., cuando la población mundial no llegaba a 200 millones, Malthus predecía catástrofes en el siglo XVIII, cuando en el mundo había unos 1.000 millones y Keynes se preocupaba a mediados del XX, cuando había 2.000 millones ) no será cierto que el pesimismo es el opio de los intelectuales? Lo parece, desde luego.

Pero se imponen dos observaciones. La primera se refiere a la alarmante aceleración con que aumenta la población: si, según estas cifras redondeadas, tardó 22 siglos en aumentar en 800 millones entre Aristóteles y Malthus, tardó siglo y medio en aumentar 1.000 millones más, entre Malthus y Keynes. Y entre Keynes y nosotros (75 años) ha aumentado nada menos que en 4.500 millones más. Parece algo explosivo, un big bang demográfico. La segunda observación es que el progreso técnico ha aumentado de tal manera nuestra capacidad productiva que hoy se puede alimentar, vestir y cobijar a números de seres humanos infinitamente mayores que en épocas anteriores.

En eso se basa la complacencia de los optimistas; pero también justifica los miedos de los pesimistas. Aristóteles no andaba tan descaminado: con la técnica de su tiempo era un grave problema la alimentación de grandes ciudades como Atenas o Siracusa. Las hambrunas eran frecuentes entonces y la presión demográfica empujaba a los griegos a emigrar hacia lo que hoy son Italia y Turquía. En realidad, la diferencia entre los optimistas y los pesimistas estriba en la fe que se tenga en la capacidad de la tecnología para dar cabida a más y más seres sobre nuestro planeta.

El planeta, nuestra hermosa nave espacial, por desgracia, no crece. Sabemos de sociedades o culturas pasadas que se extinguieron por sobrepoblación, como la de la Isla de Pascua, la Maya Clásica, o la Groenlandia vikinga. Ah, pero eso eran sociedades técnicamente estancadas, nos dicen los optimistas; nosotros somos dinámicos e inventivos, eso no puede pasarnos a nosotros. Aparte de la arrogancia intelectual que tal triunfalismo comporta, ¿está justificado este optimismo panglossiano, al estilo del doctor Pangloss del Cándido de Voltaire, que repetía incansablemente que vivimos en el mejor de los mundos posibles?

Una de las leyes básicas de la economía es la de los rendimientos decrecientes: si hay un factor de producción fijo, nos dice esa ley, aunque aumenten todos los demás llegará un momento en que la producción no podrá seguir creciendo. ¿Qué factor más fijo que los recursos del planeta? El progreso técnico ha ido aplazando los efectos de la ley de los rendimientos decrecientes, pero más pronto o más tarde se hará sentir.

Hay muchos signos de que esto está ya ocurriendo: el calentamiento del Planeta, las hambrunas periódicas en África, la resurrección de ciertas epidemias que se creía erradicadas, la reducción en el número de especies, la deforestación (los incendios que se extienden desde Galicia hasta Indonesia), son todo ejemplos del efecto que el crecimiento constante de la población tiene sobre los recursos fijos del Planeta. El hierro y el carbón no se agotan, cierto; pero el aire respirable sí, el agua potable también, la capa de ozono lo mismo, la fauna marina igualmente, el petróleo posiblemente también, etcétera. Es muy común que los propios optimistas sobre la inocuidad del crecimiento de la población se rasguen las vestiduras sobre las hambrunas en África, sobre la desigualdad económica creciente, o sobre la especulación inmobiliaria, sin darse cuenta de que son todas consecuencias de la misma presión sobre los recursos.

Se da la paradoja de que los optimistas son una amalgama ideológica sorprendente: los integristas religiosos se alían con los marxistas más recalcitrantes y con los liberales más doctrinarios. Para éstos, la sociedad se equilibra sola: pretender limitar artificialmente las tasas de fertilidad es un atentado a la libertad económica. La política de limitación de los nacimientos, que con tanto éxito han aplicado en China los posmaoistas, se convierte para los liberales en el gran crimen de los comunistas de mercado.Es ciertamente irónico que el artículo del Herald Tribune termine citando con unción el conocido proverbio campesino de que "cada nueva boca viene acompañada de dos brazos". Lo que no dice es que ésa era una de las frases favoritas de Mao Tse Tung. Vivir para ver: los liberales invocando el pensamiento del Gran Timonel.Tenía razón el doctor Pangloss: vivimos en el mejor de los mundos, cuantos más seamos, mejor lo pasaremos y la humanidad es una gran familia feliz.

servido por caffereggio sin comentarios compártelo

sin comentarios · Escribe aquí tu comentario

Escribe tu comentario


Sobre mí

Lector de artículos de opinión, sobre política y economía, que cree que este mundo podría tener arreglo si dialogásemos más

Estadísticas

Fotos

caffereggio todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera