Si el 11% o el 12% de la subida del Ibex cuando avanzaba un 20% se debía, según estudios de distintos brokers, a las operaciones corporativas, una vez confirmadas éstas en el sector energético, ¿podría desinflarse en igual medida? Las manos fuertes del mercado no lo desean ni mucho menos con los créditos pedidos a la banca, tan directamente referenciados a la marcha de los títulos. Sería una hecatombe.
Es la ley de la palanca de Da Vinci, que tiende al equilibrio, aunque en la bolsa la física no siempre funciona y mucho menos cuando están de por medio los constructores y banqueros más famosos del Barrio Sésamo bursátil y financiero español.
Primer aviso en un valor como Repsol, que se desplomaba ayer un 6%, una vez que se había quitado de encima el rumor, convertido en realidad, de una posible compra. ¿La acción mantiene el desacople aparente con el precio del crudo o simplemente se sumerge en otros caminos torcidos del mercado?
La entrada de la constructora Sacyr, con un 5% y visos, mediante operaciones de cobertura, de hasta un 4% más, había creado las suficientes expectativas como para sacar al valor del sopor provocado desde que se anunció aquella revisión de las reservas en un 25% y la espiral de incertidumbres en América Latina, pese a la escasa importancia de Bolivia en el negocio de la petrolera.
Aun así, se mantiene en los 25,70 euros, algo por encima de los 25,32 euros pagados por Sacyr, que ha marcado una referencia, aunque sea tres euros por debajo de los máximos históricos.
Ha sido Luis del Rivero el que ha dicho que sólo quieren comprar un 10%. Pero la caída podía haber sido mayor... y no ha sido así. Y es que hay alguien -muy optimista- que confía en que pueda acceder hasta un 15% y si eso fuera así le quedaría recorrido al valor.
Igual expectativa a la creada en operaciones similares sobre Iberdrola y en Endesa han mantenido viva la llama de las alzas, aunque con distinta intensidad. Acciona se ha encargado de manifestar que tenía previsto hacerse hasta con un 24,9% y ha contado con la graciosa colaboración de E.ON que, al establecer una OPA en 35 euros, le ha dejado el camino expedito para transitar entre los 32 que compró y esos 35. En esa horquilla todo sería beneficio, a no ser que E.ON se rajara, cosa que se temió la CNMV, que le dijo aquello de “carta en la mesa está presa” y vinculante.
De todos modos, sobre las OPAs relacionadas con Endesa es mejor no hacer vaticinios porque hay un margen excesivamente alto de error, a la vista de las incertidumbres judiciales pendientes. Ahí está E.ON jugando una rara baza defensiva en Nueva York y poniéndose en contra gratuitamente a la CNMV.
Un mal paso en su brillante trayectoria puede ser nefasto. El mercado, en el caso de Endesa, siempre espera más porque se han tomado a E.ON como al turista un millón. Todo son agasajos aparentes, pero si quiere comprar sol de Andalucía que apoquine.
Luego está el fenómeno ACS, que iba a realizar una operación estratégica por el 10%. Ha empezado a pedir y, ya puestos, quiere los derechos de voto que le corresponderían si no hubiera las limitaciones por todos conocidas. Su velada amenaza de que se irá si no le dejan fusionarse es creíble. La caída de Iberdrola le permite promediar desde los 37 euros pagados inicialmente, aunque alerta sobre lo que puede ocurrir si se difuminan las expectativas sobre el valor.
Los inversores esperan lo mejor para sus carteras y se encargan de calentar el mercado indicando que quieren más y mucho más, pero la realidad es en demasiados casos tozuda.
Cuentan de todos modos con el silencio cómplice del Gobierno, con esa sonrisa a lo Giaconda de Zapatero, que esconde la satisfacción porque se está empezando a crear el germen de un gran grupo energético nacional. Otra cosa es la capacidad de unos y otros para coordinar un gallinero repleto de gallos, que se indisponen en el momento en que pierden una peseta. Hay mucha fe, esperanza y caridad en el tirón de las tarifas.
Así que si el Ejecutivo apuesta por los campeones nacionales y está dejando claro el mensaje de que entrar en los valores españoles ya no es tan fácil, aparentemente, pues tendrá que contar también con el beneplácito de la bolsa. Y eso es algo que ningún Gobierno ha conseguido, por lo menos en estos tiempos en los que en los mercados pululan bichos raros de todas las especies: fondos bucaneros, capital riesgo, grizzlies y toda una fauna que acompaña el alboroto de estas grandes operaciones dispuestos a grandes bocados. Como las ballenas que rodean los bancos de peces y con sus burbujas los aturden antes de darse una buena merendola.
¿Hasta cuándo la hinchazón de la bolsa pensando en que se va a pagar más por la entrada en las empresas del sector energético español? El que lo intuya que dé el primer paso, si es que se atreve.

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