EL RUNRÚN

Hallábame yo el otro día buscando alguna metáfora no usada para definir la campaña electoral, cuando oí a mi hija de diez años proclamar alegremente que era un pimiento del piquillo. Al punto, pareciome haberla oído mal, pero no dándole mayor importancia púseme a elucubrar sobre la fuerza metafórica de tan rico manjar. Diome por pensar que todas las fuerzas le ponen pebrots a la campaña por pura estrategia, pero que el pique que exhiben es pura boquilla. ¿Qué recordarán el 2 de noviembre? Dándole vueltas estaba a tan inútil asociación verbal cuando mi hija confirmome su identidad pimentera. Informeme, pues, de los motivos que habían convertido a mi amada vástaga en un pimiento, y dime de bruces con un imprevisto telón de esperanza lumínica que abríase paso entre las brumas espesas del desencanto. Alejeme, de inmediato, de la vacua retórica del debate electoral y centreme en algo más importante: la educación.

Pues sí. Todavía hay esperanza. Resulta que en el ciclo superior de primaria de la escuela Guinardó de Barcelona no todas las agrupaciones de pequeños energúmenos llevan nombre de animalito, vegetal o de viento. Un día a la semana las dos líneas se dividen en tres grupos flexibles que representan tres niveles de conocimiento y permiten reforzar asignaturas troncales como las matemáticas o el catalán dándole a cada alumno lo que más le conviene. Estos grupos intermitentes de, pongamos, 10, 22 y 18 alumnos también tienen nombre. Pero, a diferencia de los grupos oficiales de cada curso, de un lustro a esta parte sus nombres rompen los esquemas del campo semántico establecido por cuatro décadas de escuela laica, progresista y catalanista. De ahí que no se inspiren ni en la rosa de los vientos (xaloc,gregal,migjorn) ni en la guía del zoo (pingüins,espiadimonis,girafes) ni en el jardín botánico (esbarzers,alzines,farigoles). Los tres grupos flexibles de quinto de primaria se llaman, este año, pimientos del piquillo, una de bravas y gambas al ajillo. Tuti Comalat me informa de que el cambio de registro lo propuso hace seis años el experto en juegos Oriol Ripoll, a la sazón profesor del centro. El primer año la buena de Tuti les llamó patates fregides,porque le gustaban. El segundo año lo decidieron comiendo en un restaurante italiano, de modo que los tres grupos flexibles tomaron nombres procedentes de esa cocina (risotto di mare,carpaccio,pommodoro). Posteriormente, ha habido años inspirados por la cocina china (rotllets de primavera) o por el género del western (setè de cavalleria). A mi hija le ha tocado el tapeo porque este año Tuti, Anna y Roser, que son las maestras responsables de la iniciativa, debieron de pegarse un buen aperitivo. Bravo. Yo no digo que los espiadimonis no acerquen a los niños a la realidad, pero convendremos que unas gambas al ajillo resultan más, cómo decirlo, palpables. Ya sería hora de que desde la escuela activa se convirtieran en anacrónicosaquellos versos de L´home estàtic de Pau Riba "la senyora no l´entén / perquè és mestra d´una escola".Habiendo esclarecido con Tuti por qué mi hija es un pimiento del piquillo, tomeme unos a su salud, acompañados de gambas, bravas y cañas. Luego mireme con otros ojos los fuegos artificiales de esta campaña electoral tan desesperada.