Martin S. Feldstein (Nueva York, 1939) tiene el tiempo justo para venir a Madrid, invitado por el Círculo de Empresarios para pronunciar una conferencia sobre El impacto del envejecimiento en el crecimiento económico y en el gasto público, y regresar a la Universidad de Harvard, donde imparte sus clases como titular de la Cátedra de Economía George F. Baker.

En una entrevista con EXPANSIÓN, Feldstein, de 66 años, demuestra rápidamente que ha estado estudiando el problema del envejecimiento de la población española y la influencia de la inmigración en la estabilidad de pensiones. “Creo que los extranjeros pueden hacer muy poco.

Por ejemplo, a grandes rasgos, si en estos momentos la población extranjera en España aumentase de manera inmediata en otros dos millones de personas, esto representaría una aportación adicional inferior al 2% del Producto Interior Bruto (PIB).

Los inmigrantes que vienen a trabajar contribuyen al crecimiento y a la financiación de los sistemas de protección, pero también generan gastos, ellos y sus familias, como, por ejemplo, en sanidad y en educación. Por lo tanto, estos ciudadanos sólo suponen un alivio temporal para garantizar la estabilidad de la Seguridad Social, pero no son la solución definitiva para el futuro”.

Por esta razón, Feldstein advierte de que en España, y en el modelo europeo en general, si no se producen reformas en los sistemas de pensiones, “tendrá que haber un fuerte incremento de los impuestos, y de las cotizaciones sociales, para sostenerlos, con un efecto muy adverso sobre las economías”.

“La solución idónea al problema” -propone uno de los grandes expertos mundiales en los modelos de protección social- “pasa por trasladarse a un sistema mixto: complementar el modelo de la Seguridad Social con un sistema privado en el que todo trabajador tuviese que dedicar una parte del salario a un plan de pensiones privado.

Se puede hacer bien a través de un plan en la empresa o individual. Cada país puede buscar su fórmula, pero ése es el detalle. El elemento básico aquí es que ya no se trataría de un sistema contributivo puro, sino mixto”.

En sus numerosos trabajos, Feldstein ha estudiado en profundidad la relación económica entre Estados Unidos y la Unión Europea y sus derivaciones proteccionistas. En su análisis, el profesor de Harvard habla con claridad: “La versión oficial [de los gobiernos de EEUU y de la UE] es que un crecimiento mayor de Europa tendría un impacto muy pequeño en la reducción del déficit por cuenta corriente norteamericano [en torno al 6,5% del PIB]. En realidad, la solución a este problema está en encontrar un tipo de cambio adecuado entre el dólar y el euro. [Ahora es de 1,25 dólares por euro].

Es necesario que la moneda norteamericana sea más débil, pero ésto, que sabemos todos los economistas, nunca lo van a reconocer públicamente los gobiernos de EEUU y de la UE”.

En este contexto, Feldstein está seguro de que si ocurriese esta circunstancia Europa elevaría sus críticas a la política comercial norteamericana. “El proteccionismo no es bueno para los propios países que lo practican y, en este sentido, me preocupa lo que pueda pasar cuando el dólar sea más competitivo. Estoy seguro de que pronto oiríamos quejas de la Unión Europea sobre las características de los productos americanos, como, por e-jemplo, acusaciones sobre bajos costes sociales –dumping social–”.