De las diez estrellas hoteleras -cinco más cinco- que esperaba Gijón en su cielo turístico, la mitad se ha apagado provisionalmente al quedar desierto el concurso del Principado para amarrar un hotel de lujo en la Universidad Laboral. Por ahora, nos quedamos con el quinteto de luceros que coronarán la torre-posada de vidrio del arquitecto Zaera, según iniciativa del grupo Masaveu.
Como ya está anunciado que el Gobierno regional retocará el pliego concursal de hotel en el edificio de Luis Moya, es previsible que la legión de empresarios deseosos de poner fonda en Gijón acuda de nuevo a la oferta y salga adelante el asunto.
Xerardo Estévez, el arquitecto compostelano que por encargo de Álvarez Areces redactó el plan de usos de la Laboral, decía que un hotel en el noble conjunto de Cabueñes se justificaba porque daría vida durante 24 horas al día a la futura Ciudad de la Cultura. Estévez pertenece a la época angelical de las reflexiones sobre el porvenir de la Laboral, es decir, el tiempo previo a que el Principado decidiera hacer del edificio su cajón de sastre, acertando en un tercio de lo previsto pero cometiendo desfiguración en otro tercio, y mostrando falta de criterio y oportunismo en el tercio restante. Por tanto, lo del arquitecto Xerardo, que costó sus buenos millones, se fue al al archivo vertical de la papelera y los diletantes desembarcaron alegremente en su juguete arquitectónico.
Dicho esto, y pese a las buenas intenciones de Estévez, el hotel en la Laboral siempre nos ha parecido problemático. Primero, por sustentarse en la privatización -con mayor o menor plazo- de un espacio público singular. Segundo, por las alteraciones que se infligirán al edificio, y que seguramente acabarán traspasando las cautelas razonables ya establecidas.
Y tercero, porque se sostuvo hace un tiempo que, de haber hotel, debería ser en parte un centro de formación profesional en hostelería y hotelería. Claro que esto sería previsiblemente incompatible con los cinco astros, y ya es sabido que nuestros repúblicos gozan más que nada con el polvo de estrellas.

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