En la política europea se están dando a la vez dos fenómenos de signo opuesto que dibujan una pugna más allá del tradicional eje derechaizquierda. Avanza de manera inquietante la ultraderecha en varios países, combinando nuevo populismo y mensajes frontales relacionados directamente con la inmigración. Ala vez, entre los grandes partidos del sistema se registra una división entre aquellos que son capaces de renovar su armario de ideas y aquellos que quedan atrapados en las inercias y la falta de respuesta frente a realidades nuevas. Sirva como ejemplo el triunfo del conservador Fredrik Reinfeldt en Suecia. En las elecciones del pasado septiembre, este líder nacido en 1965 terminó con doce años de confiados y anquilosados gobiernos socialdemócratas mediante una renovación a fondo del Partido Moderado y sabiendo aprovechar las horas bajas de los adversarios, superados por el oficialismo, el desempleo y la complejidad de la nueva inmigración.

Reinfeldt anunció un plan ambicioso de reformas económicas, pero, a diferencia de los conservadores suecos de siempre, ha dejado muy claro que no quiere sustituir el modelo de bienestar nórdico porque lo considera bueno. Su propósito es modernizarlo mediante "más participación de los individuos". Lo más interesante de Reinfeldt es que no trata de cambiar la arquitectura del edificio, pero advierte que sus cañerías son anticuadas y poco útiles a una sociedad que nada tiene que ver con la de los años sesenta. Atento a esta distinción entre modelo básico y políticas concretas, también el conservador británico David Cameron, nacido en 1966, tratará de llegar al 10 de Downing Street con un giro centrista muy parecido al que tan bien le ha ido a su homologo sueco. "El público británico - asegura Cameron- no desea unos niveles de impuestos tan bajos como los de Estados Unidos, porque cree firmemente en la necesidad de una sanidad y educación universales al alcance de todos, y quiere el mejor Estado de bienestar posible". De él dicen que trata de hacer desde la derecha lo que hizo Blair desde la izquierda en 1997, la conquista del centro con mensajes que apelaban a la responsabilidad de la gente. En Francia, es la socialista Ségolène Royal quien más se atreve a revisar los viejos dogmas.

La Europa futura será la de los moderados o no será, provengan de la derecha o de la izquierda. Si los partidos centrales quedan colapsados entre la realidad y unas premisas caducas, las ofertas populistas tendrán mucho más oxígeno. Sería el atractivo perverso de la solución fácil y extrema. Sólo una derecha y una izquierda dispuestas a reformar para conservar podrán ejercer un liderazgo creíble.