LA GRADA DE LOS LEONES
Ultimamente, en España silban a Emerson y a Zapatero. En la ópera no dejaban ni silbar ni llevar sombrero; en el Congreso dejan patear. Ayer silbaron al presidente del Gobierno. Es que Zapatero, con su sangre fría, su leve sonrisa y su falaz astucia los descoloca, saca de quicio a sus adversarios y a sus compañeros de partido, aunque éstos le aplauden a rabiar. Seguramente, por si les mira, organizan una claqué orgánica. Zapatero tiene a todo el mundo desinformado, nadie sabe de sus verdaderas intenciones ni respecto a ETA, ni sobre la Alcaldía de Madrid, ni sobre los Presupuestos. Mientras pacta con ETA, les va a entregar a los vascos un banco nacional (al estilo de La Caixa) con Xabier de Irala de presidente; sólo les falta echar al PP de la Diputación de Alava, y en eso están.
Zapatero ha empleado algunas horas en convencer a María Teresa: «A Ruiz-Gallardón se le puede ganar». Envuelve su política en humo y sonrisa y empiezan a temerlo. Les da a todos golosinas del alma. Y le siguen silbando en la calle y en el Parlamento. Es frío; sólo es venenosa la mordedura de los animales de sangre fría. Todo lo lleva en la cabeza, ni siquiera necesita cuaderno azul como Aznar.
Le pregunto a un diputado catalán:
- ¿No le parece que Zapatero le está haciendo a Montilla muchas putadas?
Contesta:
- ¿A quién no ha apuñalado Zapatero de los suyos o de sus aliados? Ha engañado a todos. Ahora tomará el pelo a Mas.
La derecha está desconcertada. Según Rajoy, Zapatero se ha rendido ante ETA y el presidente le dice que insistirá en su intención de lograr la paz. La derecha no duda de que Zapatero se ha entregado a ETA. Yo creo que es mejor debatirse en la duda que asobinarse en el error. Fue Winston Churchill el que dijo que un fanático es alguien que no puede cambiar de opinión y no quiere cambiar de tema. El PP insiste en sus discursos morales; ayer pidió el cese del fiscal general del Estado. El presidente del Gobierno les dice a los diputados del PP que no hay precedentes de un comportamiento así de la oposición en todo el mundo. Zaplana, que ve que los están empujando fuera de las candilejas de la Historia, les exigió que no envíen a más socialistas a que los hostien en los mítines.
El PP no tiene un plan B, ni en el proceso de paz, ni en la precipitación de las regiones hacia un régimen confederal. Se lo digo a Arias Cañete:
- No tenéis plan B ni en los estatutos ni en ETA.
- Zapatero -me dice- ni siquiera tiene un plan A. Improvisa, va arrastrado por los acontecimientos.
Llamazares clamó en el desierto de terciopelo y mármol sobre la corrupción inmobiliaria, la mafia del siglo XXI. Allí, delante de los propios partidos que en muchos lugares se financian con maletines, les dijo que la mancha de hormigón se extiende imparable y que no se respeta nada. «Ni el derecho de vivienda (Seseña), ni el medioambiental (Las Navas) ni la democracia (Marbella)». «Es necesario evitar que el cáncer se extienda; aún estamos a tiempo».
A la salida le pregunto a Zapatero:
- ¿A quién la va a entregar la vara de Madrid, presidente?
- Hay que tener calma. Me voy a Finlandia.
- ¿Pero ya tiene la persona en la cabeza?
- Todavía no.
En el Congreso de los Diputados suenan más los silbidos y pateos del Coliseo que las grandes palabras del Capitolio.
© Mundinteractivos, S.A.

Escribe un comentario