La política de Corea del Norte puede ser racional en la búsqueda de obtener seguridad frente a la política hostil de Estados Unidos y de arrancar un diálogo bilateral con Washington
«El mensaje que sale de Irak es que si tu país no tiene armamento nuclear, te invaden; pero si lo tiene, no te invaden». Madeleine Albright, ex secretaria de Estado estadounidense, citada en el Financial Times.
«La seguridad del régimen norcoreano tiene mas importancia que la seguridad nacional», explicó Kim Sung Han, del Instituto de Asuntos Exteriores y Seguridad Nacional de Corea del Sur, según una cita de la agencia Reuters. «Al ser reconocido como potencia nuclear, el régimen norcoreano debe sentirse más seguro frente a lo que considera la política hostil de Estados Unidos». El profesor Dan Plesch, de la Universidad de Keele escribió, en el periódico británico The Guardian: «Lejos de una locura, la política de Corea del Norte resulta bastante racional. Ante un Gobierno estadounidense convencido de la necesidad de borrar el régimen comunista del mapa, los norcoreanos presionan para que se siga adelante en la creación de un elemento de disuasión».
Selig S. Harrison, antiguo jefe de corresponsales del Washington Post en el noreste de Asia y director del programa de Asia en el Centro para la Política Internacional, escribió lo siguiente: «Mis conversaciones con seis líderes norcoreanos importantes, en una visita reciente, indicaron que las pruebas abren nuevas oportunidades diplomáticas, y no deberían ser consideradas principalmente como un reto militar. Por paradójico que resulte, Pyongyang llevó a cabo la prueba nuclear como un último esfuerzo por conseguir arrancar un diálogo bilateral sobre la normalización de las relaciones que Estados Unidos ha rechazado hasta el momento».
La empresa Strategic Forecasting (Stratfor) descartó cualquier acción militar en contra de Corea del Norte, describiéndola de «devastadora» para Corea del Sur, y enfatizó que, «al final, permitir que el régimen de Corea del Norte sobreviva es algo que, desde hace medio siglo, viene resultando aceptable. El aspecto más importante es la transferencia de la tecnología nuclear de Corea del Norte a otros países y grupos».
En el estudio de cualquier acción deliberadamente provocadora, siempre hay que preguntarse: «¿por qué ahora?». El desafío de Corea del Norte a EEUU ha sido planeado para que coincida con el punto más bajo de la política nacional de un George W. Bush abocado a ser lo que los texanos llaman «un cowboy de mucho sombrero y pocas vacas», a menos de cuatro semanas de las elecciones para el Senado y el Congreso, en un momento en el que el presidente necesita a la desesperada algún tipo de éxito mensurable, que evite lo que las encuestas prevén como un descalabro histórico de su partido.
Después de tanta bravuconería y amenazas, sin una opción militar creíble, las negociaciones terminarán por producirse, y la bomba de Corea del Norte constituirá una importante baza de negociación. Y si China, el aliado más cercano de Corea del Norte, tiene la clave para una solución pacífica, querrá cobrar por ello. Lo más probable es que todo esto podría haberse resuelto hace años entre bastidores, sin tanta pose ni vueltas de tuerca. La lección que aprenderán los países que Estados Unidos desaprueba es sencilla: una bomba atómica es la única garantía de soberanía.
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