La Coctelera

Caffè Reggio

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14 Octubre 2006

Juan Barranco, a la palestra, de Ignacio Amestoy en El Mundo de Madrid

El intercambiador. Bono no pelea por la Alcaldía de Madrid. El manchego no ha subido al 'ring', aunque sólo se trataba de la presentación de los púgiles. Con la 'espantá' del ex ministro de Defensa, Alberto Ruiz-Gallardón gana un primer asalto, si no ha ganado el combate. Ante el descoloque socialista, sólo el ex alcalde de la ciudad Juan Barranco canta las cuarenta.

Alberto Ruiz-Gallardón, sin necesidad de dar ni un solo puñetazo, ha ganado su primer asalto al PSOE en pos de su renovación como alcalde de Madrid. Y es muy posible que haya ganado ya el combate entero. El «sí, pero no» de Bono, ha dejado grogui al Partido Socialista de Madrid, antigua FSM. Lo de Bono es «una humillación a los militantes de Madrid», ha dicho Juan Barranco. Y el ex alcalde ha dicho más, poniendo el dedo en la llaga: «Estamos rayando ya en la falta de respeto a los madrileños».

Nadie comprende la actitud del ex ministro de Defensa, al que un día antes de su espantá no le amargaba el dulce de ser presidente de la corporación capitalina. Si en dos ocasiones anteriores, había dicho que no a las tentaciones de ZP, ¿por qué ahora dio pábulo a la posibilidad de que esta vez sí le iban a llevar al huerto?

Dejando a un lado cuál fue la última tentación de ZP a Bono, lo cierto es que mal lo tienen los socialistas el 27 de mayo en Madrid tras este error de ZP y su equipo. Como Ruiz-Gallardón se ha encargado de subrayar desde el momento en que lo de Bono volvió a surgir en estos días, el problema del PSOE es el de poner sobre la mesa un proyecto para Madrid, no una estrella. Mucho menos, si es una estrella fugaz.

¿A qué jugó Bono?

Sin duda, la confrontación de Bono y Gallardón habría sido extraordinariamente positiva. Y así lo ha reconocido el propio alcalde. Está claro que Gallardón no se encuentra cómodo en su actual posición dentro del PP. El haber tenido enfrente a un peso pesado del socialismo, como es Bono, hubiera sido clarificador para sus propias posiciones, que querría fueran las de su partido. Y lo mismo se puede decir con respecto a Bono y el PSOE... La gran pregunta es: ¿A qué jugó Bono con su quiero y no puedo? Aunque la pregunta se podía concretar un poco más: ¿Quién disuadió a Bono de su querencia?

Los más de siete meses que quedan hasta el 27-M permitían un debate fuerte en los dos ámbitos políticos, de la mano de dos de sus líderes más cualificados. ¿Que el más beneficiado iba a ser Gallardón? Tal vez, pero estaría por ver. Lo que ya está visto es que, con la decisión de Bono, el más beneficiado ha sido Gallardón. Gallardón puede haber ganado el combate, pero no le vamos a ver pelear con un peso pesado de su talla. O sea, nos vamos a quedar sin saber cuál es el auténtico proyecto de don Alberto Ruiz-Gallardón Jiménez. Su proyecto, no para Madrid, que ese lo sufrimos cada día con estoicismo. ¡Su proyecto político de verdad!

Mirlos blancos no existen.

Difícil se lo han puesto al PSM. Juan Barranco, que supo ser un buen segundo con Tierno Galván en la Alcaldía de Madrid, y no fue un mal primero mientras estuvo de regidor, ha dicho la verdad del barquero al censurar a quienes, desde Ferraz y Moncloa, están llevando la operación Madrid. Si Gallardón dice que el PSOE no tiene proyecto para Madrid, Barranco subraya: «Existen militantes que tienen un proyecto político. No se trata de un candidato. Hay que tener equipo, y ganas, y eso ya se tiene». Y lo dicho por Barranco lo ha refrendado José Acosta.

En el PSM están hartos de los años que han pasado en el Ayuntamiento con Trinidad Jiménez. Bien es cierto que pensaban en que un mirlo blanco les podía haber catapultado hacia una victoria tanto en el Ayuntamiento como en la Comunidad el 27-M. Pero, por lo que se está viendo, los mirlos blancos no existen, como también ha dicho Barranco.

Oscar Iglesias, que en estos días ha estado muy cerca de Barranco, o viceversa, no dice esta boca es mía y sigue trabajando. Él, que ha sido sostén diario de Trinidad Jiménez, no quiere hacer olas. Conocedor al milímetro de su partido desde sus tiempos en las Juventudes Socialistas, sueña con conectar con los 80 de Tierno y Barranco. «En este Madrid en pleno desarrollo, nacido entonces, hay que conseguir unos niveles de libertad, justicia y convivencia que sean un auténtico modelo». El discreto Oscar Iglesias es de los socialistas utópicos. ¡Estos jóvenes!

Tándem Barranco-Iglesias.

Después de sus manifestaciones, el teléfono de Juan Barranco echa humo. No pocos de los militantes del PSOE, de Madrid y de fuera, le instan a iniciar una revolución dentro del PSM. El ex alcalde puede recordar en estos momentos aquella frase que un día le dijo Tierno: «Mire, Juan, cuando la práctica de la revolución es una quimera, seguir reflexionando sobre ello es una banalidad».

Pero lo que es cierto es que a Barranco se le respeta en Madrid y que cuando va por la calle muchos madrileños se le acercan a saludarle y eso... Juan Barranco, que con una treintena de años fue la mano derecha de Tierno, acaba de cumplir los 59, dos menos de los que tenía el viejo profesor cuando llegó a la Plaza de la Villa. Y una treintena de años tiene ahora el portavoz del PSOE en el ayuntamiento, Oscar Iglesias, que, por lo que parece, está destinado a ser el segundo de quien venga, aunque podría ser un buen primero en un etapa de transición.

Desde luego, no sería espectacular el tándem Barranco-Iglesias, ante el formado por Gallardón-Botella, pero tendría un certificado de credibilidad que cualquier otra operación, realizada desde Ferraz-Moncloa, no llegaría nunca a tener. Más, tras la espantá de Bono. Barranco podría ser un puente entre aquella FSM que no acaba de desaparecer y este PSM que no acaba aparecer. Falta que Barranco, primero, se decida, y, segundo, que obtenga la confianza de su muy respetado ZP. Y Simancas, tras el papelón con Bono, debería patrocinar este giro, auspiciando esa ventilación en algunas alcaldías.

Las cocinas de don Alberto.

Ruiz-Gallardón va sobrado. Ha ganado el primer asalto, y tal vez el combate, decíamos. Pero no deja buen sabor de boca eso de triunfar en una competición porque no se presente el adversario. Gallardón tiene ganas de pelea, para que en otros foros se aprecie su proyecto. Con Bono, su sintonía con Aguirre habría sido un capítulo obligado. Gallardón necesita perfilar su discurso en la confrontación y el debate, pero va por el monte solo. Es su defecto. Además, a veces, se blinda tanto que se aísla. Como en el Ayuntamiento.

Pero tiene seguidores. El lunes, en el de Círculo Bellas Artes, presentó la novela del cocinero después de fraile, Luis Lezama, La rosa de David. La sala Valle-Inclán se llenó hasta los topes. En primera fila, el embajador de Estados Unidos, Eduardo Aguirre, y el presidente del Senado, Javier Rojo. En las palabras de Gallardón, su verbo florido: «Este libro nos allana el camino entre nosotros y Dios. Algo muy necesario porque es imprescindible recuperar las esperanzas que algunos habíamos perdido en relación con el ser humano». Así es Gallardón. ¡Échenle un galgo!

© Mundinteractivos, S.A.

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