Antes de recibir un micropréstamo de 100 dólares para ampliar su negocio de tortillas, Ana Ruiz, de Nicaragua, vivía en una choza hecha de trozos de madera con sus ocho hijos. No tenía ningún mueble excepto su mesa de trabajo, y sus hijos nunca tuvieron ni zapatos ni la oportunidad de asistir a la escuela. Después de su segundo préstamo, Ana logró enviar a los cuatro mayores a la escuela y compró ocho sillas de plástico para que sus hijos no tuvieran que sentarse en el suelo. «Ahora los pequeños pasan el día corriendo», cuenta Ana. «Se acuestan temprano porque están cansados de jugar, no porque estén débiles.»
Nosotros conocemos miles de historias como ésta en Bangladesh y alrededor del mundo. Nuestra experiencia se compone de casi tres décadas de innovaciones en el microcrédito, el proceso de conceder pequeños préstamos a gente pobre para que puedan comenzar o ampliar sus pequeños negocios. Nuestras organizaciones, el Banco Grameen y el BRAC (Comité Bengalí para el Progreso Rural), actualmente tienen una clientela de 7,6 millones beneficiarios de microcréditos, que alcanzan así a más de 38 millones de personas si se tiene en cuenta a los miembros de esas familias. En resumen, nuestra política es que los muy pobres puedan beneficiarse de microcréditos.
Por esta razón tenemos grandes esperanzas en una nueva ley estadounidense que dicta que la mitad del presupuesto para ayuda exterior llegue en forma de micropréstamos a los más pobres, así como en la creciente presión por parte de más de 70 miembros del Congreso y más de 600 parlamentarios alrededor del mundo que están urgiendo al Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, al Banco Mundial y a los bancos regionales de desarrollo para que se sumen a esa ley.
¿El microcrédito funciona para todos? No. ¿Es una panacea? No. ¿Es el instrumento más poderoso que hemos desarrollado hasta la fecha para ayudar a multitud de personas entre los muy pobres -los que viven con menos de un dólar por día- a salir de la pobreza con dignidad? ¡Absolutamente!
La primera vez que nos enfrentamos a este tipo de controversia fue cuando pusimos en marcha los microcréditos para llenar un vacío en el ámbito de acción de los bancos. Los pobres no podían tener acceso al capital por medio de los bancos tradicionales. Así que, cuando los bancos prestaban a los ricos, nosotros prestábamos a los pobres. Cuando los bancos prestaban a los hombres, nosotros prestábamos a las mujeres. Cuando los bancos daban préstamos grandes, nosotros otorgábamos préstamos pequeños. Cuando los bancos requerían garantías subsidiarias, nuestros préstamos eran concedidos sin aval. Todo esto lo logramos con éxito, pero los banqueros aún se muestran escépticos.
Ahora la controversia regresa, cuando nos dirigimos a un fracaso en el área del desarrollo: la imposibilidad de alcanzar a los muy pobres. No se puede decir que el desarrollo es un éxito cuando más de 29.000 niños mueren cada día de malnutrición y de enfermedades que en gran medida pudieran ser prevenidas, y cuando más de 120 millones de niños en edad escolar no asisten al colegio.
Además del progreso político y social de las mujeres, los estudios demuestran un efecto positivo en la salud, la sanidad, la planificación familiar, la mortalidad infantil, la calidad del agua potable, el estado de la educación de los niños y la calidad de las viviendas. El 5% de las familias que participan y suscriben préstamos de un programa de microcrédito logran sacar a sus familias de la pobreza cada año.
Constantemente estamos buscando maneras de llegar a clientes más y más pobres. Recientemente, el BRAC puso en marcha un nuevo programa para los extremadamente pobres, en el cual comenzamos con transferencias de recursos (dando vacas y cabras). Este año el Banco Grameen comenzó un programa que da préstamos a mendigos. Ya hay más de 9.000 beneficiarios en este programa, en el que el importe medio del préstamo es de 10 dólares.
Si los expertos de Nueva York y Washington vivieran en Bangladesh, tal como nosotros hemos hecho los últimos 50 años, quizás ellos también se darían cuenta de lo que es posible y necesario en las vidas de los muy pobres.
Este artículo de Mohamed Yunus, firmado junto a Fazle Abed, es un extracto del prólogo del libro Algo más que historias. Inmigración y microcréditos, de Pilar García del Pozo (Editorial Tabla Rasa).
© Mundinteractivos, S.A.

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