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16 Octubre 2006

Phelps: “El Estado debe dar subvenciones a los trabajadores con salarios más bajos”, de Juan Llobell en Expansión

El flamante premio Nobel de Economía dice que “el Estado tiene que intervenir más donde es necesario intervenir”. Sobre Europa dice que su problema no es el Estado de Bienestar, sino la falta de “dinamismo”.

En pleno debate sobre las bondades de la renta básica –un salario generalizado para todas las personas sin recursos– en España y otros países, el nuevo premio de Economía, Edmund Phelps, tiene un mensaje: el Estado debe subsidiar los trabajos más precarios. “En los tiempos que corren, los trabajadores de bajos sueldos tienen muchas dificultades por cuestiones tecnológicas y por la competencia de economías como China e India. Por eso recomiendo que el Estado subvencione a los trabajadores con salarios más bajos para incrementar la demanda de empleos poco cualificados”, afirma el economista.

Su propuesta –que para el caso norteamericano se calcula que costaría cerca del 1,5% del Producto Interior Bruto (PIB)– tiene por objeto limar las desigualdades salariales y fomentar la integración social en el sistema capitalista. Pero Phelps no se considera un economista keynesiano: “mi propuesta se remonta a Pigou y es puramente estructuralista”. Tampoco se adscribe a la escuela neoliberal: “no me gusta el término neoliberal, ni soy un neoliberal”.

En realidad, Phelps, un profesor de la Universidad de Columbia de 73 años que no dispone de coche ni de casa en propiedad, es un pensador ecléctico. Asegura que “el Estado tiene que intervenir más donde es necesario intervenir” y que no está interesado en recortar el tamaño del Estado. Aunque, a renglón seguido, aclara que “estaría encantado de hacerlo con sus propias manos” pero que “no es el principal problema” de las economías occidentales.

Phelps, que de joven soñó con ser filósofo, vaticina que Europa no crecerá indefinidamente menos que Estados Unidos: “A medida que el desfase entre la productividad norteamericana y europea se hace cada vez mayor, será más fácil para el Viejo Continente crecer más rápidamente. Y en algún momento, el ritmo de crecimiento igualará al estadounidense”. Obviamente, cuando llegue ese día “el foso económico, que no deja de agrandarse, será enorme entre los dos bloques”. Un ejemplo: “el PIB per capita en Francia, Alemania e Italia era cerca del 95% del nivel americano en 1982 y ahora ha caído al 82%”. ¿Cómo se invierte la tendencia? “Yo haría grandes reformas en el continente, aunque no creo que el principal problema de Europa sea el Estado de Bienestar, sino una falta de dinamismo”. Y por dinamismo Phelps entiende “la falta de espíritu empresarial, el exceso de barreras y la ausencia de incentivos a la creación de empresas y las debilidades en el sector financiero”. Esta última cuestión le parece trascendental: “el sector financiero no es lo suficientemente bueno para destinar capital a las ideas más innovadoras. Yo revisaría todo el sistema financiero europeo”. En cuanto a España, economía que dice no conocer en profundidad, sostiene que “el boom de la construcción no es sostenible”.

Capitalismo
Con el tiempo, Phelps –que desarrolló sus ideas más celebradas sobre la interacción entre la inflación, el desempleo y el crecimiento y la tasa natural de paro en la década de los sesenta– ha centrado sus preocupaciones en el estudio del capitalismo, campo en el que se lamenta de la ausencia de teorías de fuste. “No tenemos buenos modelos sobre el capitalismo económico. Tenemos modelos muy buenos sobre economías agrarias sin innovación, sin creatividad, sin incertidumbre. Pero no teorías sobre el capitalismo”.

Pero el economista tiene sus intuiciones. Una mayor flexibilidad, dice, “ayudaría al Estado de Bienestar a sobrevivir”. Más que el peso del Estado, la clave está en el espíritu empresarial y en “innovar más rápidamente en la dirección adecuada”.

Recientemente, Estados Unidos ha perdido el liderazgo en los índices de competitividad internacional. Phelps no está preocupado: “Todos los imperios emergen y declinan. Creo que el siglo XXI será bastante bueno para la economía norteamericana pero no soy demasiado optimista para el siguiente siglo”. Y agrega: “China se convertirá en una gran economía en términos de PIB pero no está claro que la productividad china vaya a crecer lo suficiente como para dar alcance a la de Estados Unidos”. Bush no levanta pasiones en Phelps. “No me gusta la política de Bush porque no me gustan los déficit fiscales”. Y su reforma fiscal tampoco. “A lo mejor tenía que bajar algunos impuestos pero no subió ninguno paralelamente. ¿Qué tipo de reforma es ésta? Esto no es una reforma, es simplemente un recorte impositivo”.

Pese a que la tasa de ahorro es negativa en Estados Unidos, es optimista sobre la inversión: “Las corporaciones están invirtiendo claramente en sus trabajadores, en los mercados exteriores, en I+D, y ello se ve reflejado en las ganancias de capital y en las acciones en la bolsa. Si se mide la riqueza, ésta ha crecido muchísimo en EEUU desde 1995”.

Sus críticas a la política económica del Gobierno de Bush no le impiden distanciarse de la tesis tan extendida de que la clase media norteamericana está empequeñeciendo: “Es completamente equivocado pensar que la clase media en Estados Unidos está haciéndose mas pequeña. La clase media está floreciendo. Los inmigrantes se convierten en clase media en una hora, tienen sus propias casas y envían a sus hijos a Harvard”.

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