Según Platón, las ciudades-estado griegas estaban situadas en torno al Mediterráneo como hormigas y ranas en torno a una charca; tenían libertad y autonomía, pero eran leales a Atenas. Las ciudades-estado ibéricas nunca han logrado aquella unidad; aunque entre los partidos del centro y de la periferia hay similitudes en financiación y conexiones en corrupción. El oasis de Cataluña se comunica con la meseta castellana y la clara charca griega donde se miraba Narciso aquí es una cloaca, un colector que une Madrid y Barcelona sin drenaje, sin desagüe; la política se estanca con la corrupción y la oligarquía de partidos. Lo extraño es que en vez de practicar el silencio, máxima virtud de las sociedades secretas, se acusan incluso en los parlamentos de cohecho, como sucedió cuando Maragall mirando a los ojos a Mas le colocó el capotillo o sambenito del tres por ciento.

El envilecimiento de la política configura en ambas ciudades la insidia entre partidos; en vez de callarse, se difaman. Los partidos catalanes deben un pastón a las cajas, que ellos mismos gestionan. «Solo la Caixa», dice un editorial de El Mundo, «ha repartido 28 millones». En la lucha electoral se gastan parte de dinero que deben en desprestigiarse unos a otros. Los publicistas utilizan el estilo Tarantino para deshacerse de los adversarios.

Es la propaganda que ahora se llama imagen. Y ya que hablábamos de los griegos, recordemos que la primera campaña de imagen fue la de Alejandro Magno; no se dejaba retratar más que por el escultor Lisipo o por el pintor Apeles, que le hizo al héroe un retrato ecuestre tan perfecto que los caballos reales relinchaban al ver a Bucéfalo pintado. Los papas, conscientes del poder del arte en la propaganda, contrataron pintores y los generales utilizaban la publicidad con tanta violencia que convirtieron a la verdad la primera víctima de la guerra.

En este año y en el que viene, el anillo de hierro, círculo del poder de los partidos, urdirá la gran temporada de la desinformación: convertirán cualquier anécdota en amenaza, transformarán a sus adversarios en dóberman o en gángsteres, utilizarán los trucos del prestidigitador, especialmente la hipnosis; lograrán que los ciudadanos se queden idiotizados con la mirada puesta en el péndulo de la morfología facial de Mas, de Montilla, de Piqué; como escribe Gabriel Cocimano, los semiólogos, los asesores de imagen, los encuestadores, son los encargados de elaborar el book de los políticos a semejanza de las modelos y las prostitutas. Es el retorno de los charlatanes que relegan a los votantes a un estado de ensoñación. Los candidatos no sólo compiten entre sí, sino con los de Gran Hermano y Operación Triunfo.

En un principio fue el dóberman, después el vídeo de FAES y ahora Confidencial CAT. Según el blog de Arcadi Espada, la impresión del espectador es inequívoca: una banda de mafiosos quiere hacerse otra vez con el reparto.

© Mundinteractivos, S.A.