El Grupo Zeta ha celebrado su treinta aniversario en el periodismo español, donde irrumpió el audaz Antonio Asensio con periodismo popular y decidido que ocupó y ocupa un lugar destacado en el arco editorial español de la mano de su hijo Antonio Asensio, que ayer presentó en el círculo de Bellas Artes de Madrid una espléndida exposición fotográfica de todos estos años de libertad. Años a los que se refirieron con claridad y determinación tanto el presidente Zapatero como el alcalde Gallardón, el primero señalando que todavía queda en la política española recovecos donde se arremete contra la libertad de expresión, y el segundo destacando la función obligada de contrapoder de los medios de comunicación para concluir que los políticos que no aceptan la crítica o la discrepancia no merecen la posición de la que disfrutan.
En el aire, y en los corros que siguieron al acto inaugural, hubo alusiones, y no es un farol, a la caza y captura del Diario de la Noche de Telemadrid, a manos de la reala de Esperanza Aguirre. Y Pepe Oneto, periodista emblemático del Grupo Zeta fue testigo de lo que aquí se dice, aunque lo importante de ese festejo era recordar los treinta años pasados y la memoria del fundador de Zeta, al que acompañaron en su larga travesía muchos periodistas importantes, algunos de los cuales siguen en el grupo y andaban por allí como Cesar Lucas, el mejor fotógrafo de España, Liso, Franco, Cerdán y otros que brindaron con sus invitados de postín, rodeados de de una panorámica de imágenes en blanco y negro en las que se podía adivinar, fotograma a fotograma, la película de los mejores años de nuestra vida en libertad. En los que ¡como no! también hubo bajas y abusos del poder como ocurre en todas las guerras, y en la mediática y la de la libertad con especial motivo porque en la sociedad comunicada en la que vivimos es muy difícil separar el periodismo de las intrigas del poder.
En España treinta años de empresa editora no es poca cosa, y Zeta lo ha conseguido y les quedan otros treinta por delante, y el reto de Asensio padre de abordar de una vez para siempre el campo de la televisión, desafío que está vivo para Asensio hijo quien a su vez está interesado en las aventuras de la modernidad, Internet incluido. Y, por lo que sabemos, ambas cuestiones figuran en el horizonte y la agenda inmediata del Grupo Z, de igual manera que a ellas aspiran otros competidores del sector, a sabiendas que el papel tuvo su tiempo dorado y que ahora estamos en la era digital y en los albores de un cambio tecnológico que será crucial para todos.
De igual manera que la batalla digital y de la modernidad en los medios es el gran reto de los editores de nuestro tiempo, en nuestro país está pendiente también la conquista del centro periodístico o de la independencia editorial y equidistante entre los dos mas grandes polos del poder mediático que lideran o apadrinan los grandes partidos de este país, el PSOE y el PP. Y está muy bien que el alcalde Gallardón hable de contrapoder y que el presidente Zapatero aluda a los problemas recientes de la libertad, pero ambos dos deben saber, y deberían luchar, porque en España existan parcelas del periodismo mas independiente y profesional —aunque les pese alguna vez— porque ese espacio que hoy están bastante deshabitado y lejos de las luchas partidarias e ideológicas es el que al final ofrecerá en el ámbito de la información, la cultura y el pensamiento, las mas altas cotas de libertad y de prestigio democrático a cualquier nación. Y en especial a un país como el nuestro que, una vez festejada —como se hizo ayer— la transición debería de empezar a festejar la plena democracia con la apertura de esa tercera vía de periodismo nacional, un terreno bastante inédito en el que Zeta debería de avanzar.

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