En el I Congreso de Nuevo Periodismo (Valencia) se debate el futuro de la información en la Red. Han dicho los participantes que la prensa escrita no morirá pero sí está enflaqueciendo. Algunos de los doctores diagnostican que el papel vive una crisis, no catastrófica, sino de cambio. Alguno declara que estamos en los comienzos de una era, en el Big-Bang de otra galaxia, en la que los periódicos de quiosco viven el estancamiento, y los digitales, la expansión. En ese futuro, la política ya no estaría en manos de unos pocos, porque internet es una revolución sin barreras ni censuras, un viaje hacia la libertad.
Tal vez acierten los que hacen el horóscopo del seísmo, e internet acabe siendo el nuevo topo, el digno zapador, junto a la bioingeniería, los microprocesadores, los infinitos y amotinados canales mediáticos, el dinero electrónico. Esa revuelta, esa perturbación cósmica, puede precipitar el gran estallido. Sería el ágora, la plaza pública del universo, donde surgiría, según Savater, el Sócrates del Siglo XXI, un ciberMao que no diría «dejad que crezcan 100 flores y 100 escuelas», sino «dejad libres billones y billones de neuronas, billones y billones de billones de conexiones».
La primera revolución estalló con la máquina de vapor, la segunda, con la electricidad, la tercera, estallará con internet. Marx, un pensador que soñaba, un soñador que pensaba, caviló que el vapor y la electricidad eran unos revolucionarios más peligrosos que los líderes de la Internacional. «A pesar de que la atmósfera en la que vivimos ejerce sobre cada uno de nosotros una presión de 20.000 libras y no la sentimos, tampoco sentía Europa la atmósfera revolucionaria que la rodeaba cuando surgieron el vapor y la electricidad».
Los que se han congregado en Valencia no son bolcheviques, ni siquiera mosquitos de la antiglobalización. Ellos no son el topo. Tampoco veo, hoy, en la Red la chispa que ha de prender el fuego; entre los temas, nombres y productos más rastreados por los buscadores están chicas como Britney Spears o Pamela Anderson, El Corán, Picasso y un libro en castellano: Veinte poemas de amor y una canción desesperada. (Solo el 4,6% de las páginas está en español, el 45% en inglés). Evidentemente, el topo no son Pamela, ni Britney, ni siquiera Neruda o Picasso, pero la respuesta al neoliberalismo, a los basureros del Tercer Mundo, que han llenado los anchos mares de pateras, se escribirá en la Red, y no la escribirán los periodistas de congreso, ni los políticos de hemiciclo, ni los sindicatos de moqueta, sino como siempre, los parias, los miserables, los ofendidos, los que llegan a la Historia por la puerta de servicio. Cuentan que lo que hizo de Madame Roland una demócrata, una revolucionaria, fue el hecho de que cuando visitaba a alguna condesa, era recibida en la sala de los criados.
Los que van a escribir la Historia en la Red y en la playa, disimulan sus pies ensangrentados.
© Mundinteractivos, S.A.

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