Tuve el placer de poder asistir la pasada semana al VII Congreso Internacional de Ontología y escuchar a dos de las personalidades que más han reflexionado sobre las implicaciones que puede tener la tecnología en la vida de las personas: Derrick de Kerckhove y Javier Echevarría.

Del pensamiento de Kerckhove -que intentó expresar en un esforzado español- una de las afirmaciones que más me llamó la atención fue que "la realidad es sólo una versión de lo posible". Definió una era que ya empiezan a estrenar las nuevas generaciones, la del 'always on'. Un tiempo en el que, gracias a la movilidad de la tecnología inalámbrica, nos estamos convirtiendo en nodos de una Red, de un espacio virtual, al que tendemos a estar cada vez más tiempo conectados. Un mundo donde proyectamos nuestra individualidad en ocasiones a través de nuestro yo cotidiano, pero en muchas otras a partir del contenido de nuestra imaginación. Para así vivir un día a día que es presentado, como apuntaban en un artículo Javier Tirado y Ana Gálvez, "como un entramado de diferentes planos, como la convivencia en un todo de lo humano y lo no humano, como una realidad fundamentalmente heterogénea e híbrida".

Kerckhove puso el ejemplo de la cada vez más célebre Second Life, una comunidad virtual que cuenta con cerca de un millón de habitantes en forma de avatar. A través de ellos se puede vivir una vida paralela a la física, realizando transacciones económicas, disfrutando y ofreciendo todo tipo de servicios, relacionándose con otros miembros -muchas veces sexualmente- e incluso contrayendo matrimonio. Una vuelta más de tuerca a esta idea de realidad virtual la ha dado la agencia Reuters, que recientemente ha llegado a un acuerdo para servir noticias en y sobre este mundo.

El creador de Second Life, Philip Roseadle, definió con una palabra en una reciente entrevista qué era lo que ofrecía su mundo para tener tantos adeptos: "Identidad". Disponer, en cierta forma, de una vía para ser lo que se quiera ser.

Pero más allá de los MMOG más o menos avanzados, que pueden ofrecer experiencias que emulan tan fielmente la realidad física, una simple conversación por chat, un comentario en un foro, un mensaje por sms, un vídeo colgado en un portal o un pensamiento volcado en un blog puede ofrecer la experiencia de vivir o proyectar una identidad paralela. La Red brinda la oportunidad de ser quienes realmente somos, ser quienes querríamos ser o incluso lo que detestamos.

En estos términos se refería Francesc Núñez en una investigación sobre foros y chats, que me atrevo a hacer extensible a cualquier tipo de comunicación en Red. Núñez concluía que en estos espacios "hay un elemento que confiere un poder de atracción considerable: la posibilidad de soñar. La imaginación, la espera imaginativa, la simulación, la expectativa siempre abierta y constantemente renovada de lo que puede pasar, la posibilidad de presentarse y aparecer como uno quiere o querría ser otorgan a estos espacios la fuerza de seducción de una fábrica de sueños a medida".

En el congreso de ontología, Javier Echevarría recurrió a una pormenorizada descripción del mito de la caverna de Platón, para adaptarlo a nuestro tiempo y demostrar que está más vigente que nunca, concluyendo que Internet es "la mejor caverna virtual posible". Si en la historia clásica unos hombres estaban de por vida condenados a ver las sombras que proyectaban unos titiriteros a sus espaldas y a creer que esas sombras eran la realidad misma, en la caverna de la Red "cada cual construye y mueve su propio muñeco en el guiñol electrónico", "cada cual es titiritero de sí mismo", colaborando a construir e idear una "realidad" propia enmarcada en un contexto artificioso, de ceros y unos. La "fábrica de sueños" de Núñez muta así en una "fábrica de realidades".

¿Qué realidad de las que habitamos es la más auténtica? ¿Cuál dice más de nosotros? Son difíciles preguntas, con las que reto al lector a reflexionar...