Después del maremoto del Estatuto llegan las elecciones autonómicas de Cataluña con una foto fija que reproduce las primeras encuestas sobre el resultado anterior, lo que deja las cosas como estaban y, salvo un gran salto hacia delante de CiU que permitiera una coalición con el PP, nada nuevo aparece en el horizonte catalán, donde tampoco asoma la nueva formación Ciudadanos de Cataluña, que se ha dejado ver demasiado de la mano de los medios más escandalosos de la derecha —El Mundo y la COPE— lo que les ha restado credibilidad a pesar de su audacia y buena intención.
Si los resultados llegan como se dice que van a llegar, con CiU por delante del PSC y con la Esquerra otra vez con la llave de la gobernabilidad en sus manos, la única de las novedades posibles sería la llegada de la gran coalición CiU-PSC, cumpliéndose así los cálculos de Zapatero y el pacto que estableció con Mas para la reforma del Estatuto que previamente había aprobado el Parlamento catalán. Una posibilidad esta del pacto entre los dos grandes partidos que en cierta manera limitaría el alcance del Estatuto soberanista y los posibles efectos de su plena aplicación, mientras llega el veredicto final del Tribunal Constitucional, que algunos recortes deberá imponer a su desvarío.
En realidad Cataluña —como lo hizo Alemania— necesita la gran coalición para serenar la vida política y poner un poco de cordura sobre la estela de disparates del Gobierno tripartito de Maragall, la víctima anticipada de estos comicios y la persona que con toda seguridad se opondrá a la gran coalición, incluso a riesgo de provocar una crisis en el seno del PSC, donde Montilla aparece como un líder de poco fuste y con cara no querer ser el primer presidente charnego de la Generalitat.
La otra alternativa sería el regreso del famoso tripartito, con o sin Carod en el centro del nuevo Gobierno y siempre en línea con un nacionalismo de izquierda con el que ERC buscaría su segunda oportunidad, una vez que sus escándalos y despropósitos dieron de esta coalición la imagen de un partido que no está preparado para gobernar. El hecho de que ERC perdiera varios escaños podría ser, en cierta manera, el argumento central para que Puigcercós —que se ha quitado el pelo de la Masía en Madrid— quitara el liderazgo a Carod en pos de una etapa más moderada de los independentistas, que no descartan la posibilidad de ensayar un Gobierno con CiU si ambas formaciones estuvieran decididas a iniciar, a lomos del Estatuto, una cabalgada en pos de la independencia. Aunque esta posibilidad carece de plenos apoyos en CiU, y no sólo por parte de los seguidores de Unió sino también por los convergentes, que temen las consecuencias del abrazo del oso de ERC, por eso sería tanto como legitimar a los radicales que están en el origen de su pérdida de control del poder de la Generalitat.
El PP, al día de hoy y salvo la mencionada sorpresa de gran salto de CiU, está en el muy difícil papel de convidado de piedra al festín catalán, sin posibilidades de pacto y sin que su oposición españolista al Estatuto les ofrezca la menor compensación en estas elecciones, bien porque Piqué estuvo un tanto ambiguo, como lo denuncian en Madrid sus detractores del PP, bien porque Piqué paga en sus candidaturas la bronca de los más aguerridos y extremistas comunicadores y dirigentes de su partido. Pero en todo caso dando, esta vez sí, la sensación de que los grandes partidos que apoyaron el Estatuto son a fin de cuentas los que reciben el mayor número de votos y escaños.
En todo caso, de lo que ocurra en Cataluña va a depender también la estabilidad de los Presupuestos del 2007 y del propio Gobierno de Zapatero en Madrid, sobre todo si por una carambola nacionalista el nuevo Gobierno fuera integrado por CiU y ERC, lo que dejaría al PSOE fuera del Ejecutivo catalán y a Zapatero pendiente de un pacto que se haría cada vez más difícil con un Gobierno exclusivamente nacionalista y radical.
Hay que esperar, sólo faltan quince días, y la campaña acaba de comenzar con ventaja de CiU en las encuestas y en la iniciativa con su vídeo sobre el tripartito que ha dejado en evidencia a sus competidores y a remolque de este desafío de Artur Mas. Veremos si hay nuevas sorpresa, si ERC mantiene un discurso de bajo perfil, si Montilla consigue levantar su liderazgo y si el PP aguanta el tirón de los quince escaños, lo que sería todo un triunfo para Piqué, por más que deje al Partido Popular más o menos como está. Porque si el PP encima pierde votos y varios escaños entonces su deterioro catalán le afectaría de lleno a Rajoy, confirmando que en Cataluña y en las próximas elecciones generales el PP no podrá alcanzar los votos y escaños necesarios para poder aspirar a convertirse en alternativa nacional a Zapatero. Y si en Andalucía los populares también se excluyen del pacto del Estatuto y del referéndum andaluz, entonces a Rajoy sólo le quedará Madrid y una muy remota oportunidad para remontar una alta montaña que tiene en su base el ruidoso e incierto oasis catalán.

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