Queda todavía mucho partido por jugar, de Jordi Juan en La Vanguardia
EL ESPECTADOR
A la espera de que hoy se pueda conocer alguna encuesta no tan favorable, todos los sondeos apuntan a una clara victoria de CiU el próximo 1-N y un retroceso de los socialistas, compensado por el aumento de Iniciativa. El efecto Montilla no parece que vaya a arrastrar a las urnas a los votantes socialistas que se abstienen en las elecciones catalanas pero votan con rotundidad al PSOE en las generales. Al final, puede que tengan razón aquellos que defienden que este elector no ve como algo suyo lo que acontece en el Parlament, independientemente de quién sea el cabeza de lista de los socialistas. Quienes pensaban que después de fracasos reiterados con Reventós, Obiols, Nadal y Maragall, un candidato no nacido en Catalunya como Montilla podía lograr que se movilizase todo el electorado socialista van camino de errar. Quedan dos semanas y no parece que el debate catalán frente a castellano pueda ejercer de acicate, como algunos han intentado. Mira por dónde, quizás el DVD promocional de CiU puede que acabe aguijoneando más a los votantes socialistas que la estrategia de Nicaragua.
Ante este escenario, una fácil conclusión sería pronosticar que Mas será el próximo president, bien con apoyo de los socialistas o de los republicanos. Además, del tripartito nadie quiere ni hablar y es ahora objeto de toda clase de anatemas por los propios muñidores del pacto, excepto ICV.
Es curioso que la única pata del trío que defiende la gestión del tripartito, más allá de los errores conocidos, es también la única que sube en todas las encuestas.
Pues bien, a pesar de todos estos mimbres, una reedición del tripartito es aún bien posible. Si PSC, ERC e ICV suman mayoría en la noche del 1-N, al margen de que CiU haya ganado por mucho o por poco, todo lo dicho anteriormente puede no valer nada. El PSC preferirá jugar la carta del tripartito y conservar la presidencia de la Generalitat antes que ser comparsa de Artur Mas. Esquerra vivirá un apasionante debate que puede acabar con cambio de liderazgo, según las resistencias que ponga Carod a la reedición del tripartito. El líder de ERC es el principal valedor de un pacto con CiU si la coalición gana de forma clara, pero es uno de los dirigentes que peor han reaccionado tras verse en el DVD de CiU.
Y finalmente, queda el papel de Zapatero. Como es bien sabido, el presidente del Gobierno no quiere saber nada más de tripartitos. En teoría, podía imponer su firmeza a la dirección del PSC, como ha hecho en los últimos tiempos: dimisión de Carod como conseller primer, reajuste del Estatut, acuerdo con Mas en la Moncloa, expulsión de ERC del Govern, adelanto electoral y sustitución de Maragall por Montilla. El 2-N, el PSC se puede cavar otra paletada más de tierra de su propia tumba aceptando un gobierno con Mas de president y pensando que lo de verdad importante es mantener el control de los principales ayuntamientos y la Diputación de Barcelona, así como garantizar la estabilidad para Zapatero. Veremos si tienen razón los que dicen que Montilla no plantará cara. Que pasen estos 15 días de campaña y empiece lo verdaderamente apasionante a partir del 2-N.
