El martes día 3 de octubre del 2006, el personal de la oficina del primer ministro israelí celebró una pequeña fiesta de celebración del 61. º cumpleaños de Ehud Olmert. Se comunicó a la prensa que no se trataría de una fiesta sorpresa, pues Olmert ya ha sobrepasado la edad de las sorpresas.La verdad es que entre tantas sorpresas políticas como ha recibido durante su mandato, Olmert tampoco podía dedicar mucho tiempo a celebrar su cumpleaños. El año judío de 5.726 que ha finalizado hace unos días reservaba muchas sopresas a Olmert y ha sido, tal vez, el más turbulento y agitado de su vida. En menos de un año, debido a la súbita hospitalización de Ariel Sharon, Olmert recibió el traspaso de poderes y con el nuevo partido Kadima basado en el legado político de Sharon ganó las elecciones con su plan de convergencia sobre Cisjordania. Sin embargo, tras escasos meses de mandato, el nuevo Gobierno de centroizquierda se encontró librando una guerra en Líbano que contó en un principio con un abrumador apoyo popular pero que acabó al cabo de 33 días en un fiasco político. El respaldo político a Olmert y su popularidad cayeron a bajos niveles históricos que, según algunos sondeos, es inferior al 10%.
Tanto electores como medios de comunicación de Israel se han vuelto en contra de Olmert y de su ministro de Defensa, Amir Peretz (el líder del Partido Laborista), acusándolos de insuficientes y escasos resultados obtenidos por las fuerzas armadas en su cometido además del inesperado número debajas. Su promesa de desarmar a Hezbollah no pudo hacerse realidad. Por otra parte, la población del norte de Israel no oculta su irritación ante la circunstancia de verse expuesta permanentemente a la amenaza de miles de cohetes de Hezbollah en tanto el Gobierno se revela incapaz de actuar de manera coordinada y firme para proveer de abrigo y sustento dignos a la misma población. Recientemente, los reservistas que combatieron en Líbano mostraron su rechazo y repulsa contra la comisión nombrada por Olmert calificándola de esfuerzo para encubrir la verdad.
El problema estriba en que Olmert no puede ofrecer a la airada ciudadanía nuevas esperanzas en el frente de paz, y ya ha declarado públicamente que la retirada de Cisjordania - como la aplicada en el caso de Gaza hace un año- no es realista y deberá aguardar tiempos mejores en el frente palestino. No obstante, ya antes de la guerra de Líbano, justo después de la victoria de Hamas en las elecciones generales palestinas, la Autoridad Palestina entró en una vía de caos y anarquía política y la negación de Hamas del derecho de Israel a existir convirtió las futuras negociaciones en una misión imposible. Los recientes combates en Gaza entre Hamas y Al Fatah fueron calificados por la prensa palestina como domingo sangriento y, aunque es posible que no preludien una guerra civil como predicen algunos, la cuestión ilustra el escaso grado de legitimidad de que gozan los actuales líderes políticos palestinos.
Los actuales esfuerzos para relanzar y desencallar el proceso de paz apenas se diferencian de otro ejercicio de esterilidad diplomática. La secretaria de Estado estadounidense, Condoleezza Rice, habrá extraído sin duda algunas lecciones provechosas en el curso de su último viaje no sólo sobre el fiasco de un legítimo liderazgo en la comunidad palestina, sino también sobre la escasa disposición de parte de los dirigentes árabes a respaldar un proceso de paz entre Israel y Siria. Arabia Saudí, Egipto, Jordania y los países del Golfo - pese a sus declaraciones públicas- son contrarios a negociaciones de paz susceptibles de aportar a Siria una mayor legitimidad, pues consideran que este país es fuente de inestabilidad y constituye una amenaza para sus regímenes conservadores. Siria es el aliado más estrecho del Irán revolucionario y de las formaciones militantes de Hamas, Hezbollah y otras que ponen en peligro el actual orden en Oriente Medio. El fracaso de la comunidad internacional a la hora de presionar a Irán en el ámbito nuclear viene a ser prenda de un estancamiento permanente en la cuestión del proceso de paz de Oriente Medio y de nuevas amenazas concernientes al conflicto de la comunidad mundial con el islam de tendencia revolucionaria.
En propia casa, Ehud Olmert afronta una creciente reacción contraria - una auténtica resaca política- que arroja serias dudas sobre sus posibilidades de conservar el poder. No obstante, es posible que a corto plazo pueda mantenerse y capear el temporal porque, pese a la frustración y el desencanto, tampoco se aprecia un clamor en petición de nuevas elecciones. Claro que otra escalada o un empeoramiento en la cuestión de la propia seguridad del país podría resultar en un giro político y devolvernos a un escenario dominado por la constitución de un Gobierno de centroderecha dirigido por el primer ministro Beniamin Netanyahu.

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