De cómo Él la lleva por las estepas de la poesía asiática y Ella le devuelve al terreno menos épico de la política, de Luis María Anson y Cayetana Álvarez de Toledo en El Mundo
DOS EN LA CARRETERA
El intercambio epistolar de hoy se inicia lejos del oleaje de la política, en los plácidos estantes de una biblioteca. Él enumera y valora los últimos libros que han caído en sus manos y Ella le promete regalarle el análisis comparado de John Elliott sobre el imperio británico y el español. Sin embargo, la digresión literaria enseguida se cierra, interrumpida por el abrupto fragor de la política, Él cree que Zapatero ha puesto patas arriba el valioso legado de la Transición. Ella considera una traición las cesiones a ETA. Y entretanto se deslizan entre líneas Natalia Verbeke, Orhan Pamuk y Jason Robards.
NO SOLO DE POLITICA VIVE EL HOMBRE
Querida Cayetana...
Como no sólo de política vive el hombre, te diré que la pasada semana, con esa manía mía desde los 15 años, cada día un libro, he leído Dame tu llave, de Leticia Bergé, una poeta sorprendente de 14 años que publica desde los 11 y ha deslumbrado a Caballero Bonald, a Gimferrer, a Luis Alberto de Cuenca. Dediqué a sus versos varias canelas desde su primer libro. Dame tu llave es el mejor.
Me envía Loewe un ensayo de Vargas Llosa titulado En torno a la poesía, prologado por Luis Antonio de Villena. Mario, que nunca publicó un verso, toca con los dedos el lecho de la poesía y se muestra sagaz y brillante como siempre. Me enorgullece sentarme a su lado en la Real Academia Española con mi admirado Emilio Lledó al otro lado de la mesa.
He leído con premura Sobre la belleza, la última novela de Zadie Smith, una historia enervante con el campus como fondo, llena de sutilezas estéticas y políticas. También filosóficas. No es mejor esta novela que Dientes blancos, pero veremos qué dice la crítica sabia.
Me ha impresionado Jean Meyer en su robusto libro La gran controversia, sobre la absurda separación de católicos y ortodoxos. No sé si la obediencia al Papa se puede superar, pero el dogma de la inhabitación es un bizantinismo. Estudié con detenimiento el asunto para llevar una propuesta de definición al pleno de la Real Academia Española. Meyer simplifica un poco las cosas pero no se aparta del rigor científico en su análisis.
He bebido a sorbos Tara, de Elena Medel, a cuyo Mi primer bikini dediqué una canela, a pesar del título. Hay aliento poético, hay imaginación y hay ternura en el verso en prosa de Elena Medel. Tara es un libro desigual. Me quedo con sus aciertos, que son muchos, y dejo sus endebleces para los críticos.
Alberto Manzano ha hecho una meditada versión de Libro del anhelo, de Leonard Cohen. Sus versos son provocadores, irónicos, rompedores, desengañados. Me he divertido leyéndolos, pero no es eso lo que a mí me atrae más de la poesía.
Ayer por la noche tenía preparado para completar la semana El atroz desmoche, de Jaume Clavet, que me satisface siempre leer libros sobre los desastres de Franco, el dictador que me envió al exilio en 1966. No le metí el diente al libro porque cometí el error de ponerme a leer antes la página editorial de El País; me invadió un sopor invencible y me quedé profundamente dormido.
Bueno, Cayetana, aunque no sólo de política vive el hombre, me ha gustado mucho la síntesis que ha hecho Acebes del partido de fútbol Cataluña-Euskadi, un desmadre institucional alarmante. «Ésa es la España de Zapatero», ha dicho tu jefe. Y es verdad. Los polvos desordenados de Zapatero han engendrado estos lodos. Y los que están por venir.
Querido Luis María...
Tu voracidad pantagruélica resulta prodigiosa, inquietante, abrumadora. No es broma. «Cada día un libro desde los 15 años»: 365 libros al año multiplicado no quiero adivinar por cuánto. Tú solito -ayudado tal vez por el enciclopédico y memorioso Pedro García Cuartango- has contribuido a incrementar varios puntos el índice de lectura de la población española, que sigue por debajo de la media europea. Los españoles compran libros pero no los leen. Se abalanzan sobre las casetas blancas de la Feria del Retiro, hacen horas de cola ante el autor de moda. Sin embargo, los volúmenes que cargan como tesoros ocultos en bolsas recicladas de El Corte Inglés se devalúan en cuanto atraviesan la puerta de casa. Muchos libros acaban acumulando polvo y olvido junto al reloj despertador o sirviendo de pedestal de la pecera en un rincón del salón.
He conocido tu impresionante biblioteca: una muralla de libros perfectamente ordenados por origen, género y autor; mezcla de almacén literario y santuario de incunables. Me hablaste de tu devoción por San Juan de la Cruz, de tu debilidad por Lorca y de tu amistad con Neruda. Me enseñaste algún ejemplar curioso de Borges, por eso de que soy medio porteña. E incluso me dejaste tocar una primera edición frágil y mágica de El Quijote, revisada por el propio Cervantes. ¿Qué puedo recomendarte yo a ti, que lo has leído todo? Conoces mucho mejor que yo los monólogos agrios y trastornados de Thomas Bernhard, la inteligencia de ida y vuelta de Chesterton y la poesía carnal y nostálgica de Jaime Gil de Biedma. Me limitaré a invitarte a la presentación, el miércoles en Madrid, del último libro de sir John Elliott, biógrafo del conde-duque de Olivares, impulsor de la historiografía transatlántica, y uno de los grandes hispanistas de nuestro tiempo. Hace varios años, cuando me recibía en su despacho pequeño y luminoso de Oxford para hablar de la primera Rebelión de los Catalanes, la de 1640, ya estaba trabajando en esta imponente historia comparada de los imperios de España y Gran Bretaña en América. Es una obra maestra: entretenida, equilibrada, tejida de matices y escrita sin otra pretensión que la claridad y la precisión. Si te apetece, te la regalo.
PAMUK Y LA ALIANZA DE CIVILIZACIONES
Querida Cayetana...
No tienes razón. No he leído casi nada. Me di cuenta hace tres años de mis lagunas literarias cuando descubrí el Manas, el gran poema épico de Asia Central. Tuve que acudir a Federico Mayor Zaragoza y a Inocencio Arias para conseguir versiones rigurosas del libro. Los especialistas en literatura de la Kirguizia llaman al Manas la Iliada de las estepas. En mi círculo de amistades literarias nadie había leído el Manas. Yo lo desconocía completamente, a pesar de mis largas estancias en tierras asiáticas, cuando escribí mi libro El grito de Oriente. Pues resulta que la UNESCO declaró 1995 el año de Manas, al cumplirse su milenario, cosa que no ha pasado en 2005 con el año del Quijote.
Por cierto, que el Manas narra, entre mil historias, la de una doncella guerrera llamada Saikal, es decir, Cayetana, que se fue a luchar contra los elementos al lado de su jefe Acebes, por las tierras del sentido común, de la prudencia y la moderación: mi Cataluña querida. Asombra en qué poco tiempo se puede destruir la obra de la Transición. En tres años, Zapatero nos ha devuelto a la tensión de las dos Españas, ha resucitado a ETA, que era sólo un cadáver de cuerpo presente, ha topado con la Iglesia y nos ha alineado internacionalmente con el tercer mundo.
Redacto esta carta cuando la radio da la noticia de la concesión del premio Nobel a Orhan Pamuk. El Cultural digital, de forma casi instantánea, ha hecho un alarde de conocimiento del personaje y su obra. Se ha comido crudas a todas las publicaciones especializadas de nuestra área cultural. La obra de Pamuk, que no conozco bien, demuestra las dificultades de la alianza de las civilizaciones y evidencia contradicciones, que por mucho tiempo serán insalvables, entre el Islam y el Occidente del siglo XXI. Claro que la gran autoridad intelectual de Zapatero y su prestigio en el mundo de la alta cultura pueden solucionarlo todo.
Acepto tu regalo, Cayetana, y leeré el libro de Elliott sobre los imperios español e inglés, siempre y cuando tú me aceptes una invitación a almorzar para que pueda yo escuchar lo que piensas sobre una época histórica que conoces mejor que nadie. Que no sólo de trabajar para el PP vive la mujer inteligente.
Querido Luis María...
No abuses. Que leas un libro al día, vaya y pase; pero lo de blandir La Iliada de las estepas asiáticas me parece demasiado. Como sigas por ese camino, tendré que recurrir a los versos del viejo Vizcacha, depositario de todos los vicios y pésimas costumbres de la estepa sudamericana. En su universo de páramos amarillos y gauchos tuertos en sórdidas pulperías no hay cándidas saikales de aspiraciones heroicas; sólo trapicheos y traiciones consumadas al amparo de la viveza criolla.
Volvamos por un momento, pues, al terreno menos épico de la política, que esta semana nos ha dejado varias estampas memorables: la carcajada limpia de un asesino a punto de salir a la calle, la venganza helada de un ministro despechado, el ridículo madrileño de un tucán desplumado, y la imagen de un pacifista de quita y pon, de pie ante la bandera del imperio de la guerra.
Han sido días intensos y en muchos sentidos reveladores. No te aburriré con los detalles de nuestra visita a Cataluña. Sólo te diré que «el sentido común, la prudencia y la moderación» que tanto añoras han capitulado ante la irracionalidad y la intolerancia. La violencia ha arrasado el pedregal preelectoral. El nivel de hipocresía y cinismo exhibidos por los integrantes de la orquesta nacionalista/socialista ha sido lamentable: primero sonaron los violines de las condenas con matiz adosado y, después, el bombo de la metamorfosis, a golpe de manipulación, de los agredidos en agresores.
Y si el secuestro de Martorell ha alzado el telón sobre la ausencia de libertad en España, la acartonada liturgia de la Fiesta Nacional ha sido profanada en beneficio de una banda terrorista. Zapatero, canapé de langostino en mano, pisando alfombra en Palacio, le ha dicho a ETA que no se preocupe. Que la Ley da igual. Que basta con que Batasuna presente unos estatutos nuevos y se busque otro nombre (¿Izquierda Abertzale?) para sentarse a la mesa donde se diseñará el futuro de España. Con Zapatero, el brazo político de una banda terrorista puede copar las instituciones, financiarse con nuestros impuestos y decidir en qué modelo de país -Nación de naciones, Estado confederal o Reino de taifas- vamos a vivir. Es un disparate, Luis María. Y una traición.
EN TVE OCULTAN LOS ABUCHEOS A ZAPATERO
Querida Cayetana...
No te falta razón en lo que dices. Zapatero, entre la idiocia y la malignidad, es el caballo caracoleante que entró a galope tendido en la frágil cristalería de la Transición. Lo está haciendo todo añicos. Debería, eso sí, afinar en la manipulación. Alfonso Ussía ha escrito un espléndido artículo sobre la pirueta del desfile militar el día de la Fiesta Nacional. Abuchearon las buenas gentes a Zapatero y las cámaras de TVE enfocaron al Rey para que los espectadores creyeran que la repulsa popular se dirigía contra el Monarca. ¡Qué torpeza! Zapatero llamó a Moncloa a los autores del desaguisado y les echó un broncazo. El presidente por accidente les recriminó que se hubieran quedado a medias. Faltó que durante las ovaciones que Don Juan Carlos recibió las cámaras hubieran encuadrado a Zapatero. Así, todo en su lugar descanso. El Rey abucheado, el presidente aplaudido.
Zapatero I el de las mercedes, además de manipular la televisión hasta extremos de sainete -Bono dixit- está rindiendo al Estado en Cataluña y en el País Vasco, ante ETA y ante Inglaterra en Gibraltar, con la Constitución desfigurada, la ciudadanía atónita, la Transición descompuesta.
Dile a Acebes, niña de rubia inteligencia, querida Cayetana, guerrera y recental, que se deje de monsergas y te lleve de una vez al teatro, como Dios manda. Si os queréis divertir, al Lara, no al del Avui, sino al Lara de verdad donde Eduardo Galán triunfa con La curva de la felicidad, una comedia que es un recreo para la sonrisa y el buen humor. Si queréis presenciar un gran espectáculo teatral, al Valle-Inclán, el antiguo Olimpia, con las Divinas palabras de Gerardo Vera y una Julieta Serrano asombrosa. Ah, y no os olvidéis del Festival de Otoño de este año, un alarde de acierto e interés.
Querido Luis María...
Vale, acepto el desafío: intentaré que Acebes me invite al teatro y, si no lo consigo, lo llevaré yo a él al estreno de la película GAL. Me han dicho que Natalia Verbeke está maravillosa en versión voluptuosa de Melchor Miralles. Y que Pedro J., cuando le presentaron al actor que interpreta al director de EL MUNDO, le dijo: «Encantado de conocerme». No sé si es lo mismo que comentó Ben Bradlee cuando conoció a Jason Robards. Qué vueltas da la vida, Luis María: el mismo partido, incluso las mismas personas que en su día encubrieron políticamente el asesinato de Lasa y Zabala hoy negocian con sus compañeros etarras los términos de la rendición del Estado. Y Blanco, erre que erre, con que el PP torpedea la paz.
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