La reciente afirmación del presidente gallego, Emilio Pérez Touriño, de que el AVE del Cantábrico «no es una prioridad», pronunciada en Taramundi, ante el silencio otorgante de Vicente Álvarez Areces, delata la trágica incoherencia entre los socialistas de este país, además de ser una demostración de hacia dónde le interesa mirar a Galicia.

Fue Pascual Maragall quien hace dos años sentenció, con el peso del tripartito catalán en Madrid, que se había acabado el tiempo de las infraestructuras radiales centradas en la capital de España, y que ya era hora de planificar las transversales.

A los que tendremos incompletas por mucho tiempo las obras radiales -AVE Madrid-Gijón-, o penalizadas como el Huerna por esos peajes que en Cataluña ya se están levantando, esta reflexión de Maragall nos parece un lujo.

Sin embargo, los hechos le daban la razón. Existe un eje mediterráneo ferroviario, con ampliación a Almería, y previsión también de enlazar con la frontera sur de Portugal, país que confía asimismo en el eje Lisboa-Oporto-Vigo- La Coruña. Existe, por otro lado, el anuncio de la ministra Magdalena Álvarez de crear un corredor que unirá la «Y» ferroviaria vasca con Zaragoza, Teruel y Valencia.

Pues bien, si estas líneas perimetrales o transversales no se completan con un corredor cantábrico, nos encontraremos de nuevo con una deficiente planificación que deja de lado al Principado. Asturias quedaría aislada entre dos ejes inaccesibles por vía ferroviaria: no llegaríamos al País Vasco, para tirar por el eje del Ebro, ni alcanzaríamos La Coruña, para tomar el potente eje del Atlántico, el de Portugalicia.

Evidentemente, a Touriño y al Bloque les importa mucho menos desembocar en Asturias que en Oporto. Lo malo del caso es que el presidente de la Xunta nos lo dice a la cara y Álvarez Areces le sigue la corriente y se queda idéntico. Su viejo amigo Touriño ha decidido que en Asturias nos quedemos otra vez colgados de la brocha.