Catalunya es un país que ha convertido casi todo lo que sus ciudadanos encuentran en el campo sin pasar por caja en plato nacional, desde los caracoles hasta las setas, pasando por el tomillo (sopa de farigola)y las trufas. Será porque de las piedras sabemos hacer panes o porque, a la espera de que un día lo tengamos todo pagado, nos encanta de momento no pagar. Pero nuestros gobernantes llevan tiempo dándole vueltas a cómo ponerle un código de barras a los níscalos de nuestros bosques. En esta línea, Unió de Pagesos ha solicitado a la Conselleria de Medi Ambient que imponga un canon a los boletaires,pero, de momento, el conseller ha decidido aplazar su decisión hasta que madure.
No deja de ser curioso que nuestros gobernantes propugnen quitar peajes en las autopistas y nos los pongan en las setas. No deja de ser fascinante que el sindicato se queje de los impuestos del gasóleo agrícola y propongan que los hongos paguen tasas. Pero lo más desconcertante es que desde la televisión pública se hagan programas de divulgación como Caçadors de bolets,que son una invitación a echarse al monte a la búsqueda del rovellón perdido, mientras desde la propia Administración catalana haya quien esté contando los días que quedan para que el peaje madure en sus mentes recaudatorias.
En cambio, tiene razón el sindicato agrícola cuando advierte que los montes catalanes no tan sólo se han llenado de espectadores de TV3 que están convencidos de saber distinguir las llores de las llenegues,el carlets de los fredolics y los rossinyols de los peus de rata,sino también de depredadores de los bosques que han convertido esta actividad lúdica en una ocupación comercial, que mueve millones de euros y por la que no pagan impuestos. Pero además, estas setas que llegan a nuestros mercados por esta vía no están sometidas a ningún tipo de control, ni de garantía sanitaria, con lo cual cada año aumentan las intoxicaciones.
Si en los cuentos de nuestra infancia salían gnomos y elfos de debajo de las setas, cualquier día, cuando vayamos a cortar con nuestra navaja el pedicelo de un níscalo de ancho sombrero, encontraremos un inspector de Medi Ambient que nos dará un recibo. Ignoro, si en caso de impago, nos embargarán la segunda residencia. Tiempos hubo en que los hongos inspiraban a los poetas antes que a los funcionarios, como en aquel himno de Jaume Sisa que enaltecía a los buscadores de setas: Boletaires arrauxats / somiadors de l´endemà / cercadors de l´elixir / del bolet més exquisit.Ni las setas ni los poetas son lo que eran. Los funcionarios, sí.

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