Tras un análisis concienzudo de las últimas iniciativas y declaraciones de la Administración Bush, he llegado a la conclusión de que existe al menos un 10% de posibilidades de un ataque estadounidense contra Irán antes de las elecciones al Congreso del próximo 7 de noviembre y alrededor de un 90% de posibilidades de lo propio antes del término de su actual mandato en el 2008. En este artículo y los siguientes explicaré tal pronóstico, ilustraré las iniciativas en curso relativas a los preparativos de la guerra, analizaré sus consecuencias y, por último, abordaré las opciones que Estados Unidos ha de barajar si pretende tener éxito en la cuestión de Irán. Daré comienzo, pues, con mi pronóstico.
Doce años antes de aspirar a la presidencia, George W. Bush se esforzó en recabar el concurso de diversas personalidades religiosas fundamentalistas en la carrera presidencial de su padre. Cayó entonces en la cuenta de que alrededor de uno de cada cinco estadounidenses era la proporción de personas afines a este movimiento susceptibles de engrosar un segmento electoral favorable. Fue también entonces cuando George W. Bush atravesó la experiencia de un renacimiento que le permitió dejar atrás lo que él mismo describió más tarde como los vapores del alcohol que le habían atenazado durante toda su vida, de forma que alcanzó una luz o fe en el sentido de que había recibido una misión divina para combatir contra las fuerzas del mal y preparar la senda de un nuevo orden mundial.
En aquel momento sólo pudo vislumbrar vagamente en qué consistía tal misión, pero durante los años subsiguientes contó con la guía de algunos fieles de su padre, incluidos Dick Cheney y Donald Rumsfeld, que le introdujeron en un grupo ya existente que andando el tiempo se dio en llamar grupo de los neoconservadores y que, de hecho, ya disponía de un plan y de los objetivos correspondientes. El joven Bush abrazó ambos con ilusión y, cuando resultó elegido presidente, nombró a Cheney, Rumsfeld y a diversos neoconservadores para cargos clave de su Administración. Este grupo había promovido, de manera consecuente con su mentalidad e ideas, la acción militar contra ciertos regímenes de Oriente Medio durante los últimos 17 años. Y en tal vía persisten.
En el mismo núcleo de su doctrina cabe detectar que los neoconservadores adoptaron la noción de Leon Trotsky de la revolución permanente adaptándola a su propia ideología radical bajo el manto de guerra permanente...
Al igual que Trotsky (y luego Mao) habían alumbrado la idea de la revolución permanente, los neoconservadores encontraron en lo que ahora el Departamento de Defensa estadounidense llama la guerra larga el instrumento ideal para combatir y aniquilar tanto a los enemigos y elementos opositores extranjeros como a las voces críticas internas susceptibles de ser tachadas de antipatrióticas. Su doctrina se ha incorporado al documento Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos del 6 de marzo del 2006. El presidente Bush resumió sus imperativos el 16 de marzo del 2006 en estos términos: "Hemos decidido afrontar los desafíos en este momento en lugar de aguardar a que alcancen nuestro territorio. Aspiramos a remodelar el mundo, no meramente a ser remodelados por él; aspiramos a influir en los acontecimientos de manera beneficiosa y positiva en lugar de quedar a su merced". Y, tras identificar a Irán como parte del eje del mal,especificó que "de ningún país debemos esperar una amenaza tan importante como de Irán", ya que - acusó- Irán amenaza a Israel, apadrina el terrorismo, oprime a su pueblo y, sobre todo, se halla empeñado en hacerse con armamento nuclear.
La acusación relativa al armamento nuclear es la más grave.
Irán (junto con Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y otros países) firmó en 1968 el tratado de No Proliferación Nuclear (TNP). El tratado obligaba a los signatarios que aún no poseían armas nucleares a contener sus iniciativas en orden a su consecución, y a aquellos que ya las poseían a hacer esfuerzos para desembarazarse de ellas. Ni Israel, ni Pakistán ni India, ni Corea del Norte firmaron el tratado en tanto los países nucleares consolidados han reconocido de hecho su violación del tratado al conservar sus reservas de bombas nucleares, que, incluso, han incrementado. No está claro lo que hace actualmente Irán. Partiendo de lo que ahora se sabe, Irán no ha violado el tratado, aunque los expertos de los servicios de inteligencia conjeturan que está decidido a hacerse con armamento nuclear. El programa de su fabricación dio comienzo con la ayuda técnica prestada por Estados Unidos al régimen del sha, luego se suspendió y probablemente se reanudó más tarde. Los servicios de inteligencia estadounidenses coinciden en estimar que Irán dista de cinco a diez años de la consecución de armamento nuclear.
Los neoconservadores consideran asimismo que Irán constituye una amenaza para Israel y citan como prueba de ello las declaraciones del presidente Mahmud Ahmadineyad al respecto. Ahmadineyad negó necia e insensatamente la realidad del holocausto y criticó ásperamente la política israelí con respecto a los palestinos. Peor aún, calificó el sionismo de asunto acabado y pronosticó que Israel declinaría y caería. No obstante, erró al afirmar que Israel sería "borrado del mapa". Por más que él así lo quisiera, su país no puede lograr que suceda: Israel posee las fuerzas armadas más poderosas de Asia occidental, la segunda fuerza aérea en importancia del planeta y unas reservas estimadas de cómo mínimo 400 armas nucleares, en tanto que Irán posee un gran ejército pero inoperativo, una exigua fuerza aérea y carece de armamento nuclear.
Israel, además, actúa en estrecha cooperación con Estados Unidos, mientras que Irán carece de aliados sólidos y eficaces. Es un Estado que no representa una amenaza para nadie.
George W. Bush acusó a Irán de apadrinar el terrorismo. No obstante, Irán ayudó a Estados Unidos a derribar el régimen talibán en Afganistán y se ha mostrado congruentemente contrario a Al Qaeda. Es verdad que ha proporcionado dinero y armas a Hezbollah y ha sido blanco a su vez de ataques terroristas, de los que acusa a Estados Unidos.
Por último, y aunque el régimen fundamentalista iraní es un régimen opresor, en ello no se distingue de otros que la Administración Bush apoya calurosamente. Y, a diferencia de Arabia Saudí, Egipto y Uzbekistán, su Gobierno constituye el producto - según el baremo de la región- de unas elecciones razonablemente libres. De hecho, la mayoría de los observadores cree que si se celebraran nuevas elecciones en este momento, volvería a ser elegido de manera abrumadora. Por tanto, aunque el presidente Bush tiene razón al decir que su Gobierno niega el derecho de su pueblo a vivir como los estadounidenses estiman que debería poder vivir, lo ha hecho con el consentimiento de sus gobernados.
¿Por qué, por tanto, pronostico un ataque estadounidense contra JAVIER AGUILAR Irán? La respuesta se compone de los mismos ingredientes que acabo de describir: la creencia de Bush de haber recibido una misión divina que debe cumplir antes de que finalice su mandato presidencial - y acaso antes de las próximas elecciones al Congreso- le enardece ante la eventualidad de que pudiera verse en apuros su margen de maniobra; su impresión de que sus propios servicios de inteligencia puedan estar informándole erróneamente, en el sentido de que Irán en realidad esté a punto de hacerse con el arma atómica, azuzando el terrorismo en Oriente Medio, y signifique una amenaza contra la existencia de Israel; y, por último, su convencimiento de que posee la autoridad necesaria para actuar, otorgada por la ciudadanía estadounidense en dos convocatorias electorales y comprobada con ocasión de la aprobación del Congreso de su guerra contra Afganistán.
En mi próximo artículo abordaré sus iniciativas para poner en práctica su política.

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