IDEAS Y DEBATES

Toda la herencia profesional desde finales de la I Guerra Mundial hasta el estallido de la II Guerra Mundial nos enseña que ésta comenzó porque la Primera no había llegado a su auténtico fin. Se sabe hoy y se admite -lo cual no es lo mismo-que el fascismo italiano, el nazismo alemán, e incluso -aunque en menor grado-la Dictadura del general Primo de Rivera en España fueron movimientos ultranacionalistas que tuvieron sus raíces en las peculiaridades de este período de entreguerras. De todos estos movimientos, el más brutal tuvo lugar en la Alemania de Hitler, buscando una coartada en el propósito de luchar contra las Reparaciones -cantidades fijadas en Versalles como pago de los desastres de la Guerra-y atizando el combustible que suponía la exasperación patriótica de las clases medias.

Aquel juego de pasiones y exageraciones patrióticas, cargadas de visiones simples y exentas de racionalidad, llevaron al año fatídico de 1939, con un estallido universal que duraría seis años. Durante años se había abonado el terreno para que estallara un conflicto mucho más agudo y aún más dramático que su inmediato precursor, que había terminado en falso en 1919.

Seguramente por el recuerdo amargo de la ineficacia de las grandes potencias para hacer frente a las necesidades económicas y financieras de una Europa devastada y que habían quedado patentes en el Tratado de Versalles, surgió un inesperado gesto en Estados Unidos, justo poco antes de finalizar la II Guerra Mundial. Ello ocurrió en unas sesiones de la conferencia de Bretton Woods, en las que se tomaron los acuerdos decisivos de creación del Banco Mundial de Reconstrucción y Desarrollo y del Fondo Monetario Internacional.

Hoy sabemos que por Gran Bretaña acudieron John Maynard Keynes y Roy Forbes Harrod; sabemos también que en el viaje de regreso a la martirizada Gran Bretaña, Keynes le dijo a Harrod, "creo que nos hemos equivocado, hemos fundado un Banco al que llamamos Fondo y un Fondo al que llamamos Banco".

Economistas profesionales
Pero esta equivocación a la hora de rotular las dos instituciones famosas no ha obstaculizado que todos los economistas profesionales sepan de qué se habla; es cierto que al decir economistas profesionales no dejamos de tener en cuenta, por ejemplo, al anterior director gerente del FMI, el francés Michel Camdessus quien, entre otras cosas, es un especialista reputado en la doctrina de Santa Teresa de Jesús. En época más reciente, más allá del aura de Michel Camdessus, se intenta seguir la estela de John Maynard Keynes, aunque sin mucho éxito, caso de algún economista diplomado, pero en muchos aspectos aficionado, como es el de don Rodrigo Rato Figaredo, Me place señalar que el actual director gerente del Fondo tiene la figura profesional que llegó a tener Keynes. Sí, don Rodrigo, que la modestia, incluso cuando se trata de Keynes, es de recibo e incluso de euforia.

En estos últimos días no dejo de leer los juicios apasionados de John Stiglitz abogando por una inmediata unificación del FMI y del Banco Mundial. Algo sabrá el profesor Stiglitz cuando en su día le fue otorgado el premio Nobel de Economía. Nose extrañe, pues, don Rodrigo, si los adversarios de la satrapía del Fondo Monetario Internacional llegan a sorprenderse al observar la creación de una nueva dirección general en el Fondo, pensada para el señor Jaime Caruana, hombre de mullidos descansos.

Fabián Estapé - Economista