¿Dónde está el capitalismo catalán?, de Gonzalo Bernardos en Expansión
Lo reconozco. En mi condición de catalán y economista, siento envidia. No sé si es sana o maligna, pero reboso envidia. El motivo: la escasa participación del capitalismo catalán en el último proceso de concentraciones empresariales observado en España.
En dicho proceso, Acciona ha adquirido un significativo porcentaje de acciones de Endesa, y ACS lo ha hecho de Iberdrola. En el primer caso, la compra ha sido financiada por el Banco de Santander, en el segundo, por BBVA. En ambas situaciones, el paquete accionarial adquirido puede comportar el control de la gestión de la actual o nueva sociedad. ¿Dónde está el capitalismo catalán? Se le busca, pero, por ahora, nadie lo encuentra.
Las empresas compradoras pertenecen a los denominados señores del ladrillo. Estos empresarios tienen diversas características comunes: iniciaron sus negocios en el sector de la construcción, obtuvieron espectaculares incrementos de beneficios con el reciente boom inmobiliario, diversificaron progresivamente sus actividades empresariales, tienen una clara estrategia empresarial y una gran audacia.
No siempre han acertado con sus inversiones (por ejemplo, Acciona con Radiotrónica y Ecuality). Sin embargo, el resultado de sus aciertos (Vodafone, Vocento, Bestinver..., en el caso de la empresa de los Entrecanales) supera al de sus errores.
Prudencia catalana
Por desgracia, la anterior combinación de características es prácticamente inexistente en el capitalismo catalán. En éste, las principales virtudes son la prudencia, la táctica, el equilibrio político y el consenso social. En dicho capitalismo, los señores del ladrillo no gozan de un adecuado reconocimiento. No suelen ser considerados como empresarios. Despectiva y erróneamente, en diversos ámbitos, simplemente se les describe como especuladores.
En la Cataluña empresarial, la estrategia prácticamente no existe, reina la táctica. Las compras de empresas sólo tienen sentido si hoy son financieramente rentables. La perspectiva de si lo será mañana, casi nunca se contempla. En esta Cataluña, Florentino Pérez fue considerado un “loco” cuando pagó 33 euros al Banco de Santander por algo más del 22% del capital de Unión Fenosa.
En cambio, un claro ejemplo de prudencia y buena administración fue la opa de Gas Natural a Endesa: la oferta fue de 21,3 euros (el 34,5% en metálico y el resto en cromos –intercambio de acciones–). Una oferta que, un poco más de un año después, sonroja. El ex ministro Montilla tuvo voluntad de resucitar el capitalismo catalán, no obstante, sus asesores no estuvieron acertados. No le explicaron de forma adecuada cómo se las gasta el mercado de valores cuando se quieren comprar tesoros a precio de baratija.
Complacencia
En Cataluña, una gran parte de la sociedad está sumamente complacida con la situación descrita. El mensaje oficial, no contestado por la oposición, es Catalunya va bien. Por primera vez, en muchos años, crece por encima de la media de la economía española. No obstante, este resultado me parece un espejismo. Es fruto de la combinación de la recuperación de la economía europea (afecta muy positivamente a la industria catalana) y del mantenimiento de una elevada inversión en construcción.
La pérdida continuada de competitividad (vía diferencial de inflación), la evolución del fenómeno de la globalización económica y la finalización del boom inmobiliario impedirán que ese eslogan pueda repetirse durante mucho tiempo más. No obstante, la economía en Cataluña no es importante y existe consenso político, económico y social en convertir el espejismo en realidad duradera.
Después de escribir las anteriores líneas, la envidia deja paso al remordimiento. ¿Y si el problema es mío? ¿Y si los principales actores del capitalismo catalán son unos renombrados jugadores de póquer y yo un pobre incauto? Estaría dispuesto a reconocer mi candidez empresarial si próximamente constato que Florentino Pérez es el caballo de Troya de La Caixa.
Si así fuera, a través de una múltiple fusión Unión Fenosa, Iberdrola, Gas Natural y, posiblemente, Aguas de Barcelona, la primera empresa eléctrica de España tendría control económico catalán. No tengo demasiadas esperanzas, aunque alguna queda. No obstante, esta operación sería una isla en el mar y, atenuaría, aunque no resolvería, los males endémicos del capitalismo catalán.
Gonzalo Bernardos. Director del Máster de Asesoría y Consultoria Inmobiliaria de la Universidad de Barcelona.
