El mejor alcalde, el conde Draco, de David Torres en El Mundo de Madrid
AQUI NO HAY PLAYA
A Zapatero se le acaban las opciones para elegir candidato y ya mira hasta en las tapas de yogur (desnatado, faltaría más), a ver si le ha tocado uno. Después de que Romano Prodi se le descojonara en la Moncloa, asegurando que tampoco iba para alcalde, la cosa ha pasado de sainete madrileño al circo Price de tres pistas que anunciara Barranco. El puesto vacante se ha convertido en el Asiento Peligroso de la Tabla Redonda, y a falta de Lancelot, en Ferraz ya se conforman con cualquier cosa. Después de la deserción de Bono, no les queda más que poner un anuncio en el Segunda Mano, y no me extrañaría nada que estuvieran llamando al Palacio Real, a ver si el príncipe Felipe quiere prestarse a la campaña, o mismamente el Rey, que como se sabe desde los tiempos de Calderón, es el mejor alcalde, faraones incluidos.
Decía cierto general americano que, por muy mala que fuese una situación, siempre puede empeorar. Entre los desechos de tienta del PSOE, no hay que desechar del todo al alcalde de Ciempozuelos, al que tal vez han hecho dimitir, más que por recalificar terrenos a ojo de buen cubero, por ascenderlo en el escalafón. Puestos a hacer agujeros, que es lo que de verdad nos pone a los madrileños, también podrían llamar a Paco el Pocero, que es capaz de abrirnos un canal fluvial en La Castellana para aparcar el yate día sí, día también. Y, ya que tiran la toalla antes de empezar las hostilidades, lo mejor sería contratar a un candidato virtual: la Gallina Caponata, para captar el voto femenino, o Epi y Blas, que darían mucho juego con Simancas. Si tiran de Barrio Sésamo, yo creo que la mejor opción sería el Conde Draco: para hacer la campaña le bastaría con enumerar con su particular estilo transilvano cada uno de los socavones abiertos, cada una de las calles en obras y cada túnel sin terminar. Lo mismo se le acaban los números.
No obstante, no hay que achacar a la improvisación chapucera las sabias decisiones del comandante en jefe. La baraka de Zapatero, como la de Franco, no es casual, y procede por sabias y profundas intuiciones. Con Trinidad Jiménez, el PSOE contaba con una candidata cabal, conocedora del medio, que aún tenía una oportunidad de ganar las elecciones. Pero de lo que se trata es de perder la batalla de Madrid al estilo de Franco en 1936. En el plan maestro de Zapatero, con la boina elevada al rango de corona y la diáspora de las autonomías transmutadas en naciones, Madrid es el tornillo que falta para desmontar el tinglado. Otra victoria inapelable del PP y quedará demostrado que los madrileños somos unos fachas irredentos y no tenemos perdón de Dios. Si el candidato es Zerolo, de propina seremos homófobos, y los rizos del mártir abrirán el camino a la próxima reconquista de la ciudad. Así un día Zapatero podrá no sólo entrar triunfante en la capital sino ganar la Guerra Civil, que es con lo que sueña entre yogur y yogur.
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