EXTRAMUROS
Después de unas horas intramuros regresas a Madrid jugueteando en el puente aéreo con una idea errática y fantasiosa. Tienes la sensación de haber viajado a Solaris, el planeta líquido que Stanislaw Lem convirtió en protagonista de una de las historias más bellas de la ciencia ficción.
Solaris es un astro enigmático que ejerce un extraño influjo sobre la estación orbital que le estudia: el planeta logra leer los recuerdos más íntimos de la tripulación y los materializa. Hay apariciones. Los visitantes trastocan de tal modo la vida de los cosmonautas, que la plataforma acaba convirtiéndose en un bajel existencialista al borde de la locura. El director ruso Andrei Tarkovski firmó en 1972 una hermosísima adaptación cinematográfica de Solaris,replicada treinta años después por el norteamericano Steven Soderbergh con una narración mucho más trepidante y bastante menos poética.
Aunque Solaris es un invento polaco - Lem nació en la frontera con Ucrania- sería un poco excéntrico comparar Catalunya con el misterioso planeta líquido. Sólo nos faltaría tener que apechugar ahora con la etiqueta de majaras: torturan a los niños que hablan en castellano y encima ven visiones. Catalunya no es un planeta psicótico, pero sí que se observan algunas anomalías en su tripulación electoral.
A CiU se le ha aparecido Sebastià, el arrogante amo de Terra Baixa.Solaris lo ha rescatado del subconsciente de 23 años de gobierno, para recordar a todos que Catalunya será de los hereus o no será. ¡Castigad a los usurpadores!
A los socialistas, el planeta enigmático les está recreando el vértigo de 1980. El vértigo de Reventós. Tras desalojar del puente de mando al Capitán Filigrana, a los hombres de Montilla parece que les viene grande el cuadro de mandos. El PSC controla muchísimos negociados - nunca un partido había tenido tanto poder administrativo en Catalunya-, pero está atrapado en demasiadas encrucijadas. Le falta fuerza emocional.
Esquerra, que hace tres años se apareció como el partido de Manelic - matarem el llop!-,interpreta ahora al Bon Jan. El Nou Partit Costumista de Catalunya. Maquinilla, taladro y pan con tomate. Y a la izquierda dicha inteligente le acaban de pillar con un lema pornográfico. Por menos, algunos acabaron en Siberia.
Más que ver visiones, Catalunya está descubriendo estos días que la política, siendo del todo necesaria, ya no conduce a ningún planeta mágico. Ha habido una sobrecarga de expectativas. Puede que ello explique tanta agresividad mal llevada. Esa desazón.

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