¡Ojo, el IBEX engaña!, de Pere Viñolas en La Vanguardia
Llevamos unas semanas con el Ibex desbocado. Desde julio ha subido lo que no había hecho en el primer semestre, casi un 25%, y todo ello al calor de operaciones corporativas reales o imaginarias, con toda la carga mediática asociada. Como resultado, la bolsa ha invadido de nuevo las portadas, y se han sucedido con vértigo las sorpresas sobre opas y contraopas. La guinda la ha puesto la ruptura del máximo histórico del índice, alcanzado en pleno auge de la burbuja tecnológica a principios del 2000. Después de un tiempo de tristeza, volvemos a las alegrías, llevamos varios años con subidas del orden del 20% y las revalorizaciones se suceden. Frente a ello, el inversor y el observador arquean las cejas y no pueden más que pensar: "ja hi tornem a ser..."
Sin embargo, el Ibex, a diferencia del algodón, nos está engañando. Con toda la parafernalia del glamour mediático de las operaciones corporativas anunciadas, de los máximos históricos y de las subidas repentinas, nos está trasladando una visión distorsionada de lo que está sucediendo en la bolsa, impregnada de irracionalidad y extravagancia. Es bueno que desenmascaremos algunas de las falsas realidades del Ibex este año.
Empecemos por las revalorizaciones del 20% y los máximos históricos.Supongamos que un índice está en 100, cae un año un 60% y luego sube dos años un 60% cada uno. ¿Estamos mucho mejor que al principio? No, estamos más o menos como al principio (en 102.4, dice la calculadora). Algo de eso le sucede al Ibex, los porcentajes también engañan. Por lo que respecta a los máximos históricos, no se trata de un problema matemático, es un tema económico. Si hablamos de historia, la bolsa tiende a seguir la senda de los beneficios empresariales y de la economía en general, que muestran tasa medias de crecimiento nominal del 8-10%, en buena medida impulsados por la inflación. Es decir, dibuja una línea con pendiente positiva, no plana. En ese contexto, batir máximos históricos no debe ser algo extraordinario, si no recurrente. Si no lo ve así, piense en el salario de un empleado de banca, en el recibo de la luz o en la factura del supermercado. Verá que marcan permanentemente máximos históricos.
De todos modos, la mayor falacia del Ibex es que está proyectando la imagen de que la bolsa en general sube de forma muy exagerada y sin una base racional. En realidad, la bolsa española no representa más que un pequeño porcentaje de la bolsa mundial, y en general, ésta está mostrando un comportamiento mucho más razonable. En las bolsas europeas y en la americana las revalorizaciones de este año superan de forma modesta el 10%. Por otro lado, son subidas sólidas, al amparo de tipos de interés estables, crecimientos sólidos de la economía e incrementos de beneficios de las empresas relevantes, parecidos a los de la propia bolsa. Si la bolsa siguiera un patrón racional, se comportaría de forma bastante parecida a como lo está haciendo en la mayoría de países. Por último, los indicadores de carestía de los precios no son preocupantes. Con precios -Pers-que suponen 15 veces los beneficios de las empresas, la situación no se parece a los alegres días de la burbuja tecnológica, es razonable. No existen los indicios de lo que se dio en llamar exuberancia irracional.
En resumen, si usted es un inversor que se está planteando invertir en bolsa, no deje de hacerlo por lo que dice el Ibex. La realidad es más compleja y más interesante. Si ya está en bolsa y lo está de forma diversificada, quizás hallará consuelo en estas líneas: si su cartera no ha subido un 20% , sino que apenas ha subido un 10%, su gestor no está equivocado. El que se equivoca es el Ibex.
Pere Viñolas - Cons. Dir. gral. de Riva y García
