EXTRAMUROS

Injustamente detestada por una sociedad en la que todavía perviven óxidos psicológicos del franquismo, la política habla siempre de la realidad. También cuando la lengua se le vuelve áspera.

En las postrimerías de la dictadura, la política era amada por los jóvenes. Unas estructuras caducas iban a ser reemplazadas y la política prometía repartir juego entre quienes pugnaban por el derrumbe o el gradual desmontaje del tinglado. Como es bien sabido, ganó el plan B, pero los ingenieros del plan A encontraron empleo en la obra.

Hoy está de moda hablar mal de la política, porque ofrece poco juego. Y porque es un espejo en el que mucha gente se ve fea y confusa. Hay graves problemas en el horizonte, es cierto. Siempre los ha habido y no por ello ha dejado de amanecer. Hay actualmente en Catalunya - puesto que estamos hablando de la campaña electoral en curso- una doble acumulación de melancolía: la de quienes comienzan a percibir la soledad que provoca el inexorable paso del tiempo - ¿cuántos cambios de época puede soportar un hombre sin verse perdido?-, y la de aquellos jóvenes que sienten una furiosa nostalgia del final del franquismo, puesto que aquél fue un momento de grandes oportunidades. Vivimos tiempos de brega. Tiempos darwinistas.

Esto es lo que hay y así lo expresa la política. En este sentido, una de las campañas más sinceras es la de Convergència i Unió. Convergència tiene prisa por recuperar el poder, al menos por tres razones: a) porque gobernar es la razón de ser de los partidos políticos; b) porque sus adversarios se lo han puesto muy a tiro; y c) porque cuatro años más en la oposición, esta vez sí, pueden costarle un serio disgusto.

El nuevo grupo dirigente de Convergència aprieta porque no le basta con ganar en número de votos y escaños. Para inhabilitar políticamente al tripartito - ¡ay, Zapatero!- el triunfo debe ser muy contundente. ¿Un listón injusto? Seguramente sí, pero Jordi Pujol nunca creyó conveniente cambiar la ley electoral. Lo más democrático hoy sería que el presidente de la Generalitat fuese elegido directamente por los ciudadanos, tal como ocurre en Italia en el ámbito local y regional, con oxigenantes resultados.

CiU ha logrado marcar el ritmo de la primera semana de campaña con lenguajes de riesgo. Y con un halo euforizante. Si le sale bien, la furia de Sebastià, el amo de Terra Baixa,el hombre que no quiere perder lo que considera suyo, saldrá a hombros del hotel Majestic. Si sale mal: ya te lo decía yo que ése no era nuestro estilo.