SEGURAMENTE José Luis Rodríguez Zapatero tiene un «cuaderno azul» igualito al que usaba José María Aznar. Incluso, podría ser, comprado en la misma papelería porque, en profundidad, los modos y los gestos de ambos gobernantes no son tan distintos como pretenden sus respectivos devotos. Ninguno, en su tiempo de poder, aceptó con los hechos los supuestos de la democracia interna que debe seguir el funcionamiento de un partido constitucional, y los dos resultan idénticos a la hora de usar el dedo designador. La única diferencia estriba en que a la izquierda, aunque sea tan light como la que hoy manda en el PSOE, siempre se le nota menos el abuso totalitario porque la libertad no es, como en la derecha, una esencia inseparable de su fundamento.

La página del cuaderno de Zapatero dedicada a Madrid estará, supongo, llena de tachaduras. Desde que el PSOE perdiera el Gobierno de la Comunidad porque un par de candidatos le salieron golfos, los socialistas madrileños no dan pie con bola. Confiar en Rafael Simancas -tan mínimo, tan vacío- para reconquistar la sede presidencial de la Puerta del Sol es tanto como confiar en el suicidio político -posible, eso sí- de Esperanza Aguirre. Arrancar a Trinidad Jiménez del Ayuntamiento capitalino sin tener clara su sustitución es tanto como elevar la altura del pedestal de Alberto Ruiz-Gallardón.

¿Será que Zapatero sabe escribir, pero no leer? Hace anotaciones en su cuaderno y después, a la hora de la verdad, no entiende su propia letra o ignora que poder, en puridad, se escribe con talento o, cuando menos, con discreción. Aguirre y Gallardón, incluso desavenidos y distantes, son los dos nombres más respetados e influyentes, con mayor arrastre electoral, de todo el PP, Mariano Rajoy incluido. No haberlo advertido ya evidencia que el cuaderno del líder socialista da por perdida la batalla electoral madrileña. De hecho, y cruzados los datos que suministran las encuestas oficiales y oficiosas que circulan por los mentideros políticos, sólo la candidatura de María Teresa Fernández de la Vega a la Comunidad garantiza, en lo que cabe, una victoria socialista en Madrid.

Ocurre también que en la ciudad de Madrid, como a todas las capitales de las Autonomías uniprovinciales, sobra Gobierno y falta Ayuntamiento o, si se quiere, sobra Ayuntamiento y falta Gobierno. Son muchos capitanes para tan pocos soldados y, en degeneración flagrante de lo que debieran ser supuestos representantes, el poder se mide por los millones del presupuesto y no por la proximidad y el interés de los ciudadanos. Cuando el capricho de Aznar «rebajó» a la condición de alcalde a quien era presidente de la Comunidad estableció un mal precedente que ahora debiera enmendar, o al menos no agravar con sus caprichos, Zapatero; pero, como suele suceder, la inercia empuja el mal para convertirlo en peor.