El drama de Irak parece haber superado todas las líneas rojas y la hipótesis de la retirada de las fuerzas de ocupación está, de nuevo, en el centro del debate político y periodístico internacional. Para obviar cualquier duda al respecto, el general sir Richard Dannat, jefe del Ejército británico, declaraba al vespertino londinense Daily Mail que es preciso que los 7.000 soldados que el Reino Unido tiene destacados en aquel país se retiren "pronto (...) para evitar consecuencias aún más graves que las sufridas hasta ahora tanto por los iraquíes como por la sociedad británica". Todos los diarios británicos del viernes abrían con esas declaraciones, que The Guardian tildaba de "bomba política", en tanto que desafiaban abiertamente la posición que, contra viento y marea, el primer ministro Tony Blair viene manteniendo al respecto. Richard Norton Taylor añadía en el citado diario que la "frustración" expresada por sir Norton "no hace sino amplificar lo que muchos jefes militares, particularmente del Ejército, piensan desde hace meses, si no años". Pero ningún diario dedicaba una sola línea al hecho de que un militar contradijera públicamente la política del Gobierno. Cada país es como es.
No menos llamativo era lo que, también el viernes, David Ignatius escribía en el Washington Post: "Al tiempo que la seguridad en Bagdad se ha deteriorado en el último mes, se han intensificado los rumores sobre la posibilidad de un 'gobierno de salvación nacional' --lo cual sería, de hecho, un golpe de Estado-- que dictaría la ley marcial en todo Irak.
Puede que tal golpe no sea una salida realista, pero ilustra la creciente desesperación de los iraquís a la vista de cómo el país se hunde cada vez más en la guerra civil. (...) La situación está tan deteriorada que hasta los jefes de las milicias radicales han expresado su preocupación por la anarquía que reina en el país. (...) Lo que se percibe tanto en Bagdad como en Washington es que Irak está cerca del punto de ruptura y hay que hacer algo. Pero ¿qué? El Gobierno de Bush parece haber puesto sus esperanzas en que el Gobierno central ceda poder a las regiones kurdas, chiís y sunís; los ingresos del petróleo se repartan equitativamente; el Ejército iraquí mantenga el orden en zonas descontroladas como Bagdad, y las fuerzas de EEUU puedan retirarse gradualmente. Pero el mayor problema de esa estrategia es que converti- ría el Triángulo suní en una zona sin ley en la que los terroristas podrían actuar libremente. Hay otras opciones para una retirada de EEUU".

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