«La participación de La Caixa en Repsol YPF es de carácter estratégico, tal y como la entidad ha manifestado en diversas ocasiones». Es el último comunicado de la entidad catalana, remitido a los medios el miércoles. En él, la caja desmentía los rumores que apuntaban a su posible salida de la petrolera. Y es que hablar de la empresa presidida por Antonio Brufau y Gas Natural sin hablar de La Caixa es como pensar en comerse un pan tomaca sin tomate. La OPA del grupo gasístico sobre Endesa ha sido un intento por completar la última pata que le faltaba a esta triple entente. La sal que le faltaba al pan con tomate y aceite. Pero a falta de la sal de Endesa, Repsol ha optado por la seguridad del ladrillo de Sacyr Vallehermoso. La petrolera ha buscado el apoyo de Luis del Rivero para protegerse de una posible OPA indeseada. Pero, al contrario de lo que ha ocurrido con los últimos movimientos corporativos, que se han recibido con gran entusiasmo, esta operación, de carácter claramente defensiva, ha provocado una reacción bastante triste -Repsol se ha dejado un 6%-. Muchos analistas ven detrás de la entrada de Sacyr en el consejo de la petrolera un proteccionismo económico de segunda generación. Retener la nacionalidad de la petrolera formando un núcleo duro de accionistas para despejar el peligro de una compra extranjera puede ser interesante a corto plazo. A Gas Natural se le ha indigestado Endesa, por lo que a partir de ahora Repsol tiene que buscar en el mercado una nueva oportunidad para ganar tamaño. La verdad es que su nuevo compañero de viaje, Sacyr Vallehermoso, puede explicarle varias cosas sobre cómo crecer a golpe de fusión.
César Vidal Rambla es analista de Bolsamanía.
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