La banca se atreve con fórmulas agresivas para financiar las compras del capital riesgo, de Enrique Calatrava en Expansión
Los bancos están detrás del auge de las firmas de capital riesgo en España. Y no sólo como inversores, la estructuración de la deuda ha dado a los fondos una ventaja competitiva para ganar a grupos industriales en la subasta por la compra de compañías.
Con instrumentos de deuda cada vez más sofisticados –traídos en su mayor parte del mercado británico–, los bancos están dando a las firmas de capital riesgo cantidades crecientes de dinero para llevar a cabo sus operaciones. “Si hace unos años, la deuda financiaba entre un 40% y un 50% de cada operación, hoy puede llegar a suponer hasta el 90%”, explica Ignacio Herrero, vicepresidente de corporate finance de Deutsche Bank, quien precisa que depende “del sector, tamaño y estabilidad de los ingresos del activo adquirido”.
Operaciones como la compra de la empresa de servicios de inspección de vehículos Itevelesa por Macquarie, en la que el banco australiano ha financiado con deuda más del 85% de su coste, son un ejemplo de esta tendencia, según añaden fuentes del sector.
La liquidez del mercado actual y el creciente número de entidades financieras interesadas en el negocio están agitando este mercado, donde los márgenes son muy superiores a otros negocios más tradicionales y predecibles, como la financiación de infraestructuras.
Los fondos pagan más de 225 puntos básicos por encima del euribor (tasa interbancaria de la zona euro) en la deuda senior –primera en ser abonada en caso de suspensión de pagos de la empresa adquirida–; muy por encima de los 80 puntos básicos que puede costar la deuda para pagar, por ejemplo, una autopista de peaje en España.
“Para empezar, las garantías aportadas son distintas y hay que recordar que a un capital riesgo le cuesta más endeudarse, porque sus operaciones no tienen grado de inversión”, señalan Arturo Alonso y Álvaro Huete, co-directores de financiación de Société Générale en España.
Más tipos de deuda
La aparición de nuevos inversores interesados en comprar deuda (como los hedge funds) ha sido otro elemento dinamizador del mercado de deuda, junto con la aparición de nuevas herramientas cada vez más sofisticadas. A la tradicional deuda senior se ha unido un gran número de modalidades de deuda subordinada, cuyo riesgo de pago y coste es mayor.
Dentro de esta amplia rama, una de las más empleadas en los últimos años es la financiación mezzanine, que es la última en ser pagada y cuyos intereses en muchos casos se capitalizan, traduciéndose a efectos contables en capital.
Este tipo de híbrido entre capital y deuda, que data de los años 90, ha renacido con fuerza en el mercado español. Firmas como Advent o Mercapital la han utilizado recientemente en la compra de empresas como Euroloc o USP Hospitales, respectivamente.
Su coste puede oscilar entre un 8 y un 14% por encima del euribor, y su uso puede conllevar la emisión de warrants (opciones de compra de acciones). “Su empleo puede permitir a un fondo elevar su oferta”, apunta Nicholas Walker, de Socios Financieros.
La competencia por hacerse con los mandatos de financiación ha llevado a los bancos a elevar también la flexibilidad en las condiciones de la deuda. Siete de cada diez operaciones tienen ya un plazo superior a seis años de vencimiento con un periodo de carencia de entre dos y tres años, lo que ha restado atractivo a fórmulas de financiación alternativas a la bancaria, como las emisiones de bonos.
Tendencia
Los plazos de pago también son más beneficiosos para los fondos. Se ha pasado de un 33% de amortización media en año de vencimiento a cargar entre un 50% y hasta un 100% de reembolso de todo el principal en el último año (modalidad de préstamo conocido como bullet en la terminología anglosajona). “La sofisticación de los comités de riesgo de las entidades hacen perfectamente viables operaciones hace unos años financieramente impensables”, añade José Sarasola, director de banca de inversión corporativa de Fortis.
Pese a todo, la tendencia a comprar compañías cada vez mayores y la captación de nuevos fondos multimillonarios han desatado algunas alarmas al otro lado del Atlántico, en relación a la capacidad de los fondos para hacer compras rentables y la capacidad que tendrán las compañías adquiridas de pagar el dinero que deben.
