La Coctelera

Caffè Reggio

Un lugar de encuentro, para leer juntos

21 Octubre 2006

Yo, a Sol, y tú a la Cibeles, de Ignacio Amestoy en El Mundo de Madrid

El intercambiador

El madrileño, que a lo largo de la Historia como la Puerta de Alcalá ha visto pasar, impasible el talante, a tirios y troyanos, observa la crisis que ha provocado la llamada 'venganza de Bono' con cierta complacencia. Tras las mayorías absolutas del PP, lo de la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega tiene su «sex appeal»

El cronista ya con el calor de julio sacó a plaza a María Teresa Fernández de la Vega. Fue tras la segunda negación de Bono al presidente. Ese presidente que, como Cristo, preguntaría tres veces a su «discípulo bienamado» si iba a ir al huerto, o no. El caso fue que, después de aquella segunda negativa, porque Bono quería tomarse un agosto tranquilo, en La Moncloa se empezó a considerar, entre bromas y veras, que si Pepe era el problema, María Teresa podría ser la solución. Y así se dijo aquí.

Algunos lo tomaron como serpiente de verano, que se decía. Y miren, aquí estamos otra vez, en este otoño caliente-caliente, con María Teresa Fernández de la Vega de estrella invitada a ser candidata a la Alcaldía de Madrid, frente a un Gallardón que, con la espantá de Bono, ya tiene ganado el primer asalto de la pelea sea quien sea el candidato o candidata. Una posibilidad que logra enteros cada día, aunque Zapatero ya ha anunciado que hasta noviembre no va a haber fumata blanca.

Zapatero, después de la jugada de Aznar de, tras la designación de Trinidad Jiménez como candidata para la Plaza de la Villa, cambiar de negociado a Gallardón para poner a Aguirre frente a Simancas, se toma tiempo. Eso, sin tener en cuenta lo de Bono, que cuanto más tiempo pase..., mejor. O sea, que el «tú, a Boston, y yo, a California», el «yo, a Sol, y tú a la Cibeles» de Gallardón, trae a más de uno por la calle de la amargura. Y no porque María Teresa diga la frase ante Simancas, no.

¿María Teresa, dónde? El madrileño, que es muy imaginativo, y dado que las encuestas dan a Gallardón como el Agamenón de esta Troya, se pone a pensar en la hipótesis de que María Teresa encabece la lista de la Comunidad y Simancas la del Ayuntamiento. El «tú, a Sol, y yo, a la Cibeles». Sin embargo, en el PSM, que, a pesar de tener la paciencia de Job, como el gato escaldado, huyen del agua fría, pueden tomar con cierta vergüenza torera que se hable de Juan Barranco, al fin y al cabo, uno de los nuestros, pero no que se toque a Rafa. ¡Hasta ahí podía llegar la riada!

El caso es que al afiliado, en el PSM, los dedos se le hacen huéspedes. Como el miércoles, sin ir más lejos, en el Senado, con la conversación, a solas, de Zapatero con Juan Barranco; se quiera o no, una de las personas más queridas por la militancia y por la ciudadanía. Con parpusa y sin parpusa madrileña. ¿Hay que recordar los miles de votos de Barranco para el Senado? Pues verle junto a Zapatero da qué pensar. Pero, no. Barranco empujará pero no será el empujado. Aunque, no pocos...

El enfado en el PSM. Los héroes de la antigua FSM no están para muchos trotes, lo de la especulación del ladrillo les sobrepasa. Y los jóvenes cachorros, están a la expectativa. En la Comunidad, atentos a los acuerdos Simancas-Zapatero, o viceversa. En el Ayuntamiento, encabezados por Oscar Iglesias, tras haberle cogido gusto a la pelea contra Gallardón, su consigna es: «Leña al mono».

Esta semana de la inmovilidad, han dado la batalla con los taxistas, con la EMT... Lo de los taxistas, sobre todo. Dicen haber perdido en el último año 21 millones de clientes, por las obras de Gallardón. Multipliquen 150.000 licencias, por tres servicios perdidos al día... Y la EMT, en el mismo tiempo, ha dejado de transportar dos millones de viajeros. Los de la EMT tiran con pólvora del Rey, pero los taxistas... ¡Gallardón, los fieles taxistas de la derecha! ¡Que te pierdes!

Bueno, y lo de Rosales, el jueves. El vecindario del paseo más preciado de Madrid -dejando por imposible a la milla de oro de Serrano, claro- se han echado a la calle, contra la decisión de Ruiz-Gallardón de meterles una conducción eléctrica de 105.000 voltios a un metro bajo sus pies. Oscar Iglesias se quedó de piedra viendo entre sus seguidoras en la manifa a una señora-señora con una bandera española a todo trapo. Contra Galladón, en el paseo de Rosales. ¡Oscar Iglesias, las cosas que hay que ver!

El bloque de Aguirre. La que no se inmuta, aparentemente, es Esperanza Aguirre. La presidenta de Madrid ha puesto el piloto automático y ahí tienen a su gente en formación desde las ocho de la mañana hasta las nueve de la noche. El pasado miércoles, sin ir más lejos. Tras la dura jornada, a las siete y media de la tarde, los cuadros tenían una cita importante en la catacumba de Sol. Gimnasia intelecto-espiritual.

El motivo, la presentación de un libro que ya está dando mucho de qué hablar. Se titula, con desparpajo, La gran estafa. El secuestro del sentido común en la educación. Su autora, una destacada personalidad del PP madrileño, Alicia Delibes Liniers, de la casta de los Delibes y de la casta de los Liniers. Un pedigrí protegido por las diosas Diana y Minerva, por lo menos. Alicia, matemática y guerrera. Y sin pelos en la pluma.

A la sesión asistió la crema de la crema del equipo Aguirre, en bloque. Dancausa, Prada, Granados, Zabía... La autora, que hoy ocupa la Dirección General de Ordenación Académica de la Consejería de Educación, capitaneada por Luis Peral -también presente-, parafraseando aquél momento de Conversación en la catedral, de Vargas Llosa, en que un personaje se pregunta: «¿En qué momento se había jodido el Perú?», con perdón por ese término, también se cuestiona: «¿En qué momento se jodió la enseñanza en España?» La demoledora respuesta de Delibes se remonta en su escalofriante análisis a Rousseau. De allí, a la LOE.

Progresistas y liberales. El libro de Delibes, del que hablaremos, le sirvió a la Presidenta para dar doctrina. Doctrina liberal, claro, que la Delibes, tras haber pasado por las horcas caudinas del sesentaiochismo, se ha convertido en una experta en Aron, Hayek, Revel y Pope en relación con un mundo educativo en el que lleva toda su vida.

Esperanza Aguirre se descolgó rememorando su llegada al Ministerio de Educación y Cultura en mayo de 1996 y las reflexiones que se hizo en aquel momento. Ante un campo como el de la educación, coto cerrado del progresismo, la entonces ministra se propuso introducir la duda. La duda sobre la llamada comprensividad. Una maltrecha realidad educativa que hizo decir a Hayek que era camino de servidumbre para los socialistas de todos los partidos. Ojo a esto de los socialistas «de todos los partidos», subrayado por Aguirre.

Y por si la cuestión no les quedaba clara a los presentes, «la jefa» quiso puntualizar y puntualizó: «Y es que en todos los partidos hay personas recelosas hacia la libertad individual». Dicho lo dicho, y en el marco en que se dijo, el cronista no pudo sino pensar en Ruiz-Gallardón y los suyos. El cronista es un mal pensado.

© Mundinteractivos, S.A.

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