Esta campaña electoral es otro ejercicio de hipocresía política.Promulgan lo que no cumplen, exigen lo que no ofrecen y sin sonrojarse mienten para llegar al poder. ¿Más de Montilla o Mas de lo mismo?
José Montilla, un magnífico político a la sombra, comete el error por algo de vanidad y mucho de necesidad, de salir de la sombra al sol, corriendo el riesgo de quemarse. Desde los tiempos del extraño Raimon Obiols que no veíamos algo tan difícil de entender como al candidato Montilla. Sin capacidad de oratoria ni de comunicación, siempre se dice de él lo mismo: «Es un buen gestor». Sólo faltaría que eso tampoco lo tuviera.
«El único andaluz sin salero», como dice un concejal de su partido en el Ayuntamiento de Barcelona, está unido sentimentalmente a la concejal de urbanismo de Sant Just Desvern, el municipio con el suelo más caro de Cataluña. Ambos dejaron sus matrimonios para vivir en común en un chalet valorado en más de 1 millón de euros y llevan a estudiar a sus hijos a la Escuela suiza. Todo un ejemplo de socialismo obrero, sólo comparable a Joan Clos cuando los domingos se va a comer al Bulli en helicóptero.
Los hijos de Artur Mas estudian en la escuela privada, nacionalista, catalanista y católica. La clásica escuela dirigida por una fundación a la que hay que rendir algo más que pleitesía. Conduciendo su Audi familiar, se presenta a su última oportunidad de gobernar con todas sus armas cargadas. Tiene tantos enemigos fuera como dentro de su coalición, pero Mas ha sufrido más derrotas que victorias y ha aprendido de ellas.
Aunque la valía personal de ambos candidatos está fuera de dudas, nada cambiará cuando alguno de los dos gobierne la Generalitat.Los libros de texto seguirán siendo de pago, continuarán las listas de espera de la sanidad, seguirán facilitando la especulación urbanística para financiar sus Ayuntamientos y hasta sus partidos, no sabrán resolver el problema de la inmigración ni les veremos coger el transporte público para ir a sus despachos.
Con ellos TV3 no será la nostra sino la suya, las listas electorales abiertas jamás existirán para mantener la soberanía en el partido político y no en el pueblo, y nos llenarán los buzones con su propaganda pagada por nosotros. Renovarán sus despachos a cargo de los presupuestos y colocarán a sus amigos, y hasta familiares directos, en cargos de confianza, como hizo Carod-Rovira con su hermano tras gritar durante toda la campaña de ERC «¡Mans netes!».
No queremos políticos que califiquen la aprobación del Estatut como «"histórica y magnífica», cuando sólo fue votado por uno de cada tres catalanes y la mayoría ni siquiera fueron a las urnas. Otra manera de hacer política es posible. Se atisban en el horizonte nuevas fórmulas como el Carmel- Partit Blau creado por algunos vecinos de El Carmel o Ciutadans-Partit de la Ciutadania apoyado por Nart, Boadella y Francesc de Carreras.
Todavía no se ha llegado en Cataluña al candidato populista como Ruiz-Mateos o Jesús Gil, ni al payaso provocador al estilo de Coluche y Leo Bassi; ni siquiera existe un movimiento que promulgue el voto en blanco como opción para contrarrestar la mal entendida política que se practica. Pero algo está cambiando. La clase política sabe que sólo cuenta con el apoyo del poder económico, el popular no lo tiene y lo pierde a diario por méritos propios.
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